La Fundación Cervieri Monsuárez inaugura su programa de exposiciones 2026 el próximo lunes 5 de enero con The Office of Inter-American Affairs Presents: Uruguay, un proyecto de Ana Segovia concebido especialmente para el espacio de la institución.

La muestra, que podrá visitarse del 6 de enero al 5 de abril, combina pintura, instalación y performance, y propone una lectura crítica sobre los modos en que se construyen y circulan ciertos imaginarios culturales en América Latina. La curaduría está a cargo de Magalí Arriola.
La Fundación Cervieri Monsuárez se ha consolidado en los últimos años como un espacio de referencia para el arte contemporáneo en la región, con un programa que articula exposiciones y proyectos de investigación. Su agenda combina producción local e internacional, con especial atención a prácticas que dialogan con el contexto político, social y cultural del Cono Sur. En esa línea se inscribe esta exhibición, pensada en estrecha relación con la arquitectura y las capas simbólicas del lugar.
El punto de partida del proyecto de Ana Segovia son dos cortos documentales producidos en Estados Unidos durante las décadas de 1940 y 1950, en el marco de la llamada Política del Buen Vecino. “En esta como en otras muestras, Segovia examina cómo ciertas representaciones han contribuido a moldear imaginarios colectivos en torno a las nociones de identidad –individual y colectiva–, a través de la utilización de géneros como el retrato o el paisaje, y de conceptos como la masculinidad, revelando los cruces entre mito, archivo y cultura popular", comenta Magali Arriola.

A partir de ese archivo audiovisual, Segovia analiza cómo América Latina fue representada desde una mirada simplificada y estereotipada, en la que figuras como la del gaucho aparecen modeladas según el imaginario del western estadounidense. La artista desarma esa operación visual utilizando tres encuadres clásicos del lenguaje cinematográfico, el plano general, el plano medio y el primer plano, traducidos a un mismo formato pictórico que funciona como una instalación expandida.
El proyecto se completa con una instalación sonora en el subsuelo de la Fundación, que será activada mediante un programa especial de performances los días 5, 6 y 7 de enero, en colaboración con el Instituto Nacional de Artes Escénicas de Uruguay. A través del paisaje local y la tradición del planismo uruguayo, en particular con la obra de Petrona Viera, la muestra propone una relectura situada del mito del gaucho y abre una reflexión más amplia sobre masculinidad, trabajo y representación.
Sin querer mostrar moralejas, la obra avanza con la calma de quien sabe que revisar el pasado es también una forma de discutir el presente. En diálogo con Forbes Argentina, Ana Segovia contó sobre la importancia de esta obra para ella, de lo que busca en el espectador y la ruptura del estereotipo de lo masculino.

¿Qué fue lo que más te interesó revisar hoy de esas imágenes y por qué sentiste que era necesario volver sobre ellas?
Los videos surgen de una investigación sobre el guacho y el paisaje uruguayo. Es así, como encontré estos cortometrajes mostrando cómo Estados Unidos construyó imágenes del sur en los años cuarenta y cincuenta. Me interesó revisar estos documentales porque, aunque visualmente fueron atractivos para la época, están atravesados por una mirada simplificadora, casi propagandística. Volver a esas imágenes era necesario para evidenciar ese discurso y, al mismo tiempo, cambiarlo: desplazar la narrativa original y tensionar la forma en que esos paisajes y figuras fueron representados desde un primer momento.
El gaucho aparece representado desde el modelo del cowboy. ¿Qué fue lo que más te llamó la atención de ese "cruce imaginario"?
Lo que más me llamó la atención de los videos fue cómo el gaucho es traducido casi
automáticamente al código del cowboy: una figura heroica, masculina y domesticada para el
consumo visual. Ese cruce imaginario borra especificidades culturales y convierte al gaucho en un estereotipo reconocible para una mirada estadounidense. Me interesó señalar esa operación de traducción forzada y pensar cómo ese desplazamiento revela más sobre quién mira que sobre el personaje representado.
¿Qué te aporta el cine a la hora de pensar la imagen y el relato en tu trabajo?
El cine me aporta una forma de pensar la imagen como secuencia y como construcción de relato, incluso dentro de un solo cuadro. Me interesa cómo el encuadre, el fuera de campo y la edición condicionan lo que se ve y lo que queda oculto, casi como si estuviéramos hablando de un montaje para el ojo. Al trasladar esos recursos a mi obra, puedo crear una imagen y cargarla de una narrativa donde el tiempo, la realidad y la ficción quedan sugeridos más que explícitos.
Esas imágenes del cine y la cultura popular son muy reconocibles. ¿Qué te interesa que le ocurra al espectador cuando se enfrenta a algo que cree conocer, pero ve de otra manera?
No busco romper la referencia ni distorsionarla de manera brutal, sino más bien recontextualizarla. Eso es lo que me interesa: que el espectador se quede con esa sensación de que algo ha cambiado.

La masculinidad es uno de los ejes en tu obra. ¿Cómo se ponen en cuestión, en esta muestra, los roles de género y esos símbolos de poder asociados a esa masculinidad?
Lo que me interesa es mostrar a través de los gestos, las posturas, las imágenes que utilizo, tratar de cuestionar el estereotipo de lo masculino, de mostrar que detrás de la aparente solidez de los símbolos que lo rodean hay complejidad y contradicción. Lo que intento es generar una tensión entre lo que se espera de la masculinidad y lo que realmente es, desafiando la idea de que la fuerza es lo único que define a una figura masculina. Al poner en duda estos símbolos, también abro espacio para que se reconozca una masculinidad más plural y fluida.


