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Guillermo Varela, VP de Marvik
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El futuro llegó al fútbol uruguayo: William Marvik, el primer robot en convertirse socio de Peñarol

Mathías Buela

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La iniciativa, impulsada por el empresario Guillermo Varela, surgió tras descubrir un vacío legal en Uruguay para identificar robots y forma parte de un experimento más amplio que busca explorar el uso de estas tecnologías en educación, industria y otros ámbitos de la vida cotidiana.

14 Marzo de 2026 09.00

El futuro llegó al fútbol uruguayo y un robot humanoide se convirtió en socio de Peñarol. El protagonista es William, un robot importado recientemente por la empresa tecnológica Marvik, que fue registrado como socio de Club Atlético Peñarol incluso antes de ser activado.

Detrás de la iniciativa está Guillermo Varela, vicepresidente de la compañía y miembro del consejo directivo del club aurinegro. La decisión de asociar al robot surgió, en parte, de un problema inesperado: hoy en Uruguay (y el mundo) no existe una forma legal clara de identificar a un robot.

“Cuando trajimos el robot nos encontramos con un vacío enorme. No hay ninguna categoría para robots humanoides ni en aduanas ni en los sistemas administrativos”, explicó Varela a Forbes Uruguay. “Y para muchas cosas que queremos hacer (desde crear usuarios en plataformas hasta eventualmente inscribirlo en actividades educativas) se necesita algún tipo de identidad”.

Guillermo Varela, VP de Marvik, junto al robot William Marvik
Guillermo Varela, VP de Marvik, junto al robot William Marvik

El robot en cuestión es un modelo humanoide G1, considerado entre los más avanzados de su categoría. Su precio ronda los US$ 42.000 en China, país de origen, aunque el costo final es mayor una vez sumados los gastos de importación y logística hasta Uruguay.

La empresa decidió traerlo para experimentar y entrenarlo localmente. Marvik es una consultora especializada en inteligencia artificial que desarrolla soluciones basadas en visión computacional, agentes de IA, procesamiento de lenguaje natural y analítica predictiva. La firma trabaja con organizaciones internacionales y mantiene alianzas tecnológicas con compañías como NVIDIA, Google Cloud, Oracle, AWS y Microsoft.

La Constitución uruguaya impide otorgar cédulas de identidad a entidades que no sean personas físicas, lo que deja a los robots en una zona gris. “Si quiero que el robot tenga una cuenta en una plataforma o que participe en algún programa educativo, siempre te piden datos básicos como nombre, documento, fecha de nacimiento. Ahí nos dimos cuenta de que no existe ningún mecanismo pensado para robots”, cuenta Varela.

Ante esa situación decidió darle una primera “identidad” alternativa: hacerlo socio de Peñarol. “Fue casi automático”, dice entre risas. “Con mi hijo hice lo mismo: previo a nacer ya era socio del club. Así que el robot, antes de abrir la caja siquiera, ya era socio de Peñarol”.

William Marvik
William Marvik

Según afirma, se trata del primer caso conocido de un robot humanoide registrado como socio en un club de fútbol uruguayo.

La historia tiene además un detalle “nerd” en palabras del dirigente carbonero. Como el robot tampoco tiene documento de identidad, Varela debió inventar uno para algunos registros digitales. El número elegido corresponde a la velocidad de la luz en el vacío, un guiño para los aficionados a la ciencia.

Robots que empiezan a llegar al aula

La llegada del humanoide no es el único proyecto de robótica que impulsa la empresa. En paralelo, el equipo trabaja con robots educativos más pequeños que podrían comenzar a probarse en centros educativos en los próximos meses.

Se trata de dispositivos similares al modelo Richie Mini, con un precio que ronda los US$ 500 en Estados Unidos y que, una vez programados y adaptados para el entorno educativo, podrían comercializarse en Uruguay por menos de US$ 1.000.

Robot modelo Richie Mini
Robot modelo Richie Mini

La idea es que estos robots participen en clase como un alumno más, interactuando con estudiantes y docentes mientras un tutor humano supervisa la actividad. El objetivo es experimentar con nuevas formas de aprendizaje apoyadas en inteligencia artificial.

El proyecto todavía se encuentra en fase de desarrollo y diseño pedagógico. Según explica Varela, el equipo trabaja junto a psicólogos y especialistas en educación para definir protocolos de uso, además de realizar focus groups con padres para entender sus preocupaciones.

Uno de los principales temas que surgieron en esas conversaciones fue la privacidad. Muchos padres se mostraron preocupados por la posibilidad de que los robots filmen a los niños en el aula, por lo que el equipo incluso llegó a probar soluciones curiosas, como cubrir las cámaras del robot con lentes oscuros durante las demostraciones. La idea es lanzar un primer piloto educativo en los próximos meses.

Más allá de lo pintoresco del robot socio de Peñarol, la experiencia dejó algunas preguntas más profundas sobre el futuro cercano de la tecnología. Durante el traslado del humanoide, por ejemplo, surgieron dudas sobre si podía viajar encendido en un avión debido a las baterías. También aparecieron interrogantes sobre su uso en espacios públicos.

“Si un robot tiene cámaras ¿puede entrar a un baño en un aeropuerto? Son situaciones que hoy parecen anecdóticas, pero dentro de pocos años van a ser discusiones reales”, dice Varela.

Para el empresario, lo que ocurre hoy es el inicio de un cambio más amplio. Los robots humanoides comienzan a aparecer en entornos industriales y podrían ser especialmente útiles en tareas de riesgo o en trabajos repetitivos.

Entre las aplicaciones más prometedoras menciona sectores como la industria química, farmacéutica o frigorífica, además de operaciones de logística y manejo de stock en grandes superficies.

El interés que generó el robot incluso sorprendió a la propia empresa. Después de que Varela publicara la historia en LinkedIn, comenzó a recibir mensajes de personas interesadas en importar sus propios robots.

“Hubo gente que me escribió diciendo que en la próxima importación quería traer uno también”, cuenta. “En broma les dije que vamos a terminar armando un sindicato de robots”.

Por ahora, William ya tiene un lugar asegurado en filas aurinegras. “Todo esto recién empieza”, dice Varela. “Hoy parece una curiosidad, pero dentro de algunos años los robots van a estar en muchos ámbitos de la vida cotidiana”.

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