El nombre de Larry Page nunca dejó de pesar en Google, aunque su presencia pública se volvió cada vez más escasa. Ahora, con la compañía otra vez metida en la pelea grande por la inteligencia artificial, su figura recuperó centralidad y volvió a ganar valor en el tablero tecnológico global.
Cumplió 53 años y lo hizo en uno de los momentos de mayor peso económico de su carrera. El cofundador de Google figura hoy en el puesto número 2 del ranking global de multimillonarios de Forbes, con una fortuna estimada en US$ 240.400 millones, cuando hace un año, la misma lista lo había ubicado en el séptimo lugar.

La explicación principal de este salto estuvo en las acciones de Alphabet. De hecho, Reuters informó que las acciones clase A del grupo subieron cerca de 65% en 2025 y que la empresa llegó a tocar una valuación de US$ 4 billones el 12 de enero de 2026.
Los cofundadores de Google casi duplicaron sus fortunas en el último año, después de que las acciones de Alphabet treparan 80%. En noviembre, el gigante tecnológico lanzó su modelo más reciente de inteligencia artificial, Gemini 3, que entrenó con chips propios y no con los de Nvidia, y superó a ChatGPT de OpenAI en algunas métricas clave.
Esto explica por qué Page escaló tan fuerte en la lista de fortunas. Forbes remarcó que su patrimonio avanzó hasta US$ 240.400 millones y lo dejó por delante de nombres como Jeff Bezos y Mark Zuckerberg. Por eso, es muy claro que este cumpleaños llega en una nueva etapa de valorización para el negocio que tanto él como su socio, Sergey Brin, crearon en 1998 y que hoy tiene a la IA como motor principal de su relato frente al mercado.
Se sabe que, aunque dejó el cargo ejecutivo máximo hace más de seis años, Page no desapareció de la estructura real de poder de Alphabet. Sin ir más lejos, el reporte anual de la empresa señaló que, al 31 de diciembre de 2025, Page y Brin concentraban cerca del 89,3% de las acciones clase B y alrededor del 52,7% del poder total de voto.

Page llega a los 53 como uno de los hombres más ricos del planeta, con un perfil público muy bajo, una presencia formal todavía fuerte dentro de Alphabet y una nueva ola de interés alrededor suyo por dos motivos: el repunte bursátil de Google y su reaparición, aunque lateral, en la conversación sobre el futuro de la IA.
La salida de 2019: el día en que cedió el mando de Alphabet
Cuando el 3 de diciembre de 2019, Larry Page anunciaba que dejaba el cargo de CEO de Alphabet y que Sundar Pichai, que ya conducía Google, pasaría a liderar las dos compañías, todo era incertidumbre. Porque además, en el mismo movimiento, Sergey Brin dejó la presidencia.
La carta oficial que firmaron ese día resumía la lógica del cambio con una frase precisa: “Alphabet and Google no longer need two CEOs and a President”. También agregaron que la estructura ya estaba consolidada y que era un momento natural para simplificar la gestión.
La renuncia de ambos tuvo un efecto simbólico fuerte porque marcó el cierre de una etapa. Page, por ejemplo, había sido CEO de Google hasta 2001, volvió a ese cargo en 2011 y luego pasó a ser CEO de Alphabet en 2015, cuando la empresa reorganizó su mapa corporativo.
Lo que hizo esa reestructuración fue separar el negocio central de publicidad y búsquedas de las llamadas “Other Bets”, entre ellas Waymo, Verily y otras unidades de largo plazo. Sin embargo, cambio no alteró el centro de gravedad real dentro de la compañía.

Pese a la renuncia, Page y Brin mantenían la mayoría del poder de voto y, por lo tanto, la capacidad de aprobar o bloquear decisiones relevantes del directorio. El hecho de que Page soltara el cargo formal no implicó una pérdida de control societario. Sí movió la carga de la representación pública, regulatoria y operativa hacia Pichai, que quedó como la cara visible del grupo en una etapa de presión antimonopolio cada vez más marcada en Estados Unidos y Europa.
En esos años, Google enfrentó cuestionamientos regulatorios, tensiones con empleados y discusiones sobre el alcance de su poder en el negocio digital. El traspaso dejó a Pichai como principal interlocutor ante Washington y alivió a los fundadores de una exposición que ya evitaban.
Con el paso del tiempo, el cambio terminó por afianzarse. Pichai administró la empresa en la etapa posterior, atravesó la aceleración de la nube, el golpe de ChatGPT, el relanzamiento interno de la estrategia de IA y el nuevo ciclo de crecimiento bursátil.
Del silencio público a una nueva apuesta con IA
Ahora bien, lo que muchos desconocen es en qué invirtió su tiempo Larry Page, tras liberar su agenda. Y esto tiene que ver, sobre todo, con el perfil todavía más bajo que decidió tomar luego de su renuncia como CEO.
No dio muchas entrevistas, no se transformó en una voz pública sobre innovación y casi no apareció en eventos. Su nombre reapareció, más bien, por emprendimientos puntuales, movimientos patrimoniales y reportes sobre su vida fuera de la rutina de Google.
Uno de los proyectos más conocidos de esa etapa fue Kitty Hawk, la startup de vehículos aéreos vinculada a su interés por la aviación. Sin embargo, la apuesta, que durante años alimentó la idea de los “autos voladores”, perdió fuerza y cerró operaciones en septiembre de 2022.
El caso dejó una marca porque condensó un rasgo típico de Page: su fascinación por los proyectos de ingeniería extrema. La empresa no prosperó, pero mostró que, aun fuera de Alphabet, seguía dispuesto a financiar desarrollos de frontera. Parte de esos activos quedó conectada con otras iniciativas aéreas, entre ellas Wisk, la compañía que continuó dentro de la órbita de Boeing.
El dato más relevante de su etapa posterior apareció recién en 2025. Page se colocó detrás de una nueva startup de IA llamada Dynatomics, orientada a usar inteligencia artificial para optimizar el diseño de productos en fábricas. El proyecto quedó bajo la conducción de Chris Anderson, ex CTO de Kitty Hawk, y abrió una pista valiosa sobre el interés actual de Page: menos foco en plataformas de consumo masivo y más atención a la aplicación industrial de la IA.

La idea no giró alrededor de otro buscador ni de una red social, sino de un uso más silencioso de la inteligencia artificial: diseñar objetos, acortar ciclos de producción y mejorar procesos industriales. No hubo presentación pública estridente ni una campaña de promoción personal. Hubo, en cambio, una señal clara de que Page siguió apostando por construir.
A fines de 2025 y comienzos de 2026, su nombre apareció otra vez por una decisión ligada al patrimonio. Forbes informó que gastó alrededor de US$173,5 millones en dos propiedades en Miami y vinculó ese movimiento con la discusión por un posible impuesto a la riqueza para multimillonarios en California. Distintos reportes ubicaron la compra en el cierre de 2025 y remarcaron que varias sociedades asociadas a Page empezaron a mover su base fuera del estado.
Ese traslado patrimonial no resultó menor. A esa altura, Page ya no necesitaba una vidriera pública para influir ni para proteger su capital. Su manera de actuar se volvió mucho más indirecta: sostuvo posiciones de control en Alphabet, siguió con inversiones propias y eligió geografías más favorables para administrar su patrmonio.
Su peso en Google hoy: director, accionista clave y voz estratégica en la carrera por Gemini
Aunque no volvió a un cargo ejecutivo, Larry Page tampoco quedó aislado del presente de Google. El documento anual de Alphabet dejó en claro que la estructura accionaria todavía le dio, junto con Sergey Brin, poder real de voto sobre la compañía. Esa palanca explica por qué su influencia siguió viva aun cuando las decisiones del día a día quedaron bajo la órbita de Sundar Pichai y del equipo ejecutivo. Page conservó una silla en el directorio y un poder accionario suficiente para incidir en discusiones mayores.
El área donde más se notó esa persistencia fue la inteligencia artificial. Después del impacto que provocó ChatGPT a fines de 2022, Google llamó a sus cofundadores para revisar la estrategia de la empresa. Business Insider, al citar una información de The New York Times, sostuvo en enero de 2023 que Alphabet recurrió a Page y Brin en medio de una alerta interna sobre el nuevo escenario competitivo. La señal resultó potente porque mostró que, aun sin despacho ejecutivo, los dos seguían disponibles para intervenir cuando la compañía sentía amenazada una parte central de su negocio.

Esa influencia volvió a quedar expuesta en 2026. En una entrevista publicada por Fortune en febrero, Demis Hassabis, jefe de Google DeepMind, dijo que Sergey Brin trabajó muy metido en la cocina técnica de proyectos recientes y que Larry Page también se involucró, aunque “in more strategic ways”. La frase no lo ubicó como gestor operativo ni como ingeniero de trinchera. Lo mostró, más bien, como una voz de orientación, alguien que participa en la definición del rumbo y en discusiones amplias sobre recursos, apuestas y prioridades.
Ese matiz importa porque ayuda a leer su presente con más precisión. Page no actúa hoy como un CEO en las sombras. Tampoco encaja en la figura del fundador retirado que observa a distancia. Ocupa un punto intermedio: director, accionista de control y consejero con peso estratégico en el momento más sensible de la empresa, cuando Google intenta sostener su negocio histórico y, al mismo tiempo, disputar el liderazgo en la carrera por la IA generativa.
Ese escenario tuvo una traducción directa en su fortuna. El mercado premió la percepción de que Alphabet volvió a tener una narrativa sólida en IA. Reuters sostuvo que Gemini 3, el crecimiento de Google Cloud, la mejora de los márgenes y una lectura más optimista sobre el negocio publicitario empujaron a la empresa hasta la zona de los US$4 billones de valuación. Como buena parte del patrimonio de Page siguió atada a sus acciones en Alphabet, cada avance bursátil impactó de manera inmediata en su lugar dentro del ranking de multimillonarios.
Por eso su cumpleaños número 53 no quedó atado solo a una efeméride personal. Llegó en una etapa en la que su nombre volvió a cruzarse con las discusiones más calientes de la industria tecnológica. Por un lado, porque su riqueza creció al ritmo del nuevo entusiasmo alrededor de Google. Por otro, porque su figura siguió dentro del circuito de decisiones que marcaron la respuesta de la compañía frente a la ola de la IA.
Page ya no maneja la empresa como en otra época, pero tampoco salió del mapa. Este 26 de marzo, su actualidad mostró eso con nitidez: menos exposición, la misma capacidad de influir y una fortuna que volvió a empujarlo a la cúpula global.