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Sebastián Olivera
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De crear la Cámara Fintech de Uruguay a tender un puente entre Luxemburgo y América Latina: la idea de Sebastián Olivera

Mathías Buela

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Desde la Luxembourg School of Business, el uruguayo impulsa un laboratorio que busca conectar talento, regulación y capital entre Europa y mercados emergentes.

6 Abril de 2026 10.11

En 2016, cuando el término fintech todavía era incipiente en Uruguay, Sebastián Olivera recorría el ecosistema local intentando convencer a empresas, reguladores y actores tecnológicos de que algo grande estaba pasando en el mundo de los pagos y las finanzas digitales. De ese impulso nació la Cámara Fintech de Uruguay (hoy Cámara Uruguay Fintech). Casi una década después, su trayectoria lo llevó al corazón financiero de Europa, desde donde ahora busca dar un paso más ambicioso y construir un puente entre Luxemburgo y América Latina.

Hoy, Olivera se desempeña como Head of Executive Education en la Luxembourg School of Business. Desde allí lidera la creación del Emerging Markets Fintech Lab, un think tank que apunta a conectar educación, regulación y acceso a capital entre Europa y mercados emergentes, incluido Uruguay.

La iniciativa, aún en fase de desarrollo, tiene por objetivo aprovechar uno de los ecosistemas financieros más sofisticados del mundo para abrir oportunidades a startups, reguladores y talento latinoamericano.

De Uruguay al centro financiero europeo

Contador de formación y con más de 20 años de experiencia en el sistema financiero, Olivera comenzó su carrera vinculado al mundo corporativo y de pagos. Su exposición a bancos internacionales y su interés por lo que sucedía en Asia (donde el fintech comenzaba a explotar) lo llevaron a detectar que Uruguay estaba fuera de esa conversación global.

Esa intuición lo empujó a crear la Cámara Fintech de Uruguay y a impulsar, en 2017, el lanzamiento de la Alianza Fintech Iberoamericana, un movimiento que conectó al país con actores internacionales en una etapa muy temprana del sector.

Ese recorrido le abrió puertas en Europa. Primero en Estonia, de la mano de un contacto vinculado al equipo fundador de Skype, y luego en Madrid, donde trabajó durante años en empresas del mundo de pagos. Su siguiente paso fue Luxemburgo, uno de los hubs financieros más relevantes del mundo.

“Para alguien del mundo financiero, Luxemburgo es como jugar en la primera división”, resume en diálogo con Forbes Uruguay.

Luxemburgo: capital, regulación, escala y la falta de un puente

El país europeo es uno de los principales centros financieros de la eurozona y el segundo hub global de fondos de inversión. Pero su atractivo va más allá.

Luxemburgo tiene tres elementos que son clave, como el acceso a capital, regulación avanzada y una fuerte articulación público-privada. Parte de esa dinámica está liderada por instituciones como la Luxembourg House of Financial Technology, que actúa como nexo entre startups, inversores y reguladores para acelerar la innovación en servicios financieros.

A esto se suma un marco cada vez más atractivo para inversores. En diciembre de 2025, el país aprobó un nuevo crédito fiscal que permite deducir hasta el 20% de las inversiones en startups innovadoras, con un tope de €100.000 por año. La medida apunta a incentivar la participación de inversores individuales y dinamizar aún más el ecosistema.

“Acá los tickets de inversión son mucho más grandes y hay incentivos concretos para invertir. Eso cambia completamente el juego”, explica Olivera.

A pesar de su desarrollo, Olivera detectó una oportunidad en que Luxemburgo ya invierte millones de euros en mercados emergentes, pero lo hace principalmente a través de organismos multilaterales o agencias de cooperación como LuxDev.

Lo que falta (según su visión) es una capa intermedia que conecte de forma más directa ese capital y conocimiento con los ecosistemas locales.

“Hay inversión, hay conocimiento, hay regulación avanzada, pero no hay una propuesta académica ni un puente estructurado hacia América Latina o África”, sostiene.

La propuesta: un laboratorio para conectar dos mundos

De ese diagnóstico nace el Emerging Markets Fintech Lab. El proyecto se estructura sobre tres pilares: educación, regulación (research) e inclusión.

En primer lugar, el desarrollo de programas ejecutivos en áreas como fintech, compliance, management financiero y el impacto de la inteligencia artificial en la industria. La idea es llevar a América Latina contenidos que hoy aún no están disponibles en la región.

Después, en generar intercambio entre reguladores europeos y latinoamericanos, especialmente en temas como pagos digitales, activos virtuales e inteligencia artificial. El objetivo es transferir buenas prácticas adaptadas a la realidad regional.

Por último, canalizar iniciativas de inclusión financiera y facilitar el acceso de emprendedores latinoamericanos a redes, programas y financiamiento en Europa.

El laboratorio cuenta con el respaldo operativo de la Luxembourg School of Business, que aporta infraestructura, docentes y red de contactos. Además, Olivera ya logró el apoyo de un organismo multilateral con alcance regional, lo que le permite acceder a ecosistemas desde México hasta el Cono Sur.

En paralelo, comenzó a tejer alianzas institucionales con actores del ecosistema uruguayo. Entre ellos, la Cámara Uruguaya de Tecnologías de la Información (CUTI), con la que ya existe un acuerdo de colaboración. Según Olivera, el vínculo con la cámara (hoy presidida por Amilcar Perea) es estratégico para conectar empresas tecnológicas locales con oportunidades en Europa y posicionar a Uruguay dentro del proyecto desde su fase inicial.

El objetivo es lanzar formalmente la iniciativa en el tercer trimestre de 2026.

Uruguay en el radar

Más allá del alcance global del proyecto, Uruguay ocupa un lugar central en la estrategia de Olivera. “Quiero que los primeros logos sean uruguayos”, afirma.

La apuesta incluye posicionar al país como puerta de entrada a la región y facilitar que startups locales puedan acceder al ecosistema europeo, ya sea para levantar capital o establecer operaciones.

En ese sentido, Luxemburgo aparece como una posible plataforma de “soft landing” para empresas tecnológicas que buscan escalar en Europa, aprovechando tanto el acceso a mercados como los incentivos fiscales y la cercanía con centros financieros clave.

Aunque el foco inicial está en servicios financieros, el alcance del proyecto podría extenderse a otras áreas vinculadas a la economía del conocimiento. Luxemburgo también está desarrollando capacidades en inteligencia artificial, biotecnología y space tech, lo que abre nuevas oportunidades de conexión con mercados emergentes.

Para Olivera, el desafío es empezar en escala pequeña, validar el modelo y luego expandirlo. “Las posibilidades son ilimitadas, pero primero hay que demostrar que funciona”, señala.

Detrás de la iniciativa hay también una motivación personal. Olivera insiste en que el talento latinoamericano está subvalorado a nivel regional y que uno de los objetivos del laboratorio es ayudar a cambiar esa percepción.

“El talento de nuestra región es muy valorado afuera. Tenemos una capacidad de adaptación y ejecución muy fuerte. Lo que falta muchas veces es acceso”, cierra.

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