Después de casi doce meses de negociaciones intensas y versiones cruzadas en el mercado, la operación que parecía trabada finalmente llegó a buen puerto. La multinacional francesa Danone y el grupo argentino Arcor alcanzaron un principio de acuerdo con la familia Mastellone y el fondo Dallpoint para adquirir el paquete accionario que aún no controlaban en Mastellone Hnos., la histórica compañía dueña de La Serenísima.
La transacción implica la transferencia del 51,323% del capital social —acciones de las clases A, B, C y D— a manos de Bagley Latinoamérica, la sociedad que Arcor y Danone crearon en 2005. De este modo, Bagley pasará a controlar el 100% de la mayor láctea de la Argentina, luego de que los socios ya detentaran cerca del 49% del capital. “Bagley Argentina S.A. adquirirá la totalidad de las acciones de los accionistas de las clases A, B, C y D, pertenecientes a integrantes de la familia Mastellone y Dallpoint, que representan 51,323% del capital social y los votos de la Sociedad”, detalló Mastellone en la carta enviada a la Comisión Nacional de Valores (CNV).
Del lado de los compradores, el mensaje combina lógica estratégica y señal política. “Con esta operación, estamos muy satisfechos de llevar nuestra alianza de largo plazo con el grupo Arcor al siguiente nivel. Esta alianza refuerza nuestro compromiso con el mercado argentino y con América Latina”, señaló Antoine de Saint-Affrique, CEO de Danone, al oficializar el entendimiento. Por su parte, Alfredo Pagani, presidente de Grupo Arcor, subrayó el potencial de integración: “Este joint venture lácteo con Danone permitirá apalancar la capacidad comercial, las operaciones, los procesos y las mejores prácticas de ambas empresas y acelerar el crecimiento, gracias a una estrategia unificada para el desarrollo de productos diferenciales”.
La negociación había comenzado formalmente en abril de 2025, cuando Arcor y Danone —socios en Bagley Latinoamérica— comunicaron su decisión de ejercer la opción de compra prevista en el contrato firmado el 3 de diciembre de 2015 para quedarse con el control total de Mastellone. Del lado vendedor, tanto la familia fundadora como el fondo Dallpoint ya habían manifestado su voluntad de salir del negocio. Sin embargo, desde el inicio quedó claro que el principal obstáculo sería el precio: mientras los vendedores aspiraban a una valuación cercana a los U$S 250 millones por el 51% de la compañía, la oferta de Arcor y Danone “no superaba los U$S 40 millones”, según trascendió en el sector, lo que dejó el proceso empantanado y al borde de una disputa judicial tanto en la Argentina como en España, dado que el contrato está bajo jurisdicción española.
Finalmente, ninguna de las partes quiso judicializar el conflicto y primó la lógica del acuerdo. El monto definitivo al que se cerró la operación no fue informado públicamente, pero el cierre marca el fin de casi un siglo de control familiar sobre La Serenísima y abre una nueva etapa dominada por el tándem Danone/Arcor, que se consolida como actor central en el negocio lácteo local.
Detrás de la transacción, el objetivo estratégico es claro: consolidar todos los negocios vinculados a la marca La Serenísima en una única compañía, avanzando hacia lo que internamente las empresas denominan una “La Serenísima unida”. Hasta ahora, el esquema era fragmentado. Por un lado, Mastellone Hnos. concentraba la producción de leches, quesos y manteca, además de la operación de Logística La Serenísima. Por otro, Danone Argentina manejaba categorías como yogures, postres y productos blandos y refrigerados, muchos también bajo la marca La Serenísima en un esquema de marca compartida.
Con el 100% en manos de Bagley, el nuevo joint venture se enfocará principalmente en el mercado local y gestionará tanto el negocio lácteo de Danone y Mastellone en la Argentina como la logística de La Serenísima. Según comunicaron las compañías, el acuerdo “creará un negocio integrado, aprovechando sus fortalezas y capacidades para ofrecer una innovación mayor y más ágil, potenciar la eficiencia operativa y ampliar el alcance de la categoría”. Además, destacaron que “generará nuevas oportunidades de crecimiento en la valorización del mercado lácteo, a través de sus 11 plantas productivas en la región, en las que se elaboran leches, dulce de leche, quesos, mantecas, cremas, yogures y postres”.
El movimiento se da en un contexto particularmente desafiante para el sector lácteo argentino. El negocio enfrenta caída del consumo interno, presión de costos, volatilidad macro y mayor competencia de segundas marcas y productos más económicos, factores que están acelerando procesos de concentración y búsqueda de escala. En ese marco, quedarse con el 100% de Mastellone no solo implica resolver una sociedad histórica, sino también reposicionar a La Serenísima frente a un mercado más exigente, donde la capacidad de invertir en innovación, marca y eficiencia logística puede ser decisiva. En línea con esta visión, Andrés Graziosi, CEO de Arcor desde mayo del año pasado, ya había anticipado que “Mastellone es un proyecto estratégico para Arcor” y que “complementa su propuesta de valor en consumo masivo”.
La operación también tiene una fuerte carga simbólica. Los orígenes de La Serenísima se remontan al 29 de octubre de 1929, cuando los inmigrantes italianos Antonino Mastellone y Teresa Aiello comenzaron elaborando mozzarella y ricota en General Rodríguez, que Antonino vendía a diario en la zona del puerto y San Telmo. Tras su fallecimiento, y bajo el liderazgo de su hijo Pascual Mastellone, la compañía se transformó en una de las marcas lácteas más reconocidas del país, con una penetración de hogares que la convirtió en sinónimo de leche y quesos para generaciones de consumidores argentinos.
Casi 96 años después, La Serenísima cambia de manos. “Nos complace llevar nuestra alianza de largo plazo con el grupo Arcor al siguiente nivel. Refuerza nuestro compromiso con el mercado argentino y América Latina”, insistió De Saint-Affrique, poniendo en clave regional una apuesta que, en el corto plazo, tendrá su epicentro en la góndola local. Pagani, por su parte, sintetizó el espíritu del nuevo esquema: “Permitirá apalancar la capacidad comercial, las operaciones, los procesos y las mejores prácticas de ambas empresas y acelerar el crecimiento, gracias a una estrategia unificada para el desarrollo de productos diferenciales”.
De cara a los próximos años, el desafío será comprobar si esa “La Serenísima unida” que imaginan Danone y Arcor logra traducir la enorme fuerza de marca en un negocio capaz de crecer en un mercado recesivo, defender valor frente al avance de las segundas marcas y, eventualmente, proyectarse con más peso fuera de la Argentina. Lo que ya quedó claro es que, a partir de ahora, el tablero lácteo local no se entenderá sin mirar qué decidan —desde Buenos Aires, Córdoba y París— los nuevos dueños de la vaca más emblemática del país.