Forbes Uruguay
26 Enero de 2026 10.06

Irene Núñez

Resurrección de la Trump Tower en Punta: de obra maldita a rentas de US$ 40 mil la quincena

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Dos desarrolladores compraron la licencia Trump: uno quebró y el otro murió. La obra quedó en manos de los propietarios que por fin pudieron terminar el “elefante blanco”. A 13 años del inicio de obra, solo le falta el 5% de la trompa: penthouse y una cancha de tenis. Cómo los ayuda hoy Eric Trump.

En la tradición tailandesa los elefantes blancos eran símbolo de prestigio, pero mantenerlos implicaba gastos desmesurados que, más que un beneficio, significaban una carga. Así, como un elefante blanco, definió The New York Times a la Torre Trump de Punta del Este en 2019, momento en el que se cumplían ocho años de iniciada la obra y tres de retraso respecto a la fecha prevista de inauguración.

“Cuando yo miraba las finanzas efectivamente era un elefante blanco y creeme que comía como uno”, cuenta Jorge Garber, integrante del comité de la Torre Trump, a Forbes. Lo dice sentado en el sillón de un apartamento en el piso 22 de esa misma torre, que por fin terminaron. Junto con él se encuentran Rolando Rozenblum y Luis Wholfson, también integrantes del equipo que se encargó de “salvar la obra”. Pero ¿qué fue lo que pasó con aquel proyecto que prometía ser “el mejor edificio de Sudamérica”, según palabras del propio Eric Trump

La lista de factores que llevaron a que la obra pasara más de una década sin terminarse es larga, pero está asociada a una serie de “problemas financieros” por parte de los empresarios argentinos Felipe Yaryura Tobías -fallecido en 2018- y Moisés Yellati, titulares de YY Development Group de Buenos Aires. 

Trump Tower. Foto: Mateo Barreiro.
Trump Tower. Foto: Mateo Barreiro.

En el modelo definido por la desarrolladora, la construcción dependía en gran parte de los fondos obtenidos por la venta de los apartamentos. Por eso, en el lanzamiento se ofreció a los compradores un esquema de financiación: abonar la mitad del valor de la unidad antes de tomar posesión y el resto en un plazo de 20 años, con una tasa anual del 6%.

Según informó The New York Times, el terreno del proyecto se había usado como garantía para obtener al menos dos préstamos —uno de ellos por US$ 5 millones—, pero el segundo no fue comunicado a algunos de los primeros compradores. Al descubrir la fragilidad financiera de los desarrolladores, varios futuros propietarios decidieron cancelar sus contratos

Los números no daban. “Básicamente lo que sucedió fue que la torre tuvo una quiebra de confianza y corte de cadena de pagos”, explica Rozenblum, quien actualmente también es consejal del Municipio de Punta del Este. 

“Yo había comprado un apartamento en la torre y cuando volví de un viaje desde Los Ángeles, prendí el celular y no paraba de vibrar. Eran mensajes y mensajes porque la obra estaba parada. Había salido una noticia en un medio local y, como muchos me conocían, me llamaban a mí porque estaban preocupados. Fui a verla y efectivamente, no había ningún trabajador”, recuerda Rozenblum, dueño del apartamento donde tiene lugar la charla.

El triángulo 

Llegar al punto en el que el consorcio toma casi el control total del edificio requirió un esfuerzo de convicción, orden y paciencia, como los lados de un triángulo. “Para los ingenieros, es una figura sólida, indeformable”, dice Garber. Y eso fueron.

Luis Wholfson, Jorge Garber y Rolando Rozenblum. Foto: Mateo Barreiro.
Luis Wholfson, Jorge Garber y Rolando Rozenblum. Foto: Mateo Barreiro.

Primero se iniciaron reuniones informales entre quienes habían adquirido apartamentos y se creó un típico grupo de WhatsApp. “Un día me contaron que Moisés Yellati estaba almorzando en un hotel, fui y lo encaré. Le conté que teníamos el grupo con 30 o 40 vecinos, que queríamos empezar a discutir con él la salida de la torre y que tenía que hacer una cirugía a pecho abierto viendo todos los números para poder trabajar en conjunto con él. Fue muy traumático todo ese proceso”, cuenta Rozenblum.

— ¿Cuál fue la respuesta?

“Y la respuesta fue que quería apoyar, pero que se reservaba el derecho de muchas cosas, que tenía que evaluar, siempre las condicionantes de una persona en esa situación. Ratifiqué eso en una asamblea formal, con estructura, cuando ya teníamos algunos números que daban para poder hacer un trabajo de retomada de la torre”, explica. 

Ahí, el primer lado del triángulo: ganar la confianza de las personas, unirlas, poner bajo votación cada una de las decisiones que se tomaban, siempre con la intención de lograr el objetivo final: terminar la obra. El segundo lado del triángulo lo representa Wholfson, economista y encargado de realizar el fideicomiso que permitió que los propietarios pudieran llevar adelante la construcción

“Durante un año y medio estuvimos en negociaciones armando ese fideicomiso que nos permitía avanzar sin restricciones. Además, eso permitía que la plata ya no fuera más a la desarrolladora sino al propio fideicomiso, manejado por nosotros mismos, lo que garantizaba que iba a la obra”, detalla. 

El tercer lado del triángulo se concreta con Garber, quien es además presidente de la Cámara de la Construcción de Tucumán. Junto con su hija, que con 22 años dejó su país natal para ser los ojos de su padre en la construcción, se logró llevar adelante la obra con todos los materiales de primer nivel que implicaba. “Había que sostener el nivel de construcción, que es lo que yo tenía que hacer, tenía que apoyarme en una memoria y ejecutar, no podía cambiar una coma. Había que ir al premium, al tope de gama”, cuenta.

— ¿Cómo se sostiene una obra tan cara que, además, tiene problemas financieros?

“Nosotros teníamos dos etapas. Una era entregar la torre, los departamentos y con eso lográbamos tener un poco de aire. Después venía la segunda etapa que no iba a ser posible porque teníamos que vender muy baratos los apartamentos que quedaban. En ese momento, a partir de una asamblea que no pedimos nosotros -y eso fue lo más extraño de todo- se estableció una expensa extraordinaria de US$ 350 por metro. Con eso terminamos”, dice Wholfson.

En total, cuentan a Forbes, la inversión fue de US$ 120 millones. 

La torre 

Hoy Trump Tower cuenta con 162 unidades y un 95% ya está vendido a un costo de US$ 6.000 el metro. En la temporada 2026, 3 ambientes llegaron a alquilarse en US$ 40.000 la quincena.  “Hoy todos los prominentes compradores que adhirieron al proceso (de fideicomiso) salvo cuatro que no, están disfrutando de su unidad. Tampoco están terminados los penthouse, que son responsabilidad de la desarrolladora, el techo de una cancha de tenis y otra cancha que está en construcción”, detallan.

Trump Tower. Foto: Forbes.
Trump Tower. Foto: Forbes.

“Con los vecinos que están hay un excelente vínculo, todos nos conocemos y nosotros tres terminamos siendo amigos en alguna medida, si no fuera por la torre no hubiera pasado, somos como una familia”, aseguran.

La historia contada desde uno de los lujosos apartamentos con vista a la playa Brava suena como algo que ocurrió hace muchos años. Sin embargo, fue en 2022 cuando la torre se inauguró oficialmente, tras el trabajo realizado por el consorcio. En el evento, que se hizo con bombos y platillos, participó incluso el entonces presidente Luis Lacalle Pou, quien horas más tarde, durante su participación en el America Business Forum, calificó el hecho como “una historia de resiliencia”. 

El edificio tiene 55.000 metros cuadrados, de los que 12.000 son de amenities. Cuenta con 200 espacios de estacionamiento, dos piscinas infinitas con vista al mar, una interior semiolímpica, parrilleros, spa, sauna, kids room, espacio de descanso, área para jóvenes, gimnasio, happy hour, cancha de pádel, estacionamiento, consejería, servicio de playa y la lista sigue. 

“No hay otro edificio hoy en día con tantos amenities para esta cantidad de metros. Fendi, por ejemplo, tiene 3.500 metros de amenities y dos torres”, detalla Rozenblum. “La cantidad de metros cuadrados construidos en función de la cantidad de metros cuadrados de amenities, a Fendi le da 23 metros cuadrados y acá da 90”, agrega Garber.

La marca Trump

El vínculo de los Trump con la torre funciona como un licenciamiento de marca. Aunque hay un vínculo cercano, en este caso con Eric, tercer hijo del actual presidente de Estados Unidos, en realidad su participación es a través del permiso para usar la denominación comercial a cambio de un porcentaje.

“Ellos ceden el nombre y ahora él (por Eric Trump) nos está ayudando porque quiere que se termine el edificio, no con dinero, pero desde otros lugares. Por ejemplo, como él tiene vínculo con la desarrolladora y nosotros tuvimos algunos conflictos, yo le pedí que influyera y desde ahí cambió toda la comunicación”, cuenta el economista. 

De todas maneras, admiten que durante un período se consideró eliminar la marca del proyecto y hacer la torre bajo otro nombre. “Tener esa marca implicaba un valor, había una incidencia de costos importante en el fideicomiso que había que cumplir con Trump. Fue por eso que hicimos una asamblea específica para plantear la posibilidad de bajar la marca. Lo sometimos a votación de la gente y el 100% de los vecinos pidieron mantenerla. Estaban dispuestos a dar más plata incluso”, cuenta Rozenblum. 

—¿Cuál es la sensación al mirar el edificio convertido en realidad?

“La sensación hoy es de misión cumplida”, coinciden.

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