Florencia Núñez aprendió temprano que la música podía ser tanto refugio como camino profesional. Nacida en Rocha, la cantautora hoy lleva 15 años de carrera con una obra que incluye títulos como Mesopotamia, Palabra clásica, Porque todas las quiero cantar y Fe, que la posicionaron como referente de una generación que combina raíz y modernidad.
A punto de cerrar una gira en el Auditorio Nacional del Sodre y con la mirada puesta en España, reflexiona sobre disciplina, vocación y ambición en un rubro que entiende como arte, pero sin olvidar que es una industria, y convencida de que la consistencia y la capacidad de probar y aprender son las claves para sostener un proyecto que busca crecer de forma permanente.
Sos la artista femenina con más Premios Graffiti en la historia. ¿Qué peso tiene ese récord?
Lo tomo como un hecho, más que como algo que me dé valor artístico. Pienso los premios como algo coyuntural. No invalidan mi trabajo, ni lo contenta que me tiene, pero muchas veces son las coyunturas las que te ponen marcando un hito. Sin quererlo, terminé ocupando ese lugar.
¿Cuáles son los pilares de tu ética de trabajo?
Suelo usar una imagen polémica: por un lado, una estrategia casi militar, muy clara y con mucha disciplina; por otro, una monja de clausura. En ese cruce de disciplina, misión y entrega está lo que me define. Entendí muy pronto cuál era mi vocación y, más tarde, cuál era mi misión. Cuando las dos están tan claras, es muy difícil soltarlas. ¿Podría dejar de hacer esto? Podría. ¿Viviría plena? No.
En una carrera artística no hay un camino lineal trazado. ¿Cómo se construye?
Primero, reconociendo de dónde vengo. Tuve educación, salud, acceso a la cultura y al deporte, una base perfecta para elegir qué hacer, algo que lamentablemente no tiene todo el mundo. Y después, con la gente con la que te vinculas. El capital social pesa muchísimo. Tengo 35 años y hace 15 que sostengo un proyecto que busca crecer de forma permanente.
Tenés una visión clara de que la música, más allá de tu vocación, es una industria. ¿Qué implica eso para un artista uruguayo?
Se mueve muchísimo dinero. Si quieres hacer carrera en una industria superdura, con mucha competencia y muchísima oferta, tienes que ser competitivo. Eso implica estar al máximo nivel posible en cada etapa. Más nivel es más producción, y más producción es más inversión. A mis colegas les digo que muchos firman contratos sin saber lo que firman. Ignorar que esto es una industria es ser un tonto. Todavía no estoy en una liga mayor, pero miro atrás y pienso: si hice todo esto sabiendo cero, ahora que tengo información hay que estar preparada para cuando se muevan las fichas.
Siempre tratás de subir un poco más la vara de tu proyecto. La ambición, a veces, parece una mala palabra.
Yo soy muy ambiciosa. Lo que hice está buenísimo, pero quiero lo que viene. Hay quien me mira con recelo, como diciendo que ya hice más que el 90% de mis colegas. Pero yo sé los riesgos que tomé y las inversiones que hice; no lo puedo medir con la misma vara que alguien desde afuera.

Después del cierre de la gira en el Auditorio, vas a instalarte parcialmente en España para expandir tu carrera en otro continente. ¿Cómo se toma esa decisión?
Dudé mucho, porque sentía que volvía a empezar de cero. Jorge Drexler, otros colegas y mi familia me hicieron ver que me voy con una carrera armada, discos editados, premios, ciertas credenciales. Desarrollar un territorio es toda una aventura; tienes que rodearte de socios estratégicos en cada lugar. Y no me voy por frustración, aquí me siento colmada, al punto de que necesito tomar impulso en otro sitio, aprender cómo trabaja otra gente. Me da curiosidad saber cómo serán las canciones de mi próximo disco, porque las voy a escribir allá.
Antes de irte, hiciste una gira nacional y en cada ciudad sumaste artistas emergentes locales y visitaste escuelas para conversar con los niños. ¿Por qué?
Otros artistas me cedieron su escenario y todavía lo hacen. Con las escuelas, "Lo canté" se metió en un lugar inesperado, la educación. Me sentía en deuda con la sociedad y pensaba que, cuando el proyecto lo permitiera, armaría una fundación. Recorriendo entendí que no todas las maneras de devolver son poniendo dinero; también están el tiempo y el compromiso. Me da mucho más de lo que doy.
Quince años después de lanzar tu primer disco, ¿qué ves hacia adelante?
Por lo menos, una década y media más. Mi deseo es tener algo para decir, algo para compartir y que no me dé igual lo que hago.
* Entrevista: Belén Fourment. Producción: Mariana Malek.