El comercio con Canadá tiene un peso significativo tanto en la economía de Estados Unidos como en sus empresas. A partir del 2000, se mantuvo como el primer o segundo socio comercial de Estados Unidos, según datos de la Oficina de Análisis Económico de EE.UU. recopilados por USAFacts.
El vecino del norte sigue siendo el segundo socio comercial más importante del país, con un intercambio comercial combinado de US$ 233.700 millones entre enero y julio, según la Oficina del Censo de Estados Unidos. Por el peso que tiene el comercio internacional, cualquier interrupción en el intercambio entre ambos países puede perjudicar a las empresas y afectar las carteras de inversión.
Ante ese escenario, los inversores podrían ajustar sus estrategias durante períodos de incertidumbre económica. La magnitud del vínculo bilateral hace que una disputa comercial pueda trasladarse a distintas industrias y, finalmente, a los mercados financieros.
El historial de fricciones comerciales entre Estados Unidos y Canadá
La historia de las relaciones comerciales entre Estados Unidos y Canadá se remonta al Tratado de Comercio Recíproco de 1911. Sin embargo, el vínculo comercial nunca estuvo exento de conflictos.
La Ley Arancelaria Smoot-Hawley, una norma estadounidense que elevó drásticamente los impuestos a las importaciones y profundizó las tensiones comerciales durante la Gran Depresión, impuso aranceles elevados a numerosos bienes y productos agrícolas. Canadá respondió con sus propios aranceles y, con el tiempo, ambos países retomaron la cooperación.

En 1965, el Pacto Automotor impulsó la integración económica de las industrias automotrices de ambos países. Más tarde, Richard Nixon amenazó con ponerle fin. El libre comercio pasó a ser la norma con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), aunque persistieron disputas en rubros específicos, como la madera y los productos lácteos.
El primer mandato de Donald Trump llevó a Estados Unidos hacia el mercantilismo, una política proteccionista con la que un país busca aumentar sus exportaciones y reducir sus importaciones. Estados Unidos impuso aranceles punitivos sobre el acero y el aluminio, que después extendió a Canadá y México.
Como parte del proceso para aprobar el nuevo tratado de libre comercio de América del Norte, denominado Acuerdo Estados Unidos-México-Canadá (T-MEC), Estados Unidos eliminó los aranceles a los metales. Sin embargo, las tensiones volvieron a intensificarse durante el segundo mandato de Trump.
El primer año estuvo marcado por aranceles del 25% a Canadá y México. Canadá respondió con gravámenes por más de US$ 100.000 millones sobre productos estadounidenses. Trump también anunció aranceles del 10% para el "Día de la Liberación", aunque la aplicación irregular de las medidas generó incertidumbre económica.
En julio de 2026, Estados Unidos rechazó extender el T-MEC por un nuevo período de 16 años. El acuerdo siguió vigente, pero pasó a revisiones anuales y vencerá en 2036 si los tres países no acuerdan una prórroga. Una serie de conversaciones comerciales entre Estados Unidos y Canadá finalmente fracasó en agosto.

Trump anunció que los aranceles sobre los autos, las camionetas, las autopartes y el acero canadienses subirían al 50% en 2027. El primer ministro canadiense, Mark Carney, anunció aranceles de represalia "dólar por dólar" sobre maquinaria agrícola, electrodomésticos, productos lácteos, electrónicos, pulpa y papel y acero provenientes de Estados Unidos.
Sectores más vulnerables a la guerra comercial entre Estados Unidos y Canadá
El enfrentamiento entre los dos antiguos socios estratégicos derivó en aranceles elevados que pueden afectar las finanzas de empresas exportadoras e importadoras. Los aranceles están "diseñados para provocar una crisis en la oferta de bienes importados", afirmó Darius Dale, CEO de 42 Macro.
La teoría sostiene que una mayor producción nacional terminaría por compensar la suba de precios. Sin embargo, esa posibilidad todavía no se comprobó y podría tardar años en concretarse. Algunas industrias quedan particularmente expuestas debido a la profundidad de sus vínculos comerciales con Canadá.
Fabricación de automóviles
La industria automotriz será una de las más afectadas por la conexión entre las cadenas de producción de Estados Unidos, Canadá y México. Las piezas y los componentes pueden cruzar las fronteras varias veces antes del armado final de un vehículo, que en muchos casos se realiza en territorio canadiense.
Según Fortune, datos de JD Power Canada mostraron que hace una década casi la mitad de los autos nuevos en Canadá se fabricaban en Estados Unidos. Esa proporción bajó al 35,4% durante el primer semestre de 2025 y al 28,4% en el mismo período de 2026, a raíz de los aranceles de represalia impuestos por Canadá.
Una comparación de los ingresos totales de General Motors entre el segundo trimestre de 2016 y el mismo período de 2026 permite dimensionar la diferencia. Los US$ 37.400 millones de 2016 equivaldrían hoy a US$ 51.800 millones, según la calculadora de inflación del IPC de la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos.

Los ingresos del segundo trimestre de 2026 alcanzaron los US$ 48.000 millones. En el primer trimestre de 2016, fueron de US$ 33.000 millones, equivalentes a US$ 45.800 millones en términos actuales si se ajustan por inflación, frente a los US$ 43.600 millones registrados en el mismo período de 2026.
Un auto típico contiene cerca de 30.000 piezas, entre motores, tuercas, tornillos y otros componentes, según la Universidad Estatal de Boise. Cerca del 40% proviene de Estados Unidos y Canadá, por lo que detrás de esa cadena hay numerosas empresas expuestas a cambios en los costos y el comercio.
Energía, petróleo crudo e infraestructura de servicios públicos
Estados Unidos depende en gran medida de las importaciones energéticas procedentes de Canadá. En 2024, antes de la entrada en vigor de los aranceles, el comercio de energía entre ambos países alcanzó alrededor de US$ 150.000 millones, según la Administración de Información Energética de Estados Unidos.
En 2025, esa cifra cayó un 11%, a unos US$ 137.000 millones. Parte del crudo pesado canadiense, que las refinerías estadounidenses mezclan con petróleo más liviano para producir nafta, diésel y otros derivados, podría quedar exenta de aranceles bajo las reglas del T-MEC.
Canadá, por su parte, importó US$ 27.300 millones en combustibles, aceites y productos derivados de la destilación en 2025, según Trading Economics. Una suba del costo de la energía puede trasladarse a sectores como la industria manufacturera, la agricultura, el transporte y la construcción.
El efecto también alcanza actividades que dependen de camiones, trenes, obras de infraestructura o maquinaria pesada. Por eso, una variación importante en el precio del combustible puede repercutir sobre distintos eslabones de la economía sin quedar limitada al sector energético.

Agricultura, madera y bienes de consumo
Las cifras del gobierno canadiense muestran que Canadá concentra el 18,5% de las importaciones estadounidenses de productos agroalimentarios y pesqueros. Además, es el principal proveedor de Estados Unidos en categorías como productos de panadería, carne vacuna, ganado bovino y aceite de canola.
Trading Economics señala que las importaciones estadounidenses de madera, productos derivados de la madera y carbón vegetal provenientes de Canadá alcanzaron los US$ 10.200 millones. La cifra quedó por debajo de los US$ 11.600 millones de 2024 y de los US$ 11.500 millones de 2023.
Entre las importaciones de Canadá provenientes de Estados Unidos durante 2025 figuran equipos electrónicos por US$ 14.200 millones, productos alimenticios preparados por US$ 3.200 millones, bebidas y licores por US$ 2.900 millones y jabones, lubricantes y velas por otros US$ 2.900 millones. Los aranceles pueden encarecer este intercambio y reducir los márgenes de las compañías involucradas.
Acero, aluminio y materiales de construcción
Las importaciones de acero y aluminio provenientes de Canadá comenzaron a caer con fuerza a principios de 2025, cuando Trump empezó a imponer aranceles elevados a estos productos.
En enero, poco antes de la entrada en vigencia de las medidas anunciadas, las importaciones estadounidenses de hierro y acero canadienses rondaban los US$ 640 millones. Las compras de aluminio alcanzaban los US$ 1.000 millones. Para junio de 2025, las importaciones de hierro y acero habían bajado a US$ 535 millones y las de aluminio, a US$ 627 millones.
Ante ese cambio, algunos importadores recurrieron a otros proveedores o pagaron precios más altos por materiales canadienses. Ese escenario puede elevar los costos de producción y obligar a las empresas a reorganizar parte de su abastecimiento.

Otros efectos sobre los mercados financieros que conviene tener en cuenta
La guerra comercial también puede trasladarse a los mercados financieros a través de la inflación y del comportamiento de los consumidores. Estos efectos no dependen de una sola industria y pueden afectar a empresas con una exposición comercial directa mucho menor.
Presiones inflacionarias y política de la Reserva Federal
La suba de precios eleva el costo de vida de los hogares y los gastos de las empresas en Estados Unidos, lo que puede ejercer presión sobre la inflación. Una inflación elevada puede llevar a la Reserva Federal de Estados Unidos a mantener tasas de interés más altas y encarecer el crédito de corto plazo.
La inflación también influye en las decisiones de los grandes inversores en el mercado de bonos. En los últimos meses, algunos redujeron su exposición a los bonos del Tesoro estadounidense a 10 años, lo que presionó sus precios a la baja y sus rendimientos al alza.
Como esos rendimientos sirven de referencia para distintos tipos de crédito, sus movimientos pueden trasladarse a préstamos de largo plazo, incluidas las hipotecas. De ese modo, la disputa comercial puede derivar en efectos financieros que trascienden a las empresas que importan o exportan bienes.
Mercados de consumo
Según la Oficina de Análisis Económico de Estados Unidos, el gasto de los consumidores representa alrededor del 69% del PIB estadounidense. Cualquier factor que aumente los precios puede reducir la capacidad de compra de los hogares, en especial cuando también suben los gastos básicos como la vivienda y los alimentos.
La llamada economía en forma de K describe una situación en la que distintos grupos atraviesan realidades económicas muy diferentes. Los hogares de mayores ingresos pueden sostener su consumo y patrimonio, mientras que los sectores con menos recursos enfrentan mayores dificultades.

Si una parte importante del gasto se concentra en consumidores de mayores ingresos, una desaceleración de ese grupo puede repercutir con mayor fuerza en las ventas de las empresas. Esa situación también puede trasladarse al mercado de acciones.
Estrategias para posicionar tu cartera durante períodos de fricción comercial
Administrar las inversiones durante una guerra comercial entre Estados Unidos y Canadá puede ser complejo. Sin embargo, varios principios habituales de gestión de cartera también pueden ser útiles en un escenario de aranceles.
Entre las alternativas que podés evaluar aparecen la diversificación, las acciones y los ETF que pagan dividendos y una estrategia pensada para el largo plazo. La elección dependerá del nivel de riesgo, de los objetivos y del horizonte de cada inversor.
Diversificación hacia empresas de baja capitalización y servicios orientados al mercado interno
Si tu cartera tiene una alta concentración en pocas empresas o sectores, una alternativa es considerar una mayor diversificación. Una posibilidad son las empresas de baja capitalización bursátil, conocidas en el mercado como small caps, junto con compañías de servicios que dependen principalmente del mercado estadounidense.
En algunos casos, estas empresas tienen una menor exposición a las cadenas internacionales de suministro que las grandes multinacionales. Las compañías de servicios también suelen depender menos de insumos físicos provenientes del exterior, aunque eso no elimina otros riesgos propios de cada negocio.
Fondos con exposición a mercados internacionales
Otra alternativa son los fondos de inversión con exposición internacional. Varios mercados fuera de Estados Unidos rindieron mejor que las acciones estadounidenses en períodos recientes y pueden reaccionar de otra manera ante las disputas arancelarias entre Washington y Ottawa.

Algunas compañías europeas también podrían mostrar interés en los esfuerzos recientes de Canadá y de la Unión Europea para fortalecer sus vínculos económicos. Invertir fuera de Estados Unidos, de todos modos, conlleva riesgos vinculados a las monedas, las tasas de interés y las condiciones económicas de cada país.
Acciones con dividendos y ETF defensivos
También existen ETF, fondos que cotizan en bolsa y permiten invertir en una canasta de activos mediante una sola operación, orientados a sectores o instrumentos con menor exposición directa a la disputa comercial. Entre ellos figuran los vinculados a bonos del Tesoro de Estados Unidos y los que reúnen acciones de bancos.
Otros fondos invierten en monedas consideradas refugio durante períodos de incertidumbre, como el franco suizo. Estas alternativas pueden reducir ciertos riesgos, aunque ninguna inversión está exenta de las fluctuaciones del mercado.
Paciencia
La paciencia puede ser uno de los recursos más importantes para un inversor. Mantener un horizonte acorde con los objetivos originales ayuda a evitar decisiones apresuradas ante movimientos de corto plazo.
Las caídas forman parte de los ciclos de mercado, aunque eso no significa que una acción o inversión particular tenga garantizada su recuperación. Intentar anticipar de manera permanente el momento exacto de entrar o salir puede alterar una estrategia pensada a largo plazo.
*Esta nota fue publicada originalmente en Forbes.com.