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Block recorta 4.000 empleos tras invertir en IA y mercado responde con una suba del 24%

Renana Ashkenazi

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El anuncio de Jack Dorsey disparó el entusiasmo inversor: en minutos, Wall Street sumó unos US$ 8.000 millones a la valuación tras el ajuste masivo, que la firma atribuyó a ganancias de productividad con herramientas propias de inteligencia artificial.

2 Marzo de 2026 11.12

Jack Dorsey anunció el jueves que Block —la empresa detrás de Square, Cash App y Afterpay— recortará más de 4.000 empleados, casi la mitad de su plantilla. La reacción en Wall Street no tardó en llegar: las acciones subieron casi un 24 % en las operaciones fuera de horario. En cuestión de minutos, el mercado sumó cerca de US$ 8.000 millones a la valuación de la compañía. Si hacés los cálculos, que en este caso dicen mucho más que cualquier discurso, eso equivale a US$ 2 millones por cada puesto eliminado.

Lo que Jack Dorsey realmente dijo

Dorsey presentó los recortes como un cambio estructural impulsado por la inteligencia artificial y no como una emergencia financiera. El negocio de Block crece, según afirmó en una carta a los accionistas: las ganancias brutas aumentaron, los clientes crecieron y la rentabilidad mejoró. Sin embargo, las "herramientas de inteligencia", junto con "equipos más pequeños y con menos personal", cambiaron de manera radical la forma de gestionar una empresa.

Ante ese escenario, planteó dos caminos posibles: recortar de manera gradual durante meses o años, o avanzar con una decisión inmediata. Eligió la segunda alternativa. "Los recortes repetidos son destructivos para la moral", escribió. Después dejó una advertencia que apuntó directo a los directores ejecutivos que leyeran el informe: "Dentro del próximo año, creo que la mayoría de las empresas llegarán a la misma conclusión", completó.

Esto no surgió de la nada. Block desarrolló su propio agente de IA de código abierto, Goose, desde principios de 2025. La herramienta se conecta a cualquier modelo de lenguaje grande y automatiza tareas que van desde la generación de código hasta el análisis de datos. Según la empresa, el 60 % de la plantilla la usa cada semana. El director de tecnología de la compañía le dijo a Sequoia Capital el año pasado que Goose les ahorra a los ingenieros entre ocho y diez horas semanales y que avanza hacia la eliminación del 25 % de las horas manuales en toda la empresa. Sí, el 25 %.

En otras palabras, el orden de los factores resulta clave: Block construyó la herramienta, midió las mejoras y después ajustó su estructura en función de esos resultados.

Block
Jack Dorsey anunció el jueves que Block recortará más de 4.000 empleados, casi la mitad de su personal. 

La máquina de incentivos

Esto es lo que convierte a este momento en algo mucho más que una anécdota: la reacción de Wall Street arma un potente ciclo de retroalimentación.

La escena parece sacada de un manual. Un director ejecutivo le dice al mercado: "Estamos recortando el 40 % de nuestro personal porque la IA lo hace posible", y las acciones trepan de inmediato un 25 %. En Silicon Valley —y también fuera de ese ecosistema— todas las juntas directivas miran ese gráfico con atención. El mensaje resulta claro: el mercado paga una prima a las empresas que transforman la capacidad de la inteligencia artificial en menos empleados.

Block ni siquiera fue la primera en avanzar en esa dirección. Klarna pasó de 7.000 empleados a cerca de 3.000 en unos cuatro años, en gran parte por la deserción laboral asociada al uso de inteligencia artificial. Por su parte, Salesforce eliminó 4.000 puestos de soporte después de que su director ejecutivo asegurara que la IA gestiona la mitad del trabajo de la compañía. El fenómeno no se detuvo ahí. Amazon, Microsoft, Chegg y Duolingo también ajustaron sus estructuras. Según la consultora Challenger, Gray & Christmas, solo en 2025 se registraron cerca de 55.000 recortes de empleos atribuidos de manera directa a la inteligencia artificial.

Sin embargo, ninguno de esos movimientos generó un salto del 25 % en las acciones el mismo día. Block sí lo consiguió, y la magnitud de esa recompensa difícilmente pase inadvertida en el mercado.

La pregunta incómoda

Existe un debate válido sobre cuánto de este proceso responde de verdad a la inteligencia artificial y cuánto encaja en lo que los escépticos llaman "lavado de cara con IA": adjudicarle a la tecnología recortes que, en realidad, tuvieron como motor la sobrecontratación durante la pandemia y la clásica presión por los costos.

En el caso de Block, la plantilla se más que duplicó entre 2019 y su pico, al pasar de menos de 4.000 empleados a más de 10.000. Al mismo tiempo, las acciones cayeron más del 75 % desde el máximo de 2021, cuando rozaron los US$ 282. Un profesor de Wharton School advirtió que resulta difícil imaginar un salto del 50 % en la eficiencia de toda la empresa a partir de herramientas tan recientes.

El propio Jack Dorsey reconoció el paralelismo con Elon Musk, y conviene recordar que el recorte del 50 % que Musk aplicó en Twitter en 2022 marcó un antes y un después sobre hasta dónde podía avanzar un CEO de un solo movimiento. Dorsey siguió ese experimento desde una cercanía particular, sobre todo por la historia que compartió con la red social.

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El mercado paga una prima a las empresas que transforman la capacidad de la inteligencia artificial en menos empleados.

La diferencia, ahora, pasa por la experiencia acumulada. Block desarrolló Goose, midió las mejoras en productividad, publicó la herramienta como código abierto y reorganizó su estructura en función de esos resultados antes de avanzar con los recortes. Podés estar de acuerdo o no con la decisión, pero el camino resultó más metódico que una simple apuesta a que "la IA lo resolverá".

Qué indica esto

El cambio de fondo no gira en torno a Block ni a Jack Dorsey. El punto pasa por lo que ocurre cuando los mercados de capitales empiezan a incorporar de forma explícita en los precios la eficiencia laboral asociada a la inteligencia artificial. En ese escenario, el "dividendo de la IA" deja de ser una promesa escondida en una presentación de resultados y se transforma en una partida concreta que los inversores exigen ver reflejada en los números.

Es probable que la predicción de Dorsey resulte acertada, aunque el plazo suene exigente. No todas las compañías avanzarán con recortes tan profundos y muchas que lo intenten comprobarán —como le ocurrió a Klarna— que la IA todavía no reemplaza el criterio, la empatía y el contexto que aportan las personas en tareas complejas. Sin embargo, la lógica de incentivos ya quedó a la vista: el mercado premia el ajuste, las juntas directivas toman nota y los directores ejecutivos mueven sus fichas en consecuencia.

Qué esperar a continuación

Para operadores e inversores, hay tres puntos que conviene seguir de cerca.

En primer lugar, vale preguntarse qué empresas desarrollaron herramientas internas de inteligencia artificial —como Goose en Block— y cuáles apelan a la "IA" como argumento para justificar una reestructuración que ya venía demorada. Esa diferencia pesa, y mucho, cuando se analiza la capacidad de ejecución en el largo plazo.

En segundo término, habrá que observar si las mejoras de productividad se sostienen durante los próximos dos o tres trimestres o si la compañía vuelve a incorporar personal de manera silenciosa, como ocurrió en parte con Klarna. Ahí se jugará buena parte de la credibilidad del ajuste.

En tercer lugar, aparece la brecha geopolítica. Jack Dorsey ejecutó esta reestructuración en un solo día. En la Unión Europea>, en cambio, las leyes laborales exigirían meses de consultas con los comités de empresa antes de avanzar con un despido. Si las compañías estadounidenses convierten los avances de la IA en recortes profundos de personal casi de inmediato, mientras sus competidores europeos todavía presentan papeles, la distancia de valuación entre las tecnológicas de Estados Unidos y el resto del mundo no se achicará. Se transformará en un abismo.

Esa puede ser la consecuencia menos advertida del giro hacia la inteligencia artificial: no qué empresas adopten la IA con mayor velocidad, sino qué marcos legales les permiten actuar en función de esa ventaja.

El precio ya quedó a la vista. La pregunta no pasa solo por quién dará el próximo paso, sino por quién tendrá margen para hacerlo.

*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com

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