En un sector históricamente dominado por andamios, cuerdas y trabajos de riesgo alto, la aparición de los drones empieza a cambiar el panorama de la limpieza en altura. Esa transformación es la que en parte impulsa Eduardo Cabral, fundador de FlyClean, una empresa uruguaya que desde 2023 desarrolla servicios de limpieza en altura mediante tecnología aérea y que lleva una inversión cercana a los US$ 2 millones para acelerar su expansión en América Latina y Europa.
La propuesta surge de un concepto simple, pero poco explorado en la región: reemplazar buena parte del trabajo humano en altura por sistemas operados con drones. Sin embargo, Cabral insiste en que el diferencial no está solo en el dispositivo. “El dron es lo que menos hace. Es el que transporta la lanza de limpieza en altura. La verdadera magia está en el tipo de agua desmineralizada que usamos y en los productos biodegradables que desarrollamos para lograr una limpieza efectiva”, explica a Forbes Uruguay.
De los eventos a la limpieza en altura
La historia de FlyClean tiene un origen poco convencional. Cabral, analista en tecnología de la información y emprendedor con experiencia en el rubro de eventos, comenzó investigando espectáculos con drones. “Quería innovar en la producción de eventos, hacer algo distinto. En ese proceso me encontré con aplicaciones de drones para hidrolavado y ahí vi una oportunidad”, recuerda.
El punto de inflexión llegó en febrero de 2023 cuando, tras finalizar un evento, decidió viajar a China al día siguiente para conocer de primera mano la tecnología. Recorrió fábricas, analizó distintos modelos y entendió el potencial de aplicar estos sistemas en limpieza en altura.
A su regreso, el desafío era técnico pero también operativo y regulatorio. “Tuvimos que trabajar mucho con las autoridades para regularizar todo. No había seguros específicos ni procesos definidos. Fue un camino de construir desde cero”, explica.
En ese proceso, la empresa trabajó en conjunto con la Dirección Nacional de Aviación Civil e Infraestructura Aeronáutica (DINACIA), para establecer protocolos que permitieran operar y sentar bases para el desarrollo futuro del sector.
La limpieza en altura está considerada uno de los trabajos más riesgosos del mundo. “Cada vez hay más edificios vidriados y menos gente dispuesta a hacer ese tipo de tareas. Nosotros venimos a resolver ese problema con tecnología”, sostiene.
Un salto en la productividad
Más allá del componente tecnológico, el principal valor que FlyClean ofrece a sus clientes está en la eficiencia. “Un trabajo que antes demoraba tres días lo podemos hacer en cuatro horas. Hemos limpiado fachadas completas de 1.500 metros cuadrados en medio día”, afirma.
Ese salto en productividad reduce costos operativos y minimiza interrupciones para los clientes, un factor importante en edificios corporativos, aeropuertos o centros de salud.
Los resultados, asegura, son visibles de inmediato. “Nos pasó de edificios que iban a ser hidrolavados para luego pintarlos, y después de la limpieza decidieron no pintar. El cambio es muy grande”, cuenta.
La validación del modelo llegó rápidamente con clientes de peso. En Uruguay, FlyClean trabajó en el Aeropuerto de Punta del Este, el Centro de Convenciones, el Hospital Británico, la Torre Trump y el estadio Campeón del Siglo, entre otros.
A nivel internacional, la empresa ya ejecutó proyectos como la limpieza de una torre de más de 40 pisos en Panamá, lo que implicó operar a más de 120 metros de altura. “Eso nos dio confianza y credibilidad para seguir creciendo”, señala Cabral.
Expansión sin buscarla
Uno de los aspectos más llamativos del crecimiento de FlyClean es que, según su fundador, gran parte de la expansión internacional se dio de forma orgánica. “Sin golpear puertas, empezamos a recibir consultas de distintos países. Nos llamaron para licitaciones, incluso en lugares donde normalmente uno tiene que presentarse”, dice.
Hoy la empresa tiene presencia o proyectos en Panamá, Guatemala, Brasil, Paraguay e Italia, y continúa evaluando nuevas oportunidades en la región.
El modelo de expansión se basa en asociaciones con socios locales, con un modelo similar al de franquicias. FlyClean aporta el know-how, la tecnología y los procesos, mientras que el partner contribuye con conocimiento del mercado y operación local. “Buscamos empresas que ya estén en el rubro para acortar el camino que nosotros tuvimos que recorrer”, explica.
Uno de los aprendizajes clave del proceso de internacionalización es que no existe una solución única. Cada mercado presenta desafíos distintos en términos de suciedad y condiciones ambientales.
En Punta del Este, por ejemplo, el principal problema es el salitre. En Panamá, la suciedad es más densa, mientras que en Brasil predomina la acumulación de tierra. “Cada lugar te enseña algo distinto y te obliga a adaptar el servicio”, señala.
Inversión y estructura
El crecimiento de FlyClean implicó una inversión significativa. Solo en drones, la empresa destinó alrededor de US$ 175.000. Sumando vehículos, equipamiento y estructura operativa, la inversión en Uruguay ronda el medio millón de dólares.
Al incorporar los mercados internacionales, la cifra asciende a aproximadamente US$ 1,5 millones, con proyección de alcanzar los US$ 2 millones a medida que se consoliden nuevas operaciones.
Actualmente, la compañía cuenta con siete equipos operativos en Uruguay, cada uno compuesto por tres personas: piloto, operador y coordinador. Además, la empresa diversificó su operación hacia sectores industriales que incluyen trabajos en parques eólicos.
De cara al futuro, Cabral tiene claro que el próximo salto será tecnológico. La desarrolla herramientas propias para automatizar procesos y mejorar la gestión de operaciones.
Entre los objetivos se encuentra la creación de una API y un sistema integrado que permita monitorear en tiempo real las operaciones en distintos países, analizar el rendimiento de los equipos y optimizar tiempos. “Hoy tenemos los datos, pero de forma manual. Queremos centralizar todo y tener una trazabilidad completa de lo que pasa en cada mercado”, explica.
El desafío ahora es afirmar un modelo replicable a nivel global. Eso implica estandarizar procesos, garantizar la calidad del servicio y asegurar que todos los socios operen bajo los mismos criterios. “La idea es que, esté donde esté el cliente, reciba el mismo nivel de servicio”, cierra el emprendedor.


