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Del negocio del cannabis al auge de la IA: empresas quieren convertir sus plantas de cultivo en centros de datos

Will Yakowicz


(Ilustración de Yunjia Yuan para Forbes; Getty Images).
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Mientras los precios del cannabis se desplomaban en todo Estados Unidos, las empresas en dificultades del sector, propietarias de grandes edificios industriales equipados con electricidad, fibra óptica, agua y sistemas de climatización, creyeron encontrar una oportunidad de oro para ingresar al negocio de la inteligencia artificial. Sin embargo, la oposición de los vecinos y las restricciones energéticas frustraron la mayoría de sus ambiciones.

24 Octubre de 2026 18.00

Michael Ward y sus inversores destinaron US$ 20 millones a la construcción de Harbor Farmz, una planta de cultivo de cannabis de 3.052 metros cuadrados ubicada en Michigan, Estados Unidos. La instalación comenzó a operar en 2020, cuando un kilo de marihuana costaba alrededor de US$ 5.500. Ward sabía que los precios bajarían a medida que el mercado creciera y se consolidara, pero nunca imaginó que caerían hasta los US$ 700 actuales. A esta situación se sumó un nuevo impuesto mayorista del 24% que Michigan implementó este año, además de los tributos ya existentes.

"Digámoslo así: alcanzar el punto de equilibrio es el nuevo éxito", afirmó Ward. Según sus cálculos, los impuestos absorben alrededor del 75% de los ingresos de su empresa, por lo que apenas obtiene ganancias la mayoría de los meses. La facturación, que antes alcanzaba los US$ 6,5 millones, cayó y se proyecta que cierre este año en unos US$ 3 millones. Ante este escenario, Ward renunció a dos de sus tres licencias de cultivo y redujo la producción de un máximo de 7.500 plantas a unas 2.000.

Frente a este panorama, Ward comenzó a buscar un comprador en uno de los sectores que más inversión atrae actualmente: la inteligencia artificial. Su planta de cultivo de cannabis reúne varias de las características que buscan las empresas que desarrollan centros de datos para esta tecnología. 

El complejo industrial dispone actualmente de una capacidad eléctrica de 1,5 megavatios, que podría ampliarse a 2,5 megavatios en menos de un año y alcanzar los 15 megavatios a largo plazo. Además, cuenta con conexión de fibra óptica y un moderno sistema de climatización (HVAC) que permite controlar la temperatura. El predio ocupa 1,62 hectáreas y está ubicado junto a otra hectárea de terreno industrial en desuso, que también está a la venta.

Durante la primavera pasada, Ward se asoció con Phil DeVries y Eric Mack, dos consultores especializados en centros de datos de IA, para desarrollar un plan de reconversión. Juntos reunieron información para demostrar cuánto podría aumentar la recaudación de impuestos de Kalamazoo y del estado de Michigan si la planta se convirtiera en un centro de datos. 

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La crisis de rentabilidad del cannabis está llevando a los productores a reconsiderar el destino de sus inversiones millonarias. (Foto: Harbor Farmz)

En su presentación ante el concejo municipal, Ward estimó que el nuevo proyecto generaría US$ 1 millón anual en impuestos, frente a los US$ 60.000 que actualmente paga por su instalación de cultivo. También calculó que, si lograba vender la propiedad, podría recuperar los US$ 20 millones invertidos y continuar con su negocio de cannabis mediante la compra de marihuana en el mercado mayorista, donde los precios ya eran inferiores a sus propios costos de producción.

Ward no es el único productor que llegó a esa conclusión. La caída de los precios del cannabis en Estados Unidos, la elevada carga impositiva y las demoras en su reclasificación legal llevaron a distintos operadores de Norteamérica a buscar alternativas para sostener sus negocios. En ese contexto, el crecimiento de los centros de datos aparece como una oportunidad para dejar atrás las dificultades económicas de una actividad agrícola cuyo producto pierde valor. Sin embargo, aprovechar las inversiones millonarias que moviliza la IA está resultando mucho más difícil de lo que parecía.

Durante un tiempo, el proyecto de Ward parecía avanzar según lo previsto. En abril, las autoridades de Kalamazoo aprobaron la autorización urbanística necesaria para convertir el edificio de Harbor Farmz en un centro de datos.

Sin embargo, la situación cambió en junio, cuando Ward anunció públicamente que la propiedad podría convertirse en un centro de datos. La noticia provocó una fuerte reacción entre los vecinos, que utilizaron Facebook y Reddit para promover un boicot contra Harbor Farmz y convocar a una protesta contra estos proyectos durante la siguiente reunión del concejo municipal. La tensión llegó a tal punto que alguien preguntó en internet si alguien conocía la dirección exacta de Ward.

Sin embargo, en agosto el proyecto quedó frenado. Durante una conflictiva sesión del concejo municipal que se extendió por cinco horas, los vecinos rechazaron la propuesta y advirtieron sobre los posibles problemas que pueden generar los centros de datos en una comunidad, como el ruido, el aumento de las tarifas eléctricas, la sobrecarga de la red de energía y la escasez de agua. 

Imagen detallada de un rack de servidores con luces brillantes en un centro de datos moderno.
La aprobación de un proyecto tecnológico no siempre garantiza el respaldo de la comunidad donde se instalará. (Foto: Pexels)

En lugar de obtener la excepción que esperaba, Ward se encontró con la aprobación de una moratoria que prohíbe la construcción de centros de datos en Kalamazoo hasta agosto de 2027. La medida también afecta a Harbor Farmz, a pesar de que el establecimiento ya contaba con la autorización urbanística necesaria. "Vimos una oportunidad para cambiar de rumbo, pero nunca imaginamos que nos convertiríamos en el blanco de tanto rechazo, ataques y hostilidad", afirmó Ward.

En septiembre, Ward decidió retirar el anuncio de venta, ya que consideró que no valía la pena continuar en esas condiciones. Aunque todavía espera encontrar un comprador, por el momento no tiene otras alternativas. "Literalmente, nos dejaron atados a este edificio, sin ninguna salida", sostuvo Ward. "Nos encerraron en un pozo de mierda y esperaban que no pudiéramos escapar. Y todavía no lo conseguimos", agregó.

De todos modos, Harbor Farmz nunca estuvo pensado para convertirse en un centro de datos de IA a gran escala. Las instalaciones que Oracle construye para OpenAI en Michigan, a unos 170 kilómetros de distancia, tendrán una capacidad inicial de 1,5 gigavatios, aproximadamente mil veces la potencia eléctrica actual de Harbor Farmz. En cambio, el establecimiento de Ward podría convertirse en un centro de datos de inferencia, una instalación regional mucho más pequeña dentro de la infraestructura de IA. Este tipo de proyectos es, en cierta medida, más fácil de comercializar.

Jeffrey Moerdler, abogado y responsable del área de centros de datos e infraestructura digital del estudio Haynes Boone, aseguró que cada vez observa más operaciones de menor escala debido a la escasez de terrenos disponibles y de capacidad eléctrica. "Si hace cinco años me hubieras preguntado si estaba dispuesto a cerrar un acuerdo para desarrollar un centro de datos de 25 megavatios, me habría reído. Yo trabajé en proyectos de hasta 3 gigavatios", explicó.

Centros de datos de Nokia - SE PUEDE USAR - (Foto: Nokia) - Foto: Nokia
Entre un centro de datos de 25 megavatios y otro de 3 gigavatios existe una diferencia de capacidad de 120 veces. (Foto: Nokia)

Sin embargo, el especialista identificó una nueva tendencia en el sector: el paso de los enormes centros de datos utilizados para entrenar modelos de IA a instalaciones más pequeñas destinadas a tareas de inferencia. Según explicó, muchas operaciones de minería de criptomonedas se están reconvirtiendo en centros de datos de tamaño intermedio, una transformación que también podría beneficiar a establecimientos como Harbor Farmz. 

"Actualmente existe una gran oportunidad de negocio para centros de datos más pequeños, ubicados en áreas locales, regionales, urbanas y suburbanas, con capacidades de entre 10 y 50 megavatios", afirmó Moerdler. "Es ahí donde veo potencial para que encajen las antiguas instalaciones de cultivo de cannabis", añadió.

En Las Vegas, Jade, una empresa local de cannabis, puso a la venta su antigua planta de cultivo y procesamiento con la intención de atraer a compradores interesados en convertirla en un centro de datos. El edificio tiene una superficie de 930 metros cuadrados, cuenta con almacenamiento refrigerado en la planta baja y dispone de un sistema de climatización con una capacidad de una tonelada de refrigeración por cada 11 metros cuadrados. Además, podría alcanzar una potencia eléctrica de 5 megavatios. 

Sin embargo, como la instalación lleva varios meses sin funcionar, el agente inmobiliario Ryan Misaresh advirtió a los posibles compradores que no deben dar por confirmada esa capacidad eléctrica. "Las empresas eléctricas asignan o retiran capacidad de suministro según la demanda de cada región. Si no utilizás la energía que tenés disponible, pueden sacártela", explicó.

Según Misaresh, una planta de cultivo de cannabis está lejos de cumplir con todas las condiciones necesarias para funcionar como un centro de datos listo para operar. Sin embargo, ante el desplome de los precios que vive el sector, muchos productores intentan vender sus instalaciones como si ya estuvieran preparadas para ese uso. La estrategia responde a la posibilidad de desprenderse de sus activos de manera rápida y obtener un mejor precio.

Amplio invernadero interior de cannabis en Salinas, mostrando plantas de marihuana saludables bajo la luz solar.
Para los potenciales compradores, comprobar la disponibilidad real de energía puede ser tan importante como evaluar el inmueble. (Foto: Pexels)

Los cálculos de Ward permiten entender por qué esta alternativa resulta tan atractiva. Según sus estimaciones, si vendiera su planta a otra empresa de cannabis, apenas obtendría unos US$ 3 millones por una instalación en la que invirtió US$ 20 millones. "Si se la vendo a un desarrollador de centros de datos, al menos recuperaré mi inversión", afirmó.

Daniel Tropp, fundador de AEBOV, una inmobiliaria especializada en el sector del cannabis con operaciones en Nueva York y Nueva Jersey, también observó un creciente interés en reconvertir estas propiedades en centros de datos. Sin embargo, advirtió que el entusiasmo todavía no se traduce en operaciones concretas. "Todos los propietarios de inmuebles industriales que no logran venderlos se ilusionan con la posibilidad de construir un centro de datos. Creo que es una ilusión", señaló.

El especialista aseguró que algunas propiedades de Nueva Jersey despertaron interés como posibles ubicaciones para centros de datos, pero ninguna de esas negociaciones llegó a concretarse. Una de las principales dificultades es la diferencia de tamaño entre ambos tipos de instalaciones. Mientras que una planta de cultivo de cannabis ocupa, en promedio, 1.850 metros cuadrados, un centro de datos suele necesitar alrededor de 9.300 metros cuadrados. A esto se suma que las instalaciones tecnológicas generalmente requieren una capacidad eléctrica mucho mayor.

"Puede que aparezca algún caso aislado que reúna todos los requisitos", explicó Tropp. El especialista se refirió a factores como el tamaño del terreno, la disponibilidad de energía y agua, y las autorizaciones necesarias. "Pero me sorprendería mucho que esta tendencia se extendiera a todo el sector", advirtió.

Centros de datos. (Foto: creada con IA) - Foto: creada con IA.
El creciente interés por reconvertir propiedades industriales contrasta con la escasez de operaciones que llegan a concretarse. (Foto: creada con IA)

Entre las empresas más pequeñas, la apuesta por los centros de datos resulta todavía más arriesgada. Es el caso de Weed Inc., una compañía cuyas acciones cotizan a un precio bajo bajo el símbolo bursátil BUDZ, una referencia a la cultura del cannabis. 

En 2017, la empresa compró el antiguo campo de golf Sugar Hill, ubicado a orillas del río en Portland, Nueva York. Su director ejecutivo, Glenn E. Martin, planeaba construir ahí un complejo de condominios de lujo orientados a consumidores de cannabis, pero el proyecto nunca se concretó. En marzo de 2026, las autoridades de Portland dieron una aprobación general a su nueva propuesta: desarrollar un centro de datos en un terreno de casi 18 hectáreas, que cuenta con unos 600 metros de costa. Sin embargo, en julio, el estado de Nueva York estableció una prohibición de un año para el desarrollo de centros de datos.

"Sin duda, este no es el mejor momento para avanzar con un centro de datos de inteligencia artificial debido al contexto político actual", afirmó Martin. "Estoy listo para jubilarme. Tengo 72 años y un terreno precioso. Voy a mantenerlo como está hasta que aparezcan las personas adecuadas o llegue el momento indicado", expresó.

Sin embargo, hay una propiedad que parece reunir todas las condiciones necesarias para convertirse en un centro de datos. Se trata de una antigua planta de cultivo de cannabis de Aurora, en Saskatchewan, Canadá, que ocupa unos 12.000 metros cuadrados. La instalación cuenta con una conexión de fibra óptica de alta capacidad que permite alcanzar velocidades de 10 Gbps, una potencia eléctrica de 7 megavatios y 36 salas de 1.500 pies cuadrados cada una. 

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La competencia por infraestructura eléctrica está cambiando el atractivo de propiedades que originalmente tenían otros usos. (Foto: creada con IA)

Mike Walsh, agente inmobiliario de Colliers encargado de comercializar la propiedad, aseguró que ya habían recibido una oferta de una empresa operadora de centros de datos. "Cuando empezamos a ofrecer la propiedad, prácticamente todos se rieron de nosotros. ¿Qué podían hacer con apenas 7 megavatios? No teníamos capacidad suficiente para atraer a empresas como Microsoft o Amazon", recordó Walsh. 

Sin embargo, explicó que la situación cambió cuando las grandes compañías comenzaron a quedarse con los terrenos e instalaciones de mayor tamaño. A partir de entonces, los desarrolladores empezaron a buscar alternativas más pequeñas y a considerar propiedades industriales con una capacidad eléctrica superior al promedio. Walsh aseguró que esperan concretar la venta en un plazo relativamente corto.

Alexander Goldfarb, analista de Piper Sandler & Co. especializado en fondos de inversión inmobiliaria, explicó que cada período de expansión económica suele impulsar la demanda de ciertos tipos de propiedades. Actualmente, ese protagonismo recae en los centros de datos. Antes de la crisis crediticia, el interés estaba puesto en los condominios; durante la década de 2010, en los inmuebles comerciales destinados al comercio minorista; y después de la pandemia, en las instalaciones vinculadas a la biotecnología y la investigación científica. "Todo tiene su momento de auge. Después, el mercado vuelve a la realidad y las reglas habituales de la oferta y la demanda recuperan su protagonismo", sostuvo Goldfarb.

Mientras tanto, Ward, quien también dirige una empresa de estampado de metales en Chicago, no descartó una alternativa más ambiciosa. Si no logra atraer a un desarrollador interesado en comprar su planta de cannabis, podría encargarse él mismo de convertirla en un centro de datos. "Puede que termine entrando al negocio de los centros de datos por mi cuenta. Fui emprendedor toda mi vida", cerró.

*Esta nota fue publicada originalmente en Forbes.com.

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