No hay cheque ni transferencia al final del camino. El Premio Nacional de Eficiencia Energética no tiene premio monetario, nunca lo tuvo y eso, lejos de ser una limitación, dice bastante sobre lo que representa. Desde 2009, el Ministerio de Industria, Energía y Minería (MIEM) entrega una estatuilla y visibilidad a empresas, instituciones educativas y organizaciones que decidieron hacer de la eficiencia energética algo más que un proyecto puntual. Una forma de trabajar.
La convocatoria 2026 ya está abierta. Las postulaciones tienen fechas de cierre escalonadas entre julio y agosto, según cada categoría. La ceremonia de premiación está prevista para comienzos de diciembre.
Una de las particularidades del premio que suele pasarse por alto es quién lo otorga. “El valor que tiene es que, más allá de ser liderado por el MIEM, la evaluación está a cargo de un comité interinstitucional de 14 instituciones públicas y privadas”, señaló a Forbes Uruguay Adriana Torchelo, asesora en eficiencia energética de la Dirección Nacional de Energía de la cartera.
Ese comité se conforma con representantes de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP), la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII), la Asociación Nacional de Micro y Pequeñas Empresas, la Asociación de Ingenieros del Uruguay, la Cámara de Comercio y Servicios del Uruguay, la Cámara de Industrias del Uruguay, el Ministerio de Ambiente, el Ministerio de Industria, Energía y Minería, el Ministerio de Turismo, el Ministerio de Vivienda y Ordenamiento Territorial, la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, la Sociedad de Arquitectos del Uruguay, la Universidad de la República y Túnicas en Red (UTE).
Esa pluralidad garantiza que la evaluación sea técnica, rigurosa y con múltiples miradas sectoriales.
No es el proyecto, es el camino
Uno de los conceptos que el MIEM repite año tras año, pero que siempre es bueno recordar, es que no se premia una inversión ni un recambio tecnológico aislado. Lo que se valora es el proceso.
“El espíritu no es evaluar proyectos puntuales, sino el camino que vienen recorriendo las empresas e instituciones desde hace años en implementar eficiencia energética”, explicó Torchelo.
Eso implica mirar cómo se gestiona la energía, cómo se difunde hacia adentro y hacia afuera de la organización, cómo se capacita al personal y, también, cómo permea en proveedores, clientes y la comunidad que rodea a cada postulante.
Los aspectos cuantitativos como ahorro energético, impacto económico y reducción de emisiones importan; pero no son lo único. “¿Cómo permeó en la organización? ¿Y en los proveedores? ¿Cómo en mis clientes, en la comunidad que me rodea?”, sintetizó la asesora.
No es solo para grandes
Otro malentendido frecuente es que muchas organizaciones asumen que el premio está pensado para grandes corporaciones o empresas con capacidad de inversión a escala industrial. No es así.
Tanto en Industria como en Comercial y Servicios hay subcategorías específicas para micro, pequeñas y medianas empresas, así como para grandes organizaciones. Cada una se evalúa de forma independiente, reconociendo las diferencias en recursos y posibilidades.
“Incentivamos a las micro y pequeñas empresas”, subrayó Torchelo. “Cada categoría se evalúa de manera independiente, conociendo las realidades y diferencias que tienen según su tamaño y los esfuerzos que pueden realizar”, agregó.
El premio tiene también una dimensión territorial que el MIEM quiere reforzar. Si bien históricamente llegan más postulaciones de Montevideo, la convocatoria está abierta a todo el país y la apuesta explícita es descentralizar: reconocer el trabajo que se hace en el interior, donde muchas veces los esfuerzos son más silenciosos pero no menos relevantes.
La novedad de 2026: Servicios Energéticos
Esta edición incorpora una categoría que es, en realidad, la evolución de algo que ya existía. La antigua categoría de Empresas de Servicios Energéticos (ESCO) se amplió y se renombró como Servicios Energéticos, con un alcance bastante más amplio.
Ahora pueden postularse tanto las ESCO tradicionales como empresas de ingeniería, consultoras, proveedores de productos eficientes e instituciones financieras que desarrollen soluciones técnicas o financieras innovadoras para la eficiencia energética. Eso incluye, por ejemplo, bancos que ofrecen financiamiento para proyectos verdes, o mecanismos de facilidades que algunos proveedores de energía están implementando para la adquisición de equipamiento eficiente.
“Queremos realzar y mostrar ese tipo de financiamientos y facilidades más innovadoras que se están dando en el mercado”, explicó Torchelo. Es una señal de que el ecosistema de la eficiencia energética en Uruguay maduró. Se trata de quién implementa, pero también de quién financia y hace posible que otros lo hagan.
Diecisiete años de espiral
Desde su primera edición, el premio acumula más de 300 postulaciones y más de 200 reconocimientos. Muchos postulantes vuelven a presentarse dos, tres o cinco años después, no porque no hayan ganado antes, sino porque siguieron trabajando y tienen más para mostrar.
“Esto no se termina con un proyecto puntual que implementaste”, dijo Torchelo. “Es un eslabón que te motiva a seguir trabajando”, explicó. Varios ganadores de ediciones anteriores cuentan que el proceso de postulación en sí les sirvió para ordenar, resumir y visibilizar en diez hojas todo lo que hacían, y para identificar qué les faltaba.
Hay algo más que el premio genera y que Torchelo describe como uno de sus efectos más valiosos. Se trata del encuentro entre actores que normalmente no se cruzan. Una industria comparte espacio con una escuela rural. Un ejecutivo ve a un grupo de alumnos presentar su proyecto de brigada energética. “Eso es un sensibilizador, un catalizador y un motivador”, resumió.
La convocatoria 2026 está disponible en el sitio del MIEM. Las postulaciones cierran a partir de julio, categoría por categoría, hasta agosto.