La guerra en Irán empezó hace más de un mes y se volvió un factor determinante para millones de inversores minoristas. El conflicto golpeó a varios países de Oriente Medio, cerró el estrecho de Ormuz e interrumpió el suministro de petróleo y de recursos clave, como fertilizantes, hacia el resto del mundo. Sin embargo, en las próximas horas antes de que termine el día, todo podría mejorar…o empeorar. Es que a las 20.00 hs., hora local, vence el plazo del ultimátum que Donald Trump impuso a Irán para alcanzar un cese el fuego, lo que incrementa la tensión a cada minuto y suma todavía más volatilidad. La guerra ya disparó los precios de la energía, perjudicó a las acciones de algunos sectores y empujó al alza a otros. Esos rasgos podrían profundizarse o desaparecer.
Frente a ese escenario, se impone para los inversores una pregunta obvia: qué conviene hacer. ¿Pasar a efectivo? ¿Apostar más fuerte? ¿Esperar para ver qué pasa?
Lo cierto es que la estrategia de inversión frente a la guerra en Irán no difiere tanto de otras situaciones similares. Las grandes guerras y los atentados terroristas representaron un riesgo serio para los mercados a partir del 11-S. Aun así, los principios básicos para invertir ante un hecho geopolítico de peso siguen casi intactos. Así respondió mi equipo ante la guerra en Irán, y las lecciones que dejó sirven para muchas crisis geopolíticas.
Diversificar tus inversiones.
Ese es el paso más importante para el inversor promedio, y conviene darlo antes de que estalle una guerra. Si de verdad tenés una cartera diversificada, deberías contar con una combinación de bonos y acciones, con algunas inversiones en energía incluidas.
Esto también parte de una idea central: invertir a largo plazo. La mayoría de los inversores consigue mejores resultados cuando apuesta al largo plazo. Por eso, si pasa algo como la guerra en Irán, la diversificación te protege. Podés esperar a que pasen las recesiones. Es probable que las compañías de cruceros y las aerolíneas rindan mal, pero que el sector energético responda mejor y que, si invertís en defensa, empresas como General Dynamics y Raytheon salgan beneficiadas.
Pero, ¿qué pasa con los inversores minoristas de largo plazo que están más involucrados en el proceso?

Analizar el conflicto
Lo primero es entender el conflicto. En un caso como la guerra en Irán, que golpea la infraestructura petrolera, las rutas marítimas clave y también a la industria aeroespacial global, enseguida vas a ver que algunos sectores, como las aerolíneas y las compañías de cruceros, atraviesan dificultades, mientras otros, como la energía y la defensa, salen favorecidos.
Aislar los sectores problemáticos
Una vez hecho el análisis, conviene revisar toda la cartera y empezar a recortar posiciones en los sectores más expuestos para ganar liquidez. El objetivo es bajar la exposición al mercado y armar una cartera más conservadora, con la salida de acciones que podrían verse perjudicadas por un conflicto prolongado.
Invertir en los sectores ganadores
Una vez que bajaste tu exposición y ganaste liquidez, el paso siguiente es poner el foco en los sectores con mejores perspectivas. En el caso de la guerra en Irán, eso apunta a defensa y energía. Nosotros compramos acciones de Exxon, Occidental Petroleum, Chevron y GNL, además de acciones de Raytheon y General Dynamics. Esto no es una recomendación, sino apenas un ejemplo de lo que hicimos. Cada inversor tiene que evaluar su propia exposición y el perfil de su cartera.
Tomar posiciones cortas sobre los perdedores
Si sos un inversor con experiencia y sabés cómo usar posiciones cortas, esa herramienta te puede servir en una instancia como esta. Si tenés claro qué sectores van a sentir el golpe más fuerte, como los cruceros o las aerolíneas en este caso, entonces podés tomar posiciones cortas sobre esos segmentos. Nosotros también tomamos una posición corta sobre el S&P 500. Después de eso, tu cartera debería quedar con una variedad de posiciones nuevas: inversiones en activos que creés que pueden rendir bien y posiciones cortas en aquellos que, según tu análisis, pueden sufrir un golpe duro.

Aunque las posiciones cortas pueden resultar muy útiles, si esa alternativa no está a tu alcance, también podés limitar las pérdidas si invertís en los sectores que podrían responder mejor y, al mismo tiempo, bajás tu exposición general.
Mantener posición hasta que aparezca señal clara de salida
La pregunta que sigue es cuánto tiempo conviene sostener esas posiciones. La respuesta más directa es: hasta que quede claro que el peor tramo del conflicto ya pasó. Ahora bien, detectar ese momento no siempre resulta sencillo. ¿Alcanza con que el presidente diga "ganamos" y se frenen las hostilidades? ¿Sirve como señal que se reabra el estrecho de Ormuz y vuelva a circular el comercio? ¿O el punto de salida llega cuando la guerra se extiende lo suficiente como para que el mercado ya incorpore todo en los precios, como pasó con la invasión de Rusia a Ucrania? En aquel caso, el mercado pegó un salto durante algunos meses y después encontró cierta calma, con la excepción del sector energético, que tuvo un repunte muy marcado.
La enseñanza final
No existe una inversión sin riesgo y nadie puede anticipar el futuro con exactitud. Aun así, aunque nunca vas a poder evitar por completo las pérdidas, sí podés reducir el daño si no entrás en pánico y dejás las emociones a un lado. Por eso conviene tener un plan de acción antes de que llegue una crisis. Los detalles cambian según el conflicto, pero la lógica general se mantiene. Y si ya conocés los pasos de antemano, tus chances de salir mejor parado van a ser mucho más altas.
*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com.