Anthropic anunció que Claude identificó un sistema biológico hasta ahora no caracterizado en el ADN de los bacteriófagos, los virus que infectan bacterias. El hallazgo surgió después de que su inteligencia artificial analizara una enorme cantidad de información genética y llamó la atención por presentar algunas similitudes con CRISPR, una tecnología utilizada para realizar modificaciones precisas en el ADN.
El descubrimiento forma parte de uno de los primeros proyectos del nuevo laboratorio de ciencias de la vida de la compañía, ubicado en el Área de la Bahía de San Francisco. El objetivo del equipo es probar si la IA puede participar en investigaciones biológicas, desde las primeras búsquedas hasta la formulación de hipótesis, que luego deben comprobarse mediante experimentos realizados por científicos.
"El trabajo fue realizado en su mayor parte, aunque no por completo, por Claude", afirmó Dario Amodei, CEO de Anthropic, al presentar los resultados en X. El ejecutivo explicó que los investigadores definieron un área amplia de trabajo y que la IA revisó estudios previos, analizó datos genómicos y detectó algo que consideró interesante. Después, propuso experimentos para verificarlo y el equipo humano se encargó de realizarlos.
Cómo Claude encontró el nuevo sistema
La investigación comenzó con un tipo de enzimas llamadas transcriptasas inversas, que tienen la capacidad de convertir información del ARN en ADN. Anthropic le pidió a su modelo que buscara ejemplos poco conocidos dentro de una gigantesca base de secuencias genéticas para detectar posibles sistemas que todavía no hubieran sido estudiados en profundidad.
La búsqueda duró 21 horas y participaron unos 950 agentes de Claude. En conjunto utilizaron 210 millones de tokens y reunieron más de 200.000 transcriptasas inversas para analizarlas.
A partir de ese universo, seleccionó unos 3.500 posibles sistemas nuevos y, finalmente, redujo la lista a 20 candidatos para estudiar con mayor profundidad. Anthropic sostiene que un análisis de esta magnitud podría demandar semanas o meses a un investigador especializado, mientras que los agentes pudieron recorrer la información y descartar opciones de forma simultánea.
Entre los candidatos analizados, una secuencia llamó especialmente la atención del modelo. "Puedo ver a simple vista una matriz de repeticiones en tándem... ¿es una matriz de repeticiones tipo CRISPR?", escribió uno de los agentes. CRISPR es un mecanismo natural que los científicos transformaron en una herramienta para localizar y modificar partes específicas del ADN.
A partir de esa similitud, Claude analizó cómo se repetían esas secuencias de ADN, qué distancia había entre ellas y si aparecían patrones similares en otros sistemas conocidos. También revisó estudios científicos para comprobar si alguien ya había descrito esa combinación. A partir de ese análisis, concluyó que podía tratarse de un sistema biológico que todavía no había sido caracterizado en su conjunto y redactó un informe para que los investigadores lo revisaran.
Anthropic las denominó transcriptasas inversas asociadas a arreglos repetitivos (ART, por sus siglas en inglés). Se observan principalmente en bacteriófagos y combinan una enzima capaz de convertir información del ARN en ADN, un gen cercano y una serie de fragmentos de ADN que se repiten según un mismo patrón.

La enzima principal no era del todo desconocida. Ya había sido identificada en investigaciones anteriores. La novedad fue que Claude relacionó esa enzima con las secuencias repetidas que tenía a su alrededor y con otra proteína cuya función todavía no se conoce. El hallazgo, por lo tanto, consistió en reconocer que esas piezas podían formar parte de un mismo sistema biológico.
Los primeros experimentos aportaron otra señal de que el hallazgo merece seguir estudiándose. Los científicos observaron que ART produce pequeñas secuencias de ARN, una característica que también se observa en otros sistemas capaces de actuar sobre el ADN. De todos modos, todavía no saben cuál es su función ni qué papel desempeña dentro de los bacteriófagos.
El trabajo también fue revisado por Feng Zhang, uno de los pioneros de la edición genética con CRISPR y profesor del MIT y del Broad Institute. El científico consideró que la identificación realizada por Claude es "realmente intrigante" y sostuvo que merece una investigación más profunda.
Qué podría significar el descubrimiento

El próximo paso será comprobar si ART tiene alguna capacidad útil para modificar el material genético. Anthropic todavía no demostró que pueda cortar, copiar o insertar ADN, aunque algunas de sus características aparecen en otros sistemas que sí pueden hacerlo. Por eso, todavía se necesitan más experimentos antes de saber si el hallazgo podrá convertirse en una herramienta para la edición genética.
Amodei comparó este momento de la biología con lo que, según él, ocurrió en matemáticas en los últimos años. Explicó que en 2023 los modelos todavía tenían dificultades con ejercicios del nivel de un estudiante de secundaria, mientras que en 2024 empezaron a destacarse en competencias avanzadas y, entre 2025 y 2026, comenzaron a resolver problemas matemáticos sin respuesta. "Creemos que la IA en biología está en una tendencia exponencial similar", afirmó.
A diferencia de las matemáticas, en biología no alcanza con llegar a una respuesta teórica. Cualquier hallazgo tiene que pasar por el laboratorio y comprobarse mediante experimentos. Para Amodei, ahí está la clave de esta etapa. Usar la IA para acelerar la búsqueda de posibles descubrimientos y dejar la validación en manos de los científicos.

El ejecutivo incluso planteó que, en el futuro, Claude podría controlar de forma autónoma algunos equipos de laboratorio con las medidas de seguridad necesarias. Anthropic aclaró que eso todavía no ocurre y que sus instalaciones trabajan con niveles de bioseguridad BSL-1 y BSL-2, utilizados para investigaciones de riesgo bajo o moderado y sin materiales peligrosos para las personas.
Esa visión forma parte de una apuesta mucho más ambiciosa de Amodei. En "Machines of Loving Grace" escribió sobre la posibilidad de que la IA contribuya a "curar la mayoría de las enfermedades en 5-10 años" si logra acelerar las distintas etapas de la investigación biomédica. El descubrimiento de ART todavía está muy lejos de demostrar algo semejante, pero para el CEO de Anthropic es un primer ejemplo de cómo estos modelos podrían participar en la búsqueda de nuevos conocimientos biológicos.