Así nació Mr. Pink VC, el fondo que ahora prepara su segunda apuesta para emprendimientos en el sur
El argentino Hernán Haro, radicado en Punta del Este, levantó casi US$ 6 millones para Inception Fund sin haber trabajado nunca en un fondo. Hoy desarrolla el Human Connection Fund, un vehículo bastante más grande centrado en los efectos sociales de la inteligencia artificial.

A fines de 2020, en plena pandemia, Hernán Haro decidió crear el fondo de venture capital Mr. Pink VC. Nunca había trabajado en uno, pero venía de un año marcado por la muerte de su madre, un Parkinson avanzado en su padre y quería un cambio. 

"Se me cruzaron varias cosas y me di cuenta de que no me llenaba lo que estaba haciendo", cuenta a Forbes Uruguay. Ese quiebre lo llevó a apostar por un fondo con foco en emprendedores que, como él, avanzan por voluntad propia. De esa decisión nació Inception Fund, el primer instrumento de inversión de Mr. Pink VC, que levantó casi US$ 6 millones para invertir en startups sudamericanas. 

Hoy, radicado en Punta del Este desde hace casi cinco años por la tranquilidad que le ofrece el balneario esteño, Haro trabaja en el diseño de su segundo proyecto para recaudar capital, bastante más grande que el primero y con un enfoque menos tradicional. Haro es porteño y ya de niño la tecnología lo apasionaba. 

Su acercamiento inicial con el mundo emprendedor fue en la primera ola de startups argentinas, la del dotcom crash previo a 2000, cuando la industria de venture capital todavía no existía como tal en el país. En 2008 se mudó a California para cursar un MBA, una excusa, según cuenta, para meterse de lleno en el ecosistema de Silicon Valley. 

Ahí fundó su primera startup junto a un socio alemán —hoy inversor de su fondo— que no prosperó. Tres años después volvió a Sudamérica, primero a Chile para acompañar a su padre, y poco después se sumó como cofundador tardío de Pulpo Media, una ad network con sede en California. La empresa fue adquirida por Entravision, corporación estadounidense que cotiza en Nasdaq y Haro permaneció un tiempo para cumplir el earnout. Luego, integró el equipo de liderazgo de otra startup norteamericana, donde pasó por data science, growth y finanzas. 

Hernán Haro. Imagen: Mattias Sayavedra

Ese recorrido lo formó del otro lado del mostrador antes de ser inversor. "Me considero mucho más un operador que un inversionista. Pasé casi toda mi vida operando de esta manera", resume. Fue también lo que terminó de definir su forma de acompañar a los emprendedores, porque conoció de cerca el desgaste que implica ser fundador.

CÓMO SE ARMA UN FONDO DE VENTURE CAPITAL

Mr. Pink nació con una lógica poco convencional. Haro no aceptaba warm intros, esas presentaciones que gran parte de la industria exige para siquiera tomar una reunión. "Cualquier emprendedor iba a mi web, me mandaba un mensaje o un audio, y con base en eso yo decidía si lo invitaba a conversar o no", cuenta. 

Quería un nombre que no sonara a una firma de capitales tradicional y lo tomó de Reservoir Dogs, la película de Quentin Tarantino donde los ladrones reciben apodos de colores para no conocerse entre sí. Mr. Pink es el personaje al que le toca el nombre que más lo ofende, por entender que está asociado a lo femenino en un ambiente de códigos masculinos, pero finalmente es el único que sobrevive. 

Haro se sintió identificado con esa figura de underdog al lanzar un fondo en plena pandemia, sin experiencia previa en venture capital y apostando al talento sudamericano fuera de los circuitos habituales. Para lograrlo, empezó por hablar con sus inversores anteriores e investigar el oficio desde cero. Armó un equipo de venture partners y empezó el fundraising. 

"Levantar capital para un fondo, especialmente uno que apuesta en etapas tempranas, es incluso más difícil que para una startup", dice Haro. Esto se explica porque la probabilidad de mortalidad de las compañías en este estadio es alta. 

El hito inicial de todo fondo es el first closing, la primera ronda de capitalización. "Nadie quiere poner el primer cheque hasta que no entienden que el negocio puede ser viable", explica. A partir de ahí hay un plazo estándar de 18 meses para seguir sumando inversores. Inception Fund llegó a su first closing en septiembre de 2021, un proceso relativamente rápido para la industria. La tesis geográfica cubría Colombia, Argentina, Perú, Uruguay y Chile, el cluster que en la jerga del fondo llaman CAPUC, países donde Haro había vivido y que consideraba subinvertidos frente a la concentración de capital que reciben Brasil y México en la región. 

Los fondos suelen durar diez años desde el first closing, con posibles extensiones de uno o dos, y siguen la curva en J típica de la industria. Esto implica retornos negativos al inicio por gastos de estructura y startups que no sobreviven, con resultados fuertes hacia el final. Con US$ 6 millones, Inception Fund se convirtió en un fondo relevante para los estándares locales, donde la mayoría de los primeros vehículos apenas ronda el millón de dólares como prueba de concepto. 

Finalmente invirtió en 27 startups, entre las que hay dos uruguayas: Lumepic —plataforma que une deportistas con fotógrafos, presente en varios países y con un crecimiento a tres dígitos anuales— y OrderEAT —desarrollo que digitaliza cantinas y comedores escolares, que en los últimos meses sumó 200 colegios—. 

"Entraron por mérito. Busco fundadores que no piden permiso, pero con los pies sobre la tierra. Sobra gente audaz sin ejecución y gente prolija sin ambición, lo escaso es el cruce", dice. Además, de ese total de empresas invertidas, ya concretó dos salidas por fusiones y adquisiciones. 

Consultado sobre qué le falta al emprendedor local para dar un salto de calidad, explica: "La misma virtud es el problema. El uruguayo es prolijo, serio, cumple, pero a veces se pasa de cauteloso y le falta agresividad". 

Para él, en las primeras etapas de una startup las metas de crecimiento tienen que ser aspiracionales, imposibles de justificar con datos históricos, creíbles solamente para los fundadores y, con suerte, para alguno de sus inversores. "Si tu plan se puede defender con una planilla, probablemente sea demasiado chico", sostiene.

Hernán Haro. Imagen: Mattias Sayavedra

EL SEGUNDO FONDO

Mientras termina de desplegar el capital de Inception Fund, Haro trabaja en la tesis de su próximo vehículo, el Human Connection Fund. La idea parte de un diagnóstico sobre el impacto de la inteligencia artificial avanzada en el trabajo, la educación y los vínculos entre personas. "Creo que la conexión humana va a tomar un rol central y vamos a tener que reaprender ciertas cosas que dejamos de lado", sostiene. 

Para Haro, la automatización de tareas cognitivas que hasta hace poco parecían exclusivamente humanas va a liberar tiempo y recursos, pero también va a profundizar una crisis de soledad que organismos de salud de distintos países ya vienen señalando desde antes de la pandemia. 

La tesis distingue tres niveles de conexión: la espiritual, vinculada al sentido de pertenencia; la social, ligada al tejido comunitario, y la filial, de los vínculos familiares y afectivos. Haro busca startups que usen tecnología para atender problemas que la propia tecnología ayudó a generar, con base en esos ejes. Aunque todavía no hay fecha de lanzamiento para el nuevo fondo, Haro ya proyecta que sea sensiblemente mayor. 

"Estoy pensando en por lo menos US$ 30 millones, porque va a ser necesario invertir fuerte en una ronda inicial y tener una capacidad de follow-on potente", dice.

LA PAZ DEL INQUIETO

Haro se instaló en Punta del Este hace casi cinco años. "En mi trabajo lidio con incertidumbre todo el tiempo, invertir en etapas tempranas es convivir con que la mayoría de las apuestas no van a salir y con horizontes de diez años. Necesitaba que el contexto personal fuera lo contrario. Previsible, estable y eso es lo que encontré en Uruguay", cuenta. 

"Es una ciudad que invita y que lo hace posible. Está todo cerca, y podés balancear de verdad la vida al aire libre con la de la oficina, sin que una le robe horas a la otra", dice

Por otra parte, asegura que el ecosistema de emprendedores e inversores que eligen radicarse en el balneario esteño no para de crecer. "Es gente que viene de todas partes del mundo y lo elige por la calidad de vida. 

Punta tiene con qué convertirse en una referencia global de calidad de vida, casi una zona azul", sostiene. Según Haro, la elección también es coherente con la tesis del fondo que está armando. Para él, el próximo gran producto de conexión humana no tiene por qué salir de Silicon Valley, sino que tiene que ser el primero en demostrar que se puede invertir en serio desde ahí.

FOTOS: MATTIAS SAYAVEDRA

*Este artículo fue publicado originalmente en la edición impresa de Forbes Uruguay de Agosto de 2026. Para suscribirte y recibirla bimestralmente en tu casa, clic acá.