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(Foto: Getty Images).

Cuáles son los dos hábitos imprudentes que pueden llevarte al éxito, según la psicología

Mark Travers

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Decisiones que a primera vista parecen equivocadas, como abandonar una situación cómoda o aceptar un desafío antes de sentirse preparado, podrían abrir nuevas oportunidades de crecimiento profesional.

15 Agosto de 2026 07.25

La mayoría de los consejos para alcanzar el éxito parten de una misma lección de autocontrol: mantené el rumbo, informate bien y no hables hasta estar seguro. La idea implícita es que el éxito aparece cuando se elimina todo riesgo innecesario, bajo la premisa de que las personas prudentes triunfan y las imprudentes fracasan.

Pero la realidad resulta bastante más compleja. Algunos hábitos que distinguen con claridad a quienes construyen carreras interesantes de aquellos que se estancan pueden parecer, en un primer momento, malas decisiones. Rompen con las normas de prudencia, despiertan recelo entre los compañeros y, aun así, funcionan. No porque la imprudencia sea una virtud, sino porque ciertas formas de precaución tienen un costo mucho mayor de lo que parece.

Hábito 1: dejar de hacer cosas que todavía funcionan

La interpretación más común sobre la renuncia indica que llega cuando algo fracasa: dejar un trabajo que se volvió insatisfactorio, abandonar un proyecto estancado o descartar un plan que claramente no tiene futuro. En cambio, renunciar a algo que va bien, como un puesto estable, un sueldo decente o un camino sin problemas aparentes, suele parecerle a la mayoría de las personas un desperdicio de algo valioso.

Sin embargo, los psicólogos advierten que el error opuesto resulta mucho más frecuente y difícil de detectar. Un estudio de 2018, publicado en Academy of Management Annals, describe este patrón, conocido como escalada del compromiso, como la tendencia ampliamente documentada a mantener una línea de acción precisamente porque ya se destinó demasiado a ella. Los años de servicio acumulados empiezan a funcionar como un argumento para dedicarle todavía más tiempo. Así, lo que ya se invirtió parece que debe pesar en la decisión, aunque resulte imposible recuperarlo.

SE PUEDE USAR/Dejar un proyecto o trabajo        (Foto: Ilustración creada con IA)
Dejar una situación estable puede abrir nuevas oportunidades antes de que la comodidad termine limitando el crecimiento profesional (Foto: Ilustración creada con IA)

Existe una segunda razón por la que conformarse con lo "bueno" puede resultar peligroso para el crecimiento. Los investigadores especializados en toma de decisiones describen una tensión central que denominan disyuntiva entre exploración y explotación: probar nuevas alternativas o aprovechar al máximo los beneficios de una opción ya conocida. Un estudio de 2023, publicado en Frontiers in Psychology, reveló que esa misma tensión también influye en las decisiones reales que toman los líderes de las organizaciones y no queda limitada a modelos abstractos.

Aprovechar una buena opción parece racional en cada momento y, justamente por eso, muchas personas terminan por abusar de ella. Cada año destinado a sostener algo aceptable representa un año en el que no se obtiene información sobre qué otra alternativa podría haber resultado mejor, y ese costo nunca aparece reflejado en un balance. Su efecto se traduce en una reducción de las posibilidades.

Lo que parece imprudente, en realidad, es la voluntad de considerar lo "suficientemente bueno" como una decisión consciente y no como la opción automática. Quienes dejan situaciones que todavía funcionan suelen hacerlo cuando aún conservan energía, alternativas y buena voluntad, porque ese es el único momento en el que irse tiene un costo menor.

Hábito 2: comprometerse antes de sentirse preparado

El segundo hábito consiste en aceptar algo para lo que todavía no se está preparado: una charla que aún no se organizó, un puesto que exige más experiencia de la que se tiene o un cliente al que ni siquiera existe la certeza de poder atender.

La objeción habitual parece evidente: así es como una persona puede quedar en ridículo. Y, a veces, ocurre. Sin embargo, la estrategia alternativa, esperar a desarrollar bien una habilidad y después asumir el compromiso, parte de un modelo de aprendizaje que la investigación no respalda. La competencia rara vez aparece antes de que resulte necesaria. Se desarrolla a partir de la exigencia.

La investigación sobre la autoeficacia, una de las áreas más estudiadas de la psicología, apunta de manera consistente en esa dirección. Un metaanálisis de 2017 sobre autoeficacia académica, publicado en el Journal of Counseling Psychology, reveló que la confianza en la propia capacidad se construye principalmente a partir de experiencias de dominio: enfrentar tareas difíciles y superarlas. La confianza no constituye un requisito previo para intentarlo, sino una consecuencia. Esto significa que quien espera sentirse preparado aguarda una recompensa que solo aparece después de intentarlo.

SE PUEDE USAR/Conferencia, Oratoria, Exposición     (Foto: Ilustración creada con IA)
Aceptar desafíos antes de sentirse completamente preparado puede acelerar el aprendizaje y fortalecer la confianza en las propias capacidades (Foto: Ilustración creada con IA)

Acá también entra en juego la motivación. Un metaanálisis de 2023, publicado en el Journal of Vocational Behavior, reveló que las personas entran con mayor facilidad en un estado que los psicólogos denominan "flow" cuando una tarea supera ligeramente su capacidad actual: el desafío debe ser suficiente para percibir avances, pero no tan grande como para sentirlo como una amenaza. Un trabajo completamente cómodo no necesariamente es seguro. Puede volverse monótono, y la monotonía también tiene costos a largo plazo.

La diferencia clave está en distinguir entre una apuesta viable y otra que no lo es. Aceptar un proyecto ambicioso no equivale a asumir un riesgo que, ante un fracaso, podría terminar con una carrera profesional. Quienes parecen temerarios pero alcanzan el éxito suelen apostar por pequeños experimentos recuperables en rápida sucesión, en lugar de jugarse todo a una única apuesta arriesgada.

Lo que estos dos hábitos tienen en común

Ambas posturas comparten una misma lógica: impedir que la comodidad de corto plazo determine una decisión con consecuencias a largo plazo. Seguir en un trabajo y esperar hasta sentirse preparado pueden parecer decisiones sensatas en el momento, pero resultar costosas con el paso del tiempo. Aun así, mientras se sostienen, ambas suelen interpretarse como elecciones prudentes.

SE PUEDE USAR/Tomar una decisión, elegir entre dos opciones, cambiar de rumbo          (Foto: Ilustración creada con IA)
Evitar todos los riesgos también tiene un costo: algunas decisiones incómodas pueden ampliar las posibilidades a largo plazo (Foto: Ilustración creada con IA)

Ese es el punto que vale la pena destacar. La ausencia de estos hábitos casi nunca se presenta como miedo. Puede aparecer bajo la forma de paciencia, lealtad, disciplina e incluso profesionalismo. Una persona puede pasar una década con una conducta intachablemente responsable y, al final, descubrir que terminó en un lugar que nunca eligió.

Nada de esto justifica actuar por impulso. Lo que demuestra es que el riesgo tiene dos caras y que la mayoría de las personas suele mirar solo una. El costo de una mala decisión resulta visible e inmediato. En cambio, el costo de evitar cualquier error se acumula en silencio, hasta alcanzar una dimensión que pocos advierten antes de que pase demasiado tiempo.

*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com.

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