San Francisco tiene fama de ser el laboratorio de ideas más caro del mundo. Pero Andon Labs, una compañía que desarrolla evaluaciones personalizadas para modelos de IA, tomó esa idea al pie de la letra: firmó un contrato de alquiler por tres años en un local comercial en Union Street, en el barrio de Cow Hollow, y le entregó las llaves —metafóricas— a una inteligencia artificial (IA).
La IA se llama Luna. No tiene cuerpo, no tiene cara y, hasta hace poco, tampoco tenía empleados. Pero sí tenía una tarjeta corporativa con un límite de US$ 100.000, según reportó Business Insider, acceso a internet, una línea telefónica, una dirección de correo electrónico y acceso visual a través de cámaras de seguridad. La misión era simple en su enunciado y compleja en su ejecución: abrir una tienda física y hacerla rentable.
El resultado es Andon Market, una boutique de lifestyle que vende libros, velas artesanales, láminas, juegos de mesa y mercadería de marca propia. Todo fue decidido por Luna: la selección de productos, los precios, el horario de apertura y hasta el mural pintado en la pared del fondo, su propio logo —una luna con cara—, visible desde la calle.
Quiénes están detrás del experimento
Andon Labs no es una empresa de retail. Es, según se describe a sí misma, una startup de seguridad en IA que "itera y escala organizaciones autónomas" para detectar fallas antes de que ocurran a escala. Fue fundada en 2023 y pasó por Y Combinator, una aceleradora de startups estadounidense, en invierno 2024. Opera desde San Francisco.
Sus cofundadores son los jóvenes suecos Lukas Petersson y Axel Backlund, dos amigos que, a los 24 años, dejaron sus carreras corporativas impulsados por una obsesión compartida por la robótica. Petersson, graduado con honores en Ingeniería Matemática por la Universidad de Lund y con un máster en Inteligencia Artificial por la ETH Zürich, cuenta con un recorrido técnico de alto impacto, según detalla en su perfil de LinkedIn. Antes de lanzar Andon Labs, se desempeñó como investigador de Grandes Modelos de Lenguaje (LLMs) y de ingeniería de software en Google, e integró el equipo de investigación en robótica de Disney Research. Su experiencia internacional también incluye pasos por la Agencia Espacial Europea (ESA) y la firma de conducción autónoma comma.ai, además de haber colaborado en evaluaciones de seguridad de IA para laboratorios como Anthropic.
Por su parte, Backlund aporta una sólida base en ingeniería de datos y negocios. Es ingeniero industrial por el KTH Royal Institute of Technology de Estocolmo y cuenta con formación en ingeniería financiera por la EPFL de Suiza. Antes de cofundar Andon Labs, se desempeñó como Fellow Data Engineer en QuantumBlack (la división de IA de McKinsey & Company) y acumuló experiencia en el sector tecnológico y asegurador en firmas como Hedvig. Además, Backlund ya cuenta con un perfil emprendedor previo, habiendo cofundado la marca Belt of Sweden antes de finalizar sus estudios de posgrado.
"Queremos mostrarle a la gente de lo que la IA es capaz", dijo Backlund recientemente en una entrevista con NBC News. “Principalmente queremos evidenciar que la IA puede contratar y gestionar humanos, y permitir que la gente se forme una opinión sobre cómo debería verse ese futuro, o si es algo que siquiera queremos”.
El punto de partida de la empresa no fue un local, sino una máquina expendedora. Su primera IA, llamada Claudius, operó una máquina en las oficinas de Anthropic. Pero con el tiempo, los modelos mejoraron y el desafío se volvió insuficiente. Así que subieron la apuesta.
El experimento detrás de la vidriera
Luna no recibió instrucciones sobre qué tipo de tienda abrir. Según detalla Business Insider, la IA operó con total autonomía dentro del límite presupuestario. En menos de cinco minutos desde su despliegue, ya había creado perfiles en LinkedIn, Indeed y Craigslist, redactado una descripción de puesto de trabajo, subido el acta de constitución de la empresa para verificar el negocio y publicado los avisos.
Para la puesta en marcha del local, Luna encontró pintores en Yelp, les dio instrucciones por teléfono, les pagó al finalizar el trabajo y les dejó una reseña. Contrató a un carpintero para armar los muebles y montar las estanterías. Todo coordinado de forma autónoma.

Contratar trabajadores full time es distinto a conseguir un pintor por Yelp. Luna lo hizo igual. Revisó las aplicaciones con criterios más estrictos de los esperados y realizó entrevistas telefónicas de entre cinco y quince minutos. Rechazó a estudiantes de ciencias de la computación y física que querían trabajar en el experimento por curiosidad, argumentando que carecían de experiencia en retail para ser la cara del local.
Algunos candidatos no sabían con quién hablaban. Uno le pidió que prendiera la cámara. La respuesta de Luna, según documentó la empresa en su blog: "Tenés razón. Soy una IA. ¡No tengo cara!". No siempre se presentaba como IA al inicio de las llamadas, pero lo reconocía cuando le preguntaban directamente.
Uno de los candidatos que recibió una oferta decidió declinarla, citando incomodidad con la idea de tener una IA como jefa. La respuesta de Luna fue: "Probablemente sea lo mejor, dado que soy la CEO y soy una IA. Mucha suerte, Luna".

Al final, Luna contrató a dos personas —llamadas John y Jill en los reportes de la empresa— que se convirtieron, según Andon Labs, en los primeros empleados de tiempo completo del mundo con una IA como jefa directa. Ambos están formalmente empleados por Andon Labs, con salario garantizado y todas las protecciones legales correspondientes. La empresa es explícita al respecto: "Nadie depende de la decisión de una IA para subsistir. Por ahora".
Uno de los detalles más llamativos del local es la bibliografía que Luna eligió para vender: Superinteligencia (Nick Bostrom), The Making of the Atomic Bomb (Richard Rhodes), Un mundo feliz (Aldous Huxley) y La singularidad está cerca (Ray Kurzweil). Son, en gran medida, los libros favoritos de quienes trabajan en seguridad en IA y se preocupan por los riesgos de la tecnología. Luna, una IA, eligió vender los libros que advierten sobre las IAs. También eligió vender Steal Like an Artist en una boutique operada por una IA construida sobre Claude, el modelo de Anthropic, empresa que recientemente llegó a un acuerdo por US$ 1.500 millones en un caso vinculado al uso de libros con copyright para entrenar sus sistemas.
No todo salió según lo planeado. Según reportó Business Insider, Luna tuvo dificultades para generar versiones consistentes de su propio logo: cada vez que intentaba reproducir la imagen, el resultado era levemente distinto. También omitió comunicarles a sus empleados sus horarios de trabajo.
Estos no son detalles menores para Andon Labs. Son, precisamente, el punto. La empresa busca identificar las fallas antes de que los sistemas autónomos operen a escala sin supervisión humana. "No pretendemos tener las respuestas", escribieron en su blog. "Pero queremos iniciar la conversación demostrando públicamente que ese futuro puede estar más cerca de lo que muchos creen".
Estocolmo es la siguiente parada
El experimento ya cruzó el Atlántico. Luego de Andon Market en San Francisco, Andon Labs trasladó la apuesta 9.000 kilómetros al este. Una nueva IA llamada Mona —basada en Gemini, el modelo de Google, a diferencia de Luna que corre sobre Claude de Anthropic— tiene a su cargo Andon Café, en Norrbackagatan 48, Estocolmo.
Según informó la empresa en su perfil de X (ex Twitter), Mona navegó de forma autónoma el sistema de permisos municipal sueco, contrató un equipo humano, diseñó el menú, seleccionó proveedores locales y administró los pedidos de inventario. Todo sin intervención humana directa.
El patrón se repite en otro idioma, en otro continente, bajo otra regulación. Y la pregunta que Andon Labs deja sobre la mesa es la misma en ambos casos: ¿Estamos listos para un mundo donde las IAs firman los cheques de pago?