Uruguay despide a Rubén Rada, una de las figuras más influyentes de su música popular, con una expresión colectiva que combinó duelo, candombe y celebración de una obra que atravesó más de seis décadas. El artista murió el miércoles 26 de agosto a los 83 años, luego de permanecer internado durante un mes a causa de una neumonía bilateral.
El gobierno de Yamandú Orsi decretó duelo nacional para el jueves 27 de agosto. Las banderas oficiales permanecieron a media asta y el Estado, en coordinación con la familia del artista, organizó un velatorio abierto al público en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo. La ceremonia comenzó a las 14 y se extendió hasta las 21, con un flujo sostenido de familiares, músicos, autoridades y personas que se acercaron a despedir al creador de “Cha-cha, muchacha”, “Muriendo de plena”, “Blumana”, “Montevideo” y “Candombe para Gardel”.
La reacción popular, sin embargo, se había iniciado antes de los actos oficiales. Durante la noche del miércoles, cientos de personas se congregaron en la zona de Minas e Isla de Flores, en los barrios Sur y Palermo de Montevideo, con tambores y llamadas espontáneas. El homenaje se prolongó hasta la madrugada en dos barrios centrales para la historia del candombe, el género que Rada ayudó a convertir en un lenguaje abierto al rock, el jazz, la música brasileña, el pop y la plena.
El presidente Orsi describió el estado de ánimo de quienes conocían al músico como el de personas “conmovidas, descolocadas, desorientadas”. También anticipó que habría “muchas lonjas sonando por ahí”, en una referencia a los tambores de candombe que marcaron la despedida.
Un artista que convirtió la mezcla en identidad
Nacido el 16 de julio de 1943, Rada construyó un recorrido que excedió ampliamente los límites de la música. Fue cantante, percusionista, compositor, actor, conductor y una figura estable de la cultura popular uruguaya. Su carrera comenzó en el carnaval, en la comparsa Morenada, y continuó durante su adolescencia en una murga y en la orquesta Cubanacán de Pedro Ferreira, a quien identificó como una influencia decisiva.
Más tarde, su participación en The Hot Blowers y El Kinto marcó una etapa de experimentación que transformó el sonido local. El Kinto fue uno de los grupos pioneros del candombe beat, una fórmula que incorporó instrumentos eléctricos, tumbadoras, batería y canciones en español dentro de una escena musical atravesada hasta entonces por otras tradiciones.
Rada también integró Tótem, una de las bandas más influyentes del rock uruguayo. Aunque el grupo tuvo una vida breve, entre 1970 y 1973, dejó una impronta duradera con su mezcla de rock, candombe y música latina. Allí, Rada grabó dos discos y firmó composiciones como “Dedos”, “Biafra”, “Heloísa” y “Negro”.
En los años 70, se sumó a Opa junto con Hugo Fattoruso, Osvaldo Fattoruso y Ringo Thielmann. De esa experiencia surgió Magic Time, álbum grabado en Estados Unidos que incluyó “Montevideo”, una de las canciones más asociadas a su repertorio. La combinación de jazz rock y candombe amplió su presencia en el Río de la Plata y le dio una dimensión regional a su obra.
Durante los años 80, Rada ganó popularidad en Argentina con discos como La Banda, La Rada, En familia y La yapla mata. Más tarde vivió en México, atravesó dificultades económicas y regresó a Uruguay para iniciar una etapa de circulación masiva con trabajos como Montevideo, Miscelánea negra, Black y Quién va a cantar.
Su obra también encontró un público infantil a través del personaje Rubenrá. En paralelo, desarrolló proyectos como Candombe Jazz Tour, Richie Silver, Solo Candombe, los discos instrumentales Confidence y espectáculos centrados en revisar su propio repertorio.
El reconocimiento institucional acompañó esa trayectoria. En 2011 recibió el Grammy a la Excelencia Musical y, en 2014, el Ministerio de Educación y Cultura le entregó la Medalla Delmira Agustini. En 2024, la Junta Departamental de Montevideo colocó una baldosa con su nombre en el Espacio de los Soles de la peatonal Sarandí.
La despedida que pidió: con alegría
El tono del homenaje buscó respetar un deseo que el propio Rada había dejado plasmado en su repertorio: que su despedida no estuviera asociada solo a la tristeza. Orsi recordó los versos de “Muriendo de plena”, la canción donde el músico pedía que lo velaran “bailando una rica plena”.
“Quería que lo recordáramos de cierta forma y no de otra, así que habrá que moverse”, dijo el presidente. También evocó la relación de Rada con el expresidente José Mujica en los últimos meses de su vida: “Al viejo lo levantaba, lo disfrutó. Un gran compañero de ruta el Negro, eso fue emocionante y aparte muy aleccionador”.
Luego de asistir al velatorio, Orsi destacó la capacidad de Rada para construir vínculos fuera de los escenarios. “Era un artista, una persona que tenía mucha cercanía, mucha capacidad de vincularse en una cena, un almuerzo o una reunión, sentarte a conversar sobre cosas de la vida. Por supuesto uno lo miraba en el escenario y era gigante, pero tuve la suerte de tener ese vínculo de hablar de cualquier cosa, mucho de fútbol”, afirmó.
El mandatario también subrayó su singularidad: “Era el más uruguayo de todos, pero con características inusuales”. Y agregó: “Nosotros somos medio apagaditos; él era para arriba. Alegría, alegría”.
Uno de los momentos más significativos del velatorio ocurrió cerca de las 16, cuando familiares y músicos se reunieron alrededor del féretro para interpretar “Blumana”. Participaron León Gieco, Natalia Oreiro, Ricardo Mollo, Jorge Nasser, los hijos de Rada y su esposa, Patricia Jodara. Luego sonó “Muriendo de plena”, acompañada por palmas y voces de quienes estaban presentes.
“Desde un lugar que es bien uruguayo, él te ponía la alegría. ¿Te das cuenta que trae acá una plena hablando de cuando él se muriera?”, expresó Orsi. “Tenemos una necesidad de contagiarnos de eso, del espíritu, de la alegría”.
Las despedidas llegaron desde toda la región. Jaime Roos, quien lo consideraba su “maestro y héroe”, escribió: “Se fue un pedazo del cielo del Uruguay” y agregó que “se hace muy difícil tomar conciencia de que nos hemos quedado sin él”. Jorge Drexler publicó desde Madrid: “¡Maestro querido! ¡Qué hueco se nos queda el pecho! ¡Qué privilegio haber compartido este planeta contigo!”, antes de cerrar con un “¡Salve Rubén Rada!”.
Natalia Oreiro escribió que Rada “fuiste, sos y serás lo más grande de Uruguay… como artista, como persona, como amigo”. Fito Páez lamentó la partida de “el gran caudillo del amor y la música. De la risa, el swing y la alegría”. Daniela Mercury, que había compartido escenario con él en febrero durante Canelones Suena Bien, lo definió como “uno de los músicos más importantes del mundo”.
El cortejo fúnebre partirá el viernes 28 a las 11 desde la esquina de Isla de Flores y Santiago de Chile, rumbo al Cementerio del Norte. Pero el legado de Rada seguirá sonando en otro lugar: en los tambores de Montevideo, en el repertorio popular rioplatense y en una forma de entender la cultura uruguaya como encuentro, ritmo y alegría.