Si Nelson Peltz tuviera un perfil en LinkedIn, no arrancaría con frases inspiracionales ni cargos decorativos. Sería el retrato de una carrera construida sobre el control, el uso estratégico de la deuda y una intuición temprana para identificar dónde se concentra el poder económico real. Con una fortuna estimada por Forbes en torno a los US$ 1.600–1.800 millones, Peltz es uno de los grandes nombres del capitalismo activista en Estados Unidos: un inversor que no se limita a comprar acciones, sino que entra en las compañías para transformarlas desde adentro.
Fundador de Trian Fund Management, la firma que hoy administra unos US$ 8.500 millones en activos, Peltz pasó décadas moviéndose entre los consejos de administración, las grandes marcas de consumo y las operaciones financieras más agresivas del mercado. Su historia no pertenece a Silicon Valley ni al universo del emprendedor tecnológico, sino al viejo capitalismo industrial convertido en influencia financiera global.
Los primeros pasos: dejar Wharton para aprender desde abajo
Nacido en Brooklyn en 1942, Nelson Peltz creció en una familia vinculada al negocio de distribución de alimentos. Aunque empezó sus estudios en Wharton, abandonó la universidad en 1963. Esa decisión forma parte del relato fundacional de su personaje. Durante un corto tiempo quiso ser instructor de esquí en Oregón, pero volvió al negocio familiar, A. Peltz & Sons, donde trabajó como chofer de camión de reparto por US$ 100 semanales.
Ese contacto directo con la logística, los márgenes y la realidad operativa terminó por moldear su manera de entender los negocios. A comienzos de los años setenta, su padre le cedió el control de la empresa a él y a su hermano. Desde entonces empezó una escalada poco común: compró compañías de alimentación y distribución de manera constante, aumentó los ingresos a gran velocidad y mostró desde temprano una vocación clara por crecer a través de adquisiciones.

El salto decisivo: deuda, junk bonds y la gran jugada de los 80
El verdadero punto de inflexión llegó en los años ochenta, cuando Peltz y su socio Peter May aparecieron en el radar de Michael Milken y el universo de los junk bonds. Con financiamiento de alto riesgo proporcionado por Drexel Burnham, Peltz concretó una de las operaciones más emblemáticas de esa década: la compra de National Can y, más tarde, de American Can, con lo que creó la mayor empresa de envases metálicos del mundo.
La lógica era directa y sin concesiones: compañías relativamente chicas adquirían gigantes industriales con dinero prestado, vendían activos, refinanciaban deuda y buscaban maximizar los retornos. En 1988, Triangle Industries se vendió al grupo francés Pechiney por US$ 1.300 millones, en una operación que convirtió a Peltz en multimillonario y en referente para toda una generación de inversores.
Ese episodio no solo selló su fortuna, sino que también consolidó su reputación: un empresario capaz de entrar en estructuras complejas, desarmarlas y salir con ganancias.
Trian Fund Management: el activismo como modelo de negocio
En los años noventa, Peltz profesionalizó su influencia con la creación de Trian Fund Management, una firma pensada para tomar participaciones relevantes en grandes corporaciones y presionar por cambios estratégicos, financieros y de gobernanza. No se trata de un fondo diversificado: Trian apuesta por pocas posiciones y mucho control.
Con el tiempo, tuvo participaciones clave en compañías como Procter & Gamble, DuPont, General Electric, PepsiCo, Mondelez International y Bank of New York Mellon. Su batalla más conocida fue con Procter & Gamble en 2017, cuando, después de una disputa intensa, consiguió un asiento en el consejo de administración. Así demostró que incluso las corporaciones más blindadas podían ceder ante su presión.
Uno de sus movimientos más rentables fue con Snapple: la compró por US$ 300 millones y la vendió tres años más tarde por US$ 1.000 millones, una operación que todavía se analiza en las escuelas de negocios.

Patrimonio, propiedades y estilo de vida
El patrimonio de Nelson Peltz no se limita a acciones y participaciones en empresas. Su residencia principal es Montsorrel, una finca de 5,2 hectáreas en Palm Beach, Florida, valuada en decenas de millones de dólares. El complejo incluye una mansión principal de 4.460 metros cuadrados, una casa de invitados de 1.670 metros cuadrados y se extiende sobre tres parcelas registradas por separado. Solo en impuestos inmobiliarios, Peltz paga cerca de US$ 1,7 millones por año.
También es dueño de propiedades en Nueva York y California, lo que configura un patrimonio inmobiliario acorde a su lugar dentro de la élite económica de Estados Unidos.
Familia, poder blando y cultura pop
Casado tres veces y padre de 10 hijos, Peltz vio cómo su apellido cruzó las fronteras del mundo financiero y entró en la cultura popular. Dos de sus hijos, Nicola y Will Peltz, construyeron carreras como actores. En 2022, Nicola se casó con Brooklyn Beckham, hijo de David y Victoria Beckham, en la mansión familiar de Palm Beach.
Ese casamiento representó algo más que un evento mediático: marcó la unión entre el poder financiero tradicional y el universo de la celebridad global, un ámbito en el que Peltz se mueve con soltura. Su red de vínculos incluye a figuras como Rupert Murdoch y contactos políticos de alto nivel, sobre todo dentro del sector conservador de Estados Unidos.
Un caso de estudio del capitalismo activista
La trayectoria de Nelson Peltz es un ejemplo de cómo se construye poder económico sin necesidad de fundar una gran empresa tecnológica ni de crear un producto revolucionario. Su éxito se apoyó en la capacidad para leer balances, comprender incentivos, usar la deuda como herramienta y ocupar espacios de decisión donde se define el rumbo de las principales corporaciones.
Si tuviera perfil en LinkedIn, no hablaría de "innovación" ni de "disrupción", sino de control, gobernanza, rentabilidad para los accionistas y estrategia de largo plazo. De chofer de camiones a multimillonario con influencia, Peltz representa una figura cada vez menos visible, aunque todavía decisiva: la del inversor que no solo aporta capital, sino que modifica las reglas del juego.
Nota publicada en Forbes España.