La evolución del dólar volvió a colocarse en el centro de la agenda económica en pleno pico de la temporada turística. Tras varias semanas de fuerte debilitamiento, que llevó a la divisa a tocar su nivel más bajo desde mediados de 2023, el mercado cambiario uruguayo reaccionó con volatilidad y obligó a una respuesta explícita tanto del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) como del Banco Central del Uruguay (BCU).
Luego de una serie de acciones y anuncios, y en apenas tres ruedas, el tipo de cambio mayorista se apreció cerca de $ 1,5 (+3,7%). Este miércoles, la última operación interbancaria se pactó a $ 38,90, con un avance diario de 1,6%, mientras que el promedio fue de $ 37,79, un 2,1% por encima del cierre previo.
Así, el dólar pasó de acumular una caída superior al 4% en enero a mostrar una depreciación marginal de 0,6% frente al cierre de diciembre. En el año móvil, no obstante, la baja sigue siendo pronunciada, del orden del 12% en promedio.
Preocupación por impacto en la economía
La corrección reciente llegó luego de que el ministro de Economía y Finanzas, Gabriel Oddone, confirmara que el gobierno decidió intervenir activamente para frenar una dinámica que comenzó a generar preocupación por su impacto sobre la economía real.
“Estamos preocupados con la evolución reciente del tipo de cambio. Estamos actuando para que esta trayectoria idiosincrática uruguaya llegue a su fin”, señaló el jerarca en rueda de prensa este martes, tras la marcada apreciación del peso.
Previo a los anuncios del gobierno, el peso uruguayo acompañó la tendencia internacional de debilitamiento del dólar, aunque con una magnitud mayor que en varias economías de referencia en la semana cerrada al 22 de enero.
Mientras monedas de la región como Brasil o Chile mostraron ajustes más moderados (-1,5%), Uruguay quedó entre los países con mayor apreciación semanal (-3,1%), según datos presentados por el Ministerio de Economía en base a Bloomberg.
Oddone anunció que la estrategia de su cartera para revertir esa foto se apoyará en tres frentes. El primero es la compra anticipada de dólares por parte del MEF para atender pagos de deuda en moneda extranjera. “Entendemos que el precio actual es suficientemente atractivo como para adelantar compras y evitar hacerlo más adelante con un tipo de cambio eventualmente más alto”, afirmó.
El segundo eje pasa por una coordinación con las empresas públicas, a las que el Ministerio sugiere evaluar compras futuras de dólares en línea con la Tesorería, respetando su autonomía, con el objetivo de mejorar balances y contribuir a normalizar el mercado.
La tercera línea busca profundizar el financiamiento en pesos del sector público. “Lo que pretendemos es consolidar el financiamiento en moneda local para evitar salir a buscar dólares afuera y luego venderlos en el mercado interno”, explicó Oddone, en un contexto de mayor preferencia por instrumentos en moneda nacional.
El Banco Central ya había movido sus cartas
Previo a los anuncios del MEF, el Banco Central dio una señal contundente al adelantar y profundizar el ciclo de recorte de tasas sobre fines de la semana pasada. El Directorio resolvió reducir la Tasa de Política Monetaria en 100 puntos básicos, hasta 6,5%, una baja inédita por su magnitud y por el momento en que se adopta, que llevó a la política monetaria a terreno expansivo.
El presidente del BCU, Guillermo Tolosa, dejó en claro que la autoridad monetaria no busca fijar un piso al dólar, pero sí evitar movimientos desordenados que pongan en riesgo el objetivo inflacionario.
“El Banco Central no puede ni debe intentar ponerle un piso a la cotización del dólar estadounidense”, afirmó, aunque subrayó el compromiso de actuar si la manifestación local de una tendencia global se vuelve disruptiva.
Tolosa explicó que la reciente debilidad del dólar se da en un contexto internacional de elevada incertidumbre y se ve amplificada a nivel local por factores estacionales, menor liquidez y volúmenes reducidos.
Qué dicen los expertos
Desde el sector financiero, Carlos Saccone, Head of Wealth de HSBC Uruguay, considera que la baja de tasas fue consistente con el proceso desinflacionario. “Con el menor registro de inflación de los últimos 25 años, no parecía lógico mantener la tasa en el mismo nivel. El foco del Banco Central sigue siendo la inflación, y eso es un activo clave para la previsibilidad del país”, sostuvo en diálogo con Forbes Uruguay.
Sobre el dólar, advirtió que el fenómeno excede lo local. “Esto responde mucho más a una tendencia estructural global. Dudo que sea sostenible pensar en un cambio duradero si el dólar sigue debilitándose a nivel internacional”, señaló.
En ese contexto, recordó que en mayo se viene el cambio del presidente de la Fed, algo que potencialmente puede tener un efecto “bajista” sobre la cotización del dólar a nivel internacional.
Otro punto que Saccone destacó es el escaso uso de instrumentos de cobertura cambiaria en Uruguay (forward) como una debilidad adicional. “Creo que se debería hacer mucho más uso por parte de los productores de estos instrumentos que están disponibles en el mercado local y son de fácil operativa”, sugirió.
Por su parte, el economista y portfolio manager de Gletir, Gabriel Genta, descartó que las medidas comprometan la independencia del BCU. “Tolosa fue claro en que el objetivo no es el dólar, sino mantener la inflación dentro de su meta. La baja de tasas fue agresiva, pero coherente con el riesgo de que la inflación caiga por debajo del 3%”, afirmó. La meta inflacionaria del BCU es del 4,5%, con un rango de tolerancia de +/- 1,5% (3%-6%).
Genta agregó que, más allá de las medidas, “el dólar en Uruguay va a seguir lo que marque el contexto regional y global”, aunque reconoció que las acciones coordinadas del MEF y el BCU pueden ayudar a que la divisa recupere parte del terreno perdido frente a sus pares de la región, ya que la depreciación del dólar fue mayor.
Con un dólar que volvió a mostrar volatilidad, una inflación en mínimos históricos y una economía que da señales de enfriamiento, el tipo de cambio se transformó en el punto de cruce entre política monetaria, fiscal y los reclamos de sectores que han sufrido un notorio rezago en sus niveles de rentabilidad.
Por ahora, la agenda quedó clara: evitar desalineamientos bruscos sin perder de vista que Uruguay, como repiten en el equipo económico, “no es una isla”.


