Cuando Robert y Edda Kofler, un matrimonio austríaco, empezaron a viajar con más frecuencia a Uruguay no estaban buscando montar un hotel ni crear una propuesta gastronómica. Mucho menos desarrollar un “concepto de hospitalidad”. Querían, simplemente, encontrar un lugar donde sentirse en casa.
Lo que comenzó como una casa privada para pasar temporadas en José Ignacio terminó convirtiéndose, con el tiempo, en uno de los proyectos boutique más singulares de la costa uruguaya. Robert había llegado primero a la Argentina por el polo y luego tramitó su residencia en Uruguay. Cuando empezaron a recorrer la zona buscando un lugar para ellos, sintieron que José Ignacio tenía algo distinto.
“Era el mejor lugar de toda la zona; muy tranquilo, muy especial, con muy buena energía. Para nosotros fue algo muy particular. Tenemos también una casa en Ibiza y sentimos que José Ignacio hoy tiene una energía similar a la Ibiza de los años 70 y 80”, recuerda Robert Kofler.

Empezaron a darle forma a Posada Ayana en 2020, justo antes de la pandemia, como un proyecto pensado desde la pasión más que desde una lógica comercial. Ubicado a una cuadra de la Playa Mansa, hoy cuenta con 14 habitaciones y dos villas, y funciona de noviembre a marzo. Desde su origen, fue concebido casi como una casa privada abierta a huéspedes, algo que todavía se percibe en su escala y en su atmósfera.
Con el tiempo se sumó Skyspace Ta Khut, una obra permanente del reconocido “maestro de la luz” norteamericano James Turrell: el primer Skyspace independiente de Sudamérica. Esto convirtió al proyecto en un punto de referencia internacional para viajeros interesados en arte, diseño y experiencias sensoriales.

Más recientemente, la apertura de Bliss, su nuevo restaurante, completa una propuesta que integra alojamiento, arte y gastronomía. Lejos de pensarse como una suma de amenities, Ayana funciona como un caso de estudio sobre una manera alternativa de entender el lujo contemporáneo: menos espectáculo, más silencio y experiencia.
—El Skyspace se volvió un ícono del lugar. ¿Cómo nace?
—El lote donde está hoy el Skyspace y el Sky Park era un remate legal. Quise comprarlo porque me avisaron que había gente interesada en construir 40 departamentos. Quería frenar eso porque para mí es muy importante proteger la naturaleza y el espíritu de José Ignacio. Uruguay tiene acá un diamante que necesita cuidar.

—¿De dónde viene tu vínculo con la obra de James Turrell?
—Nosotros veníamos visitando desde hacía años el Museo de James Turrell en Colomé, cerca de Salta. Desde 2010 sigo su obra. En 2019, esquiando en Austria, entré a un Skyspace suyo en Oberlech, a 2.200 metros. Cuando entré, supe que quería algo así. Pero contactarlo fue muy difícil. Después de seis meses logré llegar a su agente en Suiza. Y todo el proceso fue durante la pandemia: reuniones por Zoom, él en Arizona, su equipo técnico en New Jersey, mi arquitecto acá y yo entre continentes. Terminamos en casi un año y medio. Una semana antes de la inauguración, Turrell vino por primera vez y le gustó mucho el resultado.
—¿Qué impacto tuvo para Posada Ayana?
—Después de la construcción del Skyspace, casi el 70% de nuestros huéspedes vienen de América del Norte y Europa, y el resto de Brasil y Argentina. Quien vuela 12 o 14 horas no viene por un pueblo común: viene porque siente algo especial.

—Todo parece pensado como una experiencia integral.
—Cuando empezamos con la idea del hotel queríamos traer el espíritu de la Costa Azul de los años 50 y 60, Saint-Tropez, a la costa atlántica del sur. Mi esposa pasó mucho tiempo allí cuando era joven. Por eso coleccionamos muebles, lámparas, objetos y piezas vintage de esa época, todo encontrado en anticuarios. Cada habitación es distinta, con muebles únicos. Y nuestra colección de arte es principalmente de artistas uruguayos.
—Hablás mucho de sustentabilidad. ¿Qué reflexión tenés sobre el crecimiento inmobiliario en la zona?
—Para mí, la responsabilidad principal es del gobierno. El crecimiento es enorme, más de lo que este pueblo y su infraestructura pueden manejar. José Ignacio siempre fue un lugar de casas familiares. Los edificios multifamiliares no son el camino correcto. La idea debería ser exigir más terreno por casa. Acá, por ejemplo, tenemos casi una hectárea y sólo el 35% está ocupada por edificios. Eso también es sustentabilidad: dejar espacio, proteger naturaleza. Si se cortan los bosques y se llena de edificios, en diez años la gente que busca tranquilidad se va a ir.
—¿Qué creés que busca hoy quien viene a José Ignacio?
—Tranquilidad, desaceleración y naturaleza, todo junto. Lo más positivo es que la gente siente que puede relajarse, sin la presión de otros destinos. No hay beach clubs, no necesitás mostrar dinero, no necesitás un Porsche o un Ferrari. La gente viene simplemente a relajarse y disfrutar.
Bliss, el restaurante que completa el universo Ayana

La apertura de Bliss esta temporada marca la última etapa del desarrollo de Posada Ayana. Concebido por el mismo equipo detrás del hotel, el restaurante nace como un espacio donde la experiencia, el estilo y la sensibilidad artística se combinan para ofrecer una propuesta contemporánea y sensorial.
La cocina está a cargo de Max Hauf y Katrin Wondra, el dúo creativo detrás de MAKA Viena. La propuesta combina influencias japonesas con ingredientes orgánicos y de estación, fusionando sabores del mar y de la cocina uruguaya a fuego bajo un concepto de platitos para poner al centro y compartir. Imperdibles los mejillones y los camarones con salsa de maní.