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Negocios

Diego Finkelstein: de Lollapalooza a Taylor Swift, Coldplay y Oasis, el N° 1 del showbiz que ya invirtió US$ 250M en Uruguay

Alex Milberg

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De Lollapalooza a Taylor Swift, Coldplay, Oasis o Paul McCartney, vende 2 millones de tickets en 250 shows anuales. Sus inversiones en Uruguay por más de U$S 250 millones: bodega, real estate, centro de exposiciones y una tech.

7 Enero de 2026 09.00

Por primera vez, Diego Finkelstein se abrió a una entrevista para compartir en profundidad su historia. Por razones que revelará al final de esta nota, prefería no hacerlo. Incluso llevó más de un año hasta que aceptó compartir su historia con Forbes Uruguay, país en el que lleva invertidos más de US$ 200 millones en real estate. 

La primera charla fue en un extenso almuerzo en su bodega boutique Oceánica en José Ignacio, a 12 minutos del faro y sobre 60 hectáreas donde produce 70 mil litros de distintas cepas y aceites de oliva premium. 

La segunda fue en la redacción, donde contó el descubrimiento de su gen emprendedor a los 7 años, la increíble historia con uno de los empresarios más ricos de Argentina que lo adoptó como mentor y casi suegro, su desembarco en el mundo de la música y cómo logró convertirse en el número uno del show business en Argentina al punto tal que Live Nation, la mayor productora de espectáculos del mundo, le compró en 2018 el 51% de su productora DF Entertainment que incluye la ticketera All Access y desde 2025 obtuvo la licitación para administrar y remodelar el Luna Park. Produce más de 250 shows anuales, incluido Lollapalooza, en los que vende 2 millones de tickets en conciertos con figuras como Taylor Swift, Oasis, Paul McCartney, Harry Styles, Dua Lipa, Coldplay o AC/DC. 

Por su cuenta, en DF Group, creó una empresa de tecnología (Crowder) junto a Mike Santos, cofundador del unicornio Technisys. Además, tiene en sociedad con Eduardo Elsztain las concesiones de La Rural, el Centro de Convenciones de Punta del Este y de la Ciudad de Buenos Aires, y el Arenas de Tortugas. Y hay más. 

Apasionado del real estate, tiene inversiones en Uruguay, Estados Unidos y Argentina por más de US$ 200 millones. Aquí, su historia y visión del presente y futuro de la industria del entretenimiento. 

“Diego, quedate tranquilo: vas a ser exitoso en lo que hagas porque tenés las habilidades para hacer las cosas de verdad”. 

Tampoco es que estuviera nervioso, pero recibir ese cumplido de uno de los empresarios más exitosos del país le dio aún más seguridad. Alfredo Coto lo había adoptado casi como un hijo más desde que salía con su hija Alejandra. A los 18 años vivía con ellos y se iba a trabajar con su “suegro” de 6:00 a 21:00. En poco tiempo, ocupaba un lugar en la mesa chica del conglomerado. 

Diego Finkelstein. Fotos: Alejandro Baccarat
Diego Finkelstein. Fotos: Alejandro Baccarat

“Alfredo fue mi mentor en los negocios, una persona brillante que quiero y admiro muchísimo: de una pequeña carnicería construyó un imperio”, resalta. Aunque prefiere no dar detalles económicos, personas que trabajaban en la empresa en ese entonces recuerdan que, por sus intervenciones con un rol protagónico en la expansión de Coto, Finkelstein logró reunir su primer millón de dólares antes de los 24 años. “No tengo registro de eso porque mi vínculo con los negocios tiene que ver con generar cosas especiales. Sí recuerdo que fue una escuela increíble porque en el supermercadismo tenés real estate, finanzas, marketing, de todo”. Cree además que gracias a esa experiencia pudo potenciar su propio gen emprendedor que recuerda “desde los 7 años, cuando jugaba a hacer negocios”. 

Hijo de Oscar, un empresario textil cariñoso y protector pero al que lo comercial “no le resultaba fácil”, y de Ana, constructora boutique, diseñadora y decora dora todo terreno, debutó como emprendedor a los 15 años con unas remeras de Tom & Jerry y Droopy. Pero luego de los dibujitos estampados y las góndolas de supermercado, supo que era momento de empezar un nuevo camino que nunca había imaginado. 

A mediados de los 90, Daniel Grinbank se había consolidado como el máximo referente a la hora de traer estrellas internacionales. “Vi una oportunidad de dedicarme a algo muy creativo y rentable. Me permitía conocer artistas interesantes, tenía escala y mucho margen para crecer”, recuerda. Su primera aventura fue producir con tres socios un show mítico con Luciano Pavarotti y Mercedes Sosa en la Bombonera: éxito cultural y fracaso comercial. “Fue una lección acelerada”, recuerda. 

Aquella primera experiencia se extendió durante 16 años como socio de la productora Fénix Entertainment hasta que en 2015 comenzó su nuevo camino con nueva empresa y marca propia con sus iniciales. Desde entonces, el crecimiento de DF fue arrollador. Uno de sus primeros hitos en la nueva etapa fue convencer a Perry Farrell, el músico que creó Lollapalooza en 1991. El festival, que empezó como una despedida de la banda de Farrell, se transformó en una plataforma global e itinerante en la que con siguió que Buenos Aires se convirtiera en uno de los pocos festivales con sede fija. A lo largo de 10 años tocaron más de 1.000 bandas, desde Eminem, Red Hot Chili Peppers, Foo Fighters, Metallica, Pearl Jam a Miley Cyrus, Olivia Rodrigo o Arctic Monkeys, entre muchos. 

“Queríamos cambiar la industria, traer grandes estrellas, que tocaran los mejores de Argentina y también los solistas y bandas emergentes, por eso es un show tan fascinante al que siento como un hijo”, dice. Y agrega: “Hoy, Lollapa looza es el evento cultural más grande, donde confluyen artistas consagrados y los que están arrancando. Buscamos siempre algo diferente: este año hicimos un show con 1.100 drones, que fue el más grande de América Latina, y puede afectar el PNL, pero nos ponemos la vara más alta y estamos orgullosos”. 

A la hora de pensar en sus reglas de oro, destaca atributos como visión, ambición, responsabilidad y esfuerzo. Y, ya directo con el negocio, “la planificación financiera es fundamental. Es un negocio en el que tenés que pagarles a los artistas por adelantado más allá del tipo de cambio o las restricciones. El artista es el socio mayoritario”. 

¿Cómo se estructura?

Cobran un caché fijo y garantizado, y luego un variable si el show es un éxito total y el monto supera el mínimo acordado. Lo más importante es la propuesta para convencer a agentes y managers. ¿Qué necesita Uruguay para poder captar más shows internacionales? Uruguay tiene el mismo desafío de escala que casi todos los países de la región pero tiene una vida cultural vibrante y artistas increíbles. Aunque no puede dar detalles, el grupo analiza distintos proyectos para contribuir a la modernización de distintos venues (estadios o arenas) en Montevideo con miras al Mundial 2030 que en simultáneo permitan ampliar la oferta ya existente. 

¿Incluso las grandes estrellas pueden tener miedo de no vender un show? 

Depende el caso, pero son muchas entradas y son muy cuidadosos a la hora de elegir. Ellos construyen a futuro. Dua Lipa, por ejemplo, abrió el show de Coldplay y produjimos un Vorterix para 1.500 personas. La vez siguiente ya fueron 110.000 personas en el Campo de Polo. Y en noviembre, dos River. Es muy vertiginoso el crecimiento. 

¿Qué consejo le darías a un joven productor de espectáculos? 

Primero, tiene que tener la pasión de querer lograrlo y tener toda la actitud para trabajar. El show tiene un deadline y todo tiene que estar listo. Hay que ser muy tolerante al estrés y permanecer centrado. No siempre es sencillo. 

Finkelstein recuerda al menos dos incidentes que lo llevaron al punto límite. Uno inolvidable: tras casi una hora de concierto, Justin Bieber desapareció del escenario en River y no volvió. Finkelstein corrió hasta los camarines. 

“Se estaban subiendo a la camioneta para irse porque no se sentía bien. Estaba sin manager. Le pedí a quienes lo rodeaban que volviera al escenario a avisar les a sus fans, que lo iban a entender pero no podía irse abruptamente. Él oyó, salió dolorido de la van y lo hizo”, recuerda. Otro más reciente fue en 2023, cuando debieron suspender el segundo recital de Taylor Swift por una tormenta. 

“La expectativa previa había batido récords: 4 millones de personas en la cola virtual para sacar entra das, carpas desde hacía 6 meses. Le dije a su manager: ‘Si no reprogramamos, mañana en lugar de 70.000 habrá 140.000 personas con o sin entrada’, porque el fanatismo y la ilusión era enorme”. 

El problema era que de Buenos Aires se iban a Brasil. Tras intensas negociaciones y cambios logísticos lograron anunciar otra fecha. Esa noche, Finkelstein le envió flores y una carta a la cantante. Al día siguiente, ella lo quiso conocer. “Estaba feliz de nuestra insistencia para recuperar ese show y sorprendida por la devoción de sus fans. Me lo dijo, se fue hacia el escenario, volvió sobre sus pasos, se detuvo y me dijo: ‘Ah, muchas gracias por las flores y la carta’, y se fue a cantar”, relata. “Fueron tres shows, pudieron ser 30”, agrega. 

¿Cómo es tu relación con los artistas? 

Depende: hay que ser cool. A muchos ni los llego a conocer y respeto mucho los espacios. La negociación es con los agentes, el vínculo más con los managers. A otros los sa ludo con admiración, como a Paul McCartney. Y con algunos, si ellos lo permiten, se genera una relación, como con Lenny Kravitz, que para en mi casa y comemos asados. Esos asados construyen vínculos y ayudan a las negociaciones… Bueno, el padre y manager de Dua Lipa era vegano pero uno de mis hermanos, Iván, es un gran asador y no se pudo resistir a tal punto que en su segundo viaje volvió por más. 

Más allá de la anécdota, ¿cómo aprendiste el arte de la negociación? 

Uno tiene un gen, es una virtud. Con los bienes, la negociación se termina con la compra: es tuyo y se terminó. Con artistas, son relaciones a través de un agente y hay que pensar a largo plazo. Ser muy paciente pero saber cuándo poner y ponerse límites. Más allá de lo innato, para entender esos tiempos ayuda la experiencia: hoy negocio mejor que hace 20 años. Otro de los hitos en su trayectoria fue la sociedad con Live Nation, la empresa número uno de espectáculos del mundo que le compró el 51% de la compañía en 2018 por una cifra no informada. 

“Ni bien lancé la empresa hicimos negocios juntos y me enorgullece que a los tres años nos eligieron como socios. Me reuní con el CEO global, Michael Rapino, y le dije que tenía dudas porque el negocio era 100% mío, con mi familia, mis hermanos, en un ámbito de mucha alegría y desafío, pero a su vez comodidad. Me dijo: ‘Diego, queremos potenciar ese negocio, que lo sigas manejando con nuestro respaldo financiero’”. 

Con ese impulso, la empresa creció y desarrolló la ticketera All Access, que tiene un software integrado de la empresa tecnológica Crowder, que también abastece a otras ticketeras de la región y cuyo dueño es… el propio Diego Finkelstein. 

“Cuando lanzamos Lolla, éramos cinco en una casa semiabandonada viendo cómo íbamos a vender miles de entradas en pocos meses. Llamé a mi amigo Mike Santos, cofundador del unicornio Technisys, y me dijo que ellos no podían desarrollar el software, pero me recomendó a unos chicos que habían armado una tesis en la universidad para vender 400 o 500 entradas. 

Hoy, Matías Dos Santos, Ronny De Jesús y Mike son mis socios en Crowder, una empresa con sede y equipo en Montevideo, presente en ocho países que procesa más de 20 millones de tickets, vende Rock in Rio y los conciertos más grandes de la región. Con ellos también creamos Quentro, el sistema con el cual uno ingresa a todos los shows”, relata. 

El real estate también representa otra unidad de negocios clave: asegurar venues para los conciertos. En 2025 obtuvo las licitaciones para administrar el Luna Park, que tendrá capacidad para 11.000 localidades. 

“El Luna es el venue más emblemático de Argentina, que cumple 100 años en el 2032. El proyecto aprobado respeta la fachada y la historia con un museo incluido. Hoy está obsoleto y descuidado. Vamos a invertir US$ 70 millones para que brille como merece”, anticipa. Pero la inversión en real estate y explotación comercial había comenzado años antes. Junto a Eduardo Elsztain, el dueño de IRSA, conforma una sociedad en la que administran espacios como La Rural, el Centro de Convenciones de la Ciudad de Buenos Aires y el de Punta del Este: “Este último es un negocio estable a tono con la calidad de la oferta sofisticada de Uruguay."

Diego Finkelstein. Fotos: Alejandro Baccarat
Diego Finkelstein. Fotos: Alejandro Baccarat

EL HOMBRE DETRÁS DEL SHOW 

INVERSIONES DE DIEGO FINKELSTEIN A TRAVÉS DE DF ENTERTAINMENT Y A TÍTULO PERSONAL 

+ Produce 250 shows anuales y vende 2 millones de entradas. + En 2018, Live Nation compró el 51% de DF Entertainment. 

+ Socio de Elsztain en La Rural, Centro de Convenciones de la Ciudad, Centro de Convenciones de Punta del Este, Live Arena. 

+ En 2025 ganó las licitaciones del Luna Park. + Tiene la ticketera All Access. 

+ Con el unicornio Mike Santos tiene Crowder, plataforma tech que procesa 20 millones de entradas en Latam. 

+ Es el individuo con mayor inversión de tierra en José Ignacio por valor de USD 200 millones.

Su interés en inversiones inmobiliarias no se acota al mundo del entretenimiento. “Siempre me fascinó descubrir valor en las location”, dice. Aunque invierte en algunos desarrollos en Argentina y en EE.UU., su foco principal estuvo en Uruguay. 

Habitué de José Ignacio, hace 15 años compró sus primeros 8.000 metros al mar frente a la Laguna por US$ 900.000. Más tarde, desarrolló el barrio El Secreto, de 40 lotes, entre los que vendió 14 a algunos de los empresarios más exitosos de la Argentina, como Miguel Galuccio (Vista), Nicolas Repetto, Gonzalo PIeres, Maria Cher o Pierpaolo Barbieri (Ualá). 

¿Cómo compraste esos lotes? 

Eran de Jorge Tchinnosian, un empresario argentino (exdueño de la fábrica de pañales Mimito) que necesitaba venderlos. Eran 37 lotes. A mí no me alcanzaba la plata para comprarlo y mis amigos me decían que era una locura. Le ofrecí comprar la mitad y que me dejara manejar el negocio: “Te voy a multiplicar la plata”. Dicho y hecho, vendí más caro, le terminé comprando a Jorge todo en varias transacciones y ahora somos amigos. La paciencia es fundamental en las negociaciones. 

¿Vas a vender los lotes? 

Tengo un problema y es que estoy enamorado de José Ignacio. El valor de esas tierras se multiplicó mucho más que el del Bitcoin en estos últimos tres años pero como se trata de amor, no vendo y no voy a vender. Fuentes del mercado inmobiliario en José Ignacio, aseguran que Finkelstein es uno de los empresarios a título personal (no en un pool o en un fondo) con mayor cantidad de tierras en la primera línea de playa y en la zona más cercana al corazón del pueblo. 

Él prefiere no hacer comentarios al respecto. Pero sí se entusiasma en contar sobre “las 60 hectáreas a 10 minutos de la playa” en sociedad con Natalia y Marcelo Conserva, sus socios en la bodega Oceánica José Ignacio, con “Mostrador Bodega”, un restaurante de Fernando Trocca (también socio de La Huella) incluido, y producción de vinos y aceites de oliva O33”. 

También explora desarrollar otro hotel boutique exclusivo en José Ignacio: “Es un lugar que lo hacemos con la lógica de disfrutar y no de maximizar ganancias”. 

¿Cómo ves la economía de Argentina y Uruguay en este momento? 

En Argentina vivimos momentos complejos: se inventó el “dólar Coldplay”. 

¿Cómo le explicamos a un artista que vendimos todas las entradas pero que no le podés girar un dólar? 

Eso ya se superó. Es importante buscar ser un país que sea previsible, integrado al mundo y al mismo tiempo que funcione todo, no solo algunos sectores. Es necesario no perder la empatía con quienes atraviesan situaciones dolorosas, en todo momento y más allá de los gobiernos. Uruguay ofrece una estabilidad ideal que genera tranquilidad a la hora de invertir 

¿Cuál es tu opinión sobre el liderazgo de Yamandú Orsi? 

Está iniciando su mandato. Lo que es admirable es la continuidad de políticas de Estado y la con vivencia democrática. Orsi puede estar junto a Lacalle Pou, Sanguinetti u otros presidentes en actos institucionales, conservando sus diferencias, pero privilegiando el interés nacional. 

¿Cómo evoluciona el vínculo entre los empresarios y la sociedad? 

Hay otras culturas en otros países donde el éxito es festejado y otros no tanto. Por eso, hace años que no hago entrevistas. Elegí hacerlo con Forbes por el prestigio de la marca y cómo cuentan historias de éxito y esfuerzo. Es muy positivo que las nuevas generaciones podamos compartir y tratar de inspirar a otros. 

¿Cómo imaginás el futuro de la industria en los próximos 10 años? 

La industria del entretenimiento no va a parar de crecer. Los jóvenes quieren el placer y el disfrute mucho más instantáneo. No está el ahorrar para comprarse una casa o un auto. No hay un reem plazo de la música en vivo. Puede haber distintas tecnologías, pero la emoción de estar en un esta dio con 70.000 personas saltando, escuchando a tu banda favorita y generando una energía entre todos es mágica, inigualable. La gente quiere vivir experiencias, quiere disfrutar hoy. 

¿Qué bandas tocarán en Buenos Aires en 2026? 

Después de 16 años, vuelve AC/DC, con tres River. Antes, en febrero, está Bad Bunny con tres shows. Anunciamos a Rosalía, que es increíble, y muchos más. Ya al final de la entrevista, Finkelstein piensa cómo se imagina dentro de una década o más. Entrecierra los ojos y se concentra en el pre sente. Y casi como en una oración, un mantra o un estribillo que parece tararear para sus adentros repite: “Soy muy agradecido, bende cido y agradecido por ser bendecido. Soy muy consciente. Estoy muy satisfecho”.

Imágenes; Alejandro Baccarat

*Este artículo fue publicado originalmente en la edición impresa de Forbes Uruguay de Diciembre de 2025. Para suscribirte y recibirla bimestralmente en tu casa, clic acá.

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