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Moria, la serie.
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Moria, la serie.
Foto: Difusión.

Qué ver: Moria, un ego convertido en diva convertida en arte

Matías Castro

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La miniserie del argentino Javier van der Coute sobresale en el universo de las biopics por la libertad y la honestidad con las que retrata la vida de la gran vedette argentina. Son ocho episodios breves que, además de recrear partes de una vida, le agregan un vuelo artístico y un ritmo que casi ninguna otra serie de este tipo ha logrado.

21 Agosto de 2026 09.00

Unos días atrás, se hizo público que el actor Jeremy Strong le escribió una carta a Mark Zuckerberg anunciándole que lo interpretaría “con respeto” en la película The social reckoning, secuela de La red social. “Sé que es alguien demonizado, pero no quiero condenarlo”, dijo en una entrevista acerca del fundador de Meta. Estas declaraciones pusieron sobre el tapete el gran problema que tienen los innumerables biopics del cine y del streaming, el control o las tensiones con sus protagonistas reales. 

La serie Moria, sobre la diva argentina, enfrentaba ese problema y propone una solución única en medio de tanta biografía lavada. Se trata de contar la historia desde el propio ego de la protagonista. Lo sobresaliente es el cómo hace ese relato.

Enteramente escrita y dirigida por el argentino Javier van de Couter, Moria es una celebración de los ochenta años de vida de una mujer que convirtió el egocentrismo en su seña de identidad y que, a la vez, no tiene pudor en contar muchísimos aspectos que otras estrellas querrían ocultar. Y al mismo tiempo es toda una experiencia estética, porque todo es una gran explosión visual de arte kitsch y cultura pop. 

Moria, la serie.
Moria, la serie.

La Moria Casán real aparece desde el inicio y reaparece en cada capítulo, como una suerte de observadora del escenario donde se desarrolla su historia (representado por una maqueta de la calle Corrientes y otros lugares asociados con su vida). Ella es la narradora y la propuesta que hace en sus primeras frases es que lo que se verá es un viaje por su mente. De ahí en más, el pacto con los espectadores queda armado sin disimulos.

Michael Jackson, Bob Dylan, Lady Di, Elton John, Freddie Mercury, Bob Marley o Bruce Springsteen son algunos de los artistas que han tenido biopics en estos años. En todos hay alguna pequeña confesión sobre fallos o carencias de ellos, pero nada relevante ni polémico. 

De antemano se sabe que se verá una película bastante lavada en la que lo más interesante puede ser la recreación de la música o del personaje real. Moria parece no tener ese miedo de revelar cuestiones polémicas y pone en pantalla todo lo que no se suele ver.

De este modo, se la muestra prostituyéndose y también drogándose. Se la muestra explotando su sexualidad y ostentando su cuerpo como una de las principales manifestaciones de su ego. Se la ve con parejas, amantes y también en fiestas orgiásticas. Hay mucho sexo y conversaciones frontales sobre el tema. 

El vocabulario que se usa no tiene disimulos ni filtros familiares. También se habla de la violación que sufrió por parte de su abuelo cuando niña o del episodio de la cárcel en Paraguay. Se ve cómo se crio Sofía Gala en el mundo de Moria, entre amantes, una madre famosa y un ambiente sobrecargado de lujos de mal gusto. 

Pero como se trata de celebrarla, tal como se ve en el primer minuto, hay una gran cantidad de episodios que, de manera visualmente exagerada, muestran su impacto. Fiestas gays clandestinas y la cárcel en Paraguay son representaciones casi artísticas de su impacto entre muchas comunidades, de la empatía que logra a pesar de, o gracias a, su ego y su divismo.

Todo el relato tiene detrás una actitud muy propia de ella, que se podría resumir en su célebre expresión, “What pass?”. Es decir, se acepta que hay momentos malos y muy duros, pero se los sobrevive y se continúa caminando con la frente en alto. 

Moria, la serie.
Moria, la serie.

Es cierto que uno no sabrá por esta serie cómo fueron realmente los conflictos con su hija, de qué modo compitió con otras vedettes para llegar al estatus que logró (aunque se hace foco en su sororidad con Susana Giménez cuando actuaban con Porcel y Olmedo), o de qué manera trataba a puertas cerradas con los empresarios teatrales que producían sus espectáculo. 

Como nada de eso se logrará, el director y guionista se propone hacer una fiesta visual con mucho ritmo. Es una serie en las que se sienten las huellas visuales del artista y filántropo argentino Federico Klemm y por momentos también de los directores estadounidenses John Waters y Harmony Korine. 

Como en otros biopics, uno de los principales ganchos es quién interpreta a la figura real. En este caso se opta porque buena parte de la historia sea representada por su hija, Sofía Gala. Luego Griselda Siciliani, Cecilia Roth

En todas, como corresponde, lo que más importa es la caracterización y cómo representan su actitud y su forma de hablar, no importa si una se parece más que otra a la verdadera Moria. Hay una forma de hablar, de lanzar sus célebres frases y expresiones, de pararse y de gesticular que es propia de la diva y que es lo que las actrices mejor representan. La misma Moria hará su aparición para un cierre muy personal. Hay algo de cerrar un círculo y, tal vez, de sanar heridas entre madre e hija con este trabajo

En comparación, la serie sobre Fito Páez luce insípida. Incluso la vertiginosa y graciosa serie sobre Coppola queda muy atrás. Javier van de Couter junto a la misma Moria y su impronta lograron una obra que no necesita una secuela y que logra una hazaña en este género de los biopics: tener impronta autoral y vuelo artístico en un producto celebratorio y promocional. 

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