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Dólar en retroceso: dónde están ganando plata los inversores que leyeron antes el cambio de ciclo

Jason Kirsch

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Con la Fed más flexible y una rotación global hacia el oro, el Bitcoin, commodities y acciones fuera de Estados Unidos, el retroceso del dólar dejó de ser un dato de contexto para convertirse en una fuente concreta de retornos para quienes reacomodaron a tiempo su cartera.

12 Abril de 2026 08.00

La caída del dólar en los últimos 18 meses fue sostenida, marcada y, para muchos inversores individuales, una variable de cartera bastante subestimada. La moneda estadounidense cerró 2025 con una baja cercana al 9% frente a una canasta de monedas de sus principales socios comerciales, su peor desempeño anual en más de una década.

Además, perdió más terreno en 2026, mientras la Reserva Federal sostuvo una postura más flexible y la incertidumbre por los aranceles complicó las perspectivas de crecimiento de Estados Unidos. Si tu cartera está nominada en dólares, pero incluye activos relevantes en otras monedas, o si tenés posiciones en materias primas, acciones internacionales o renta fija con exposición cambiaria, este contexto no funciona como un telón de fondo pasivo: incide de lleno en los retornos.

Por qué este ciclo del dólar es distinto

La debilidad del dólar no resulta extraña en un ciclo de baja de tasas por parte de la Fed. Cuando las tasas de interés de Estados Unidos caen en relación con las de otras economías, se achica la ventaja de rendimiento que atrae capital global hacia los activos nominados en dólares y, por lo general, la moneda se debilita. Esa es la explicación cíclica y también la principal razón de lo que pasa ahora. La Fed recortó la tasa de referencia a un rango de 3,50% a 3,75% hacia fines de 2025 y el mercado ya descontó nuevas bajas, mientras el Banco Central Europeo avanzó con menos agresividad y el Banco de Japón mantuvo la normalización de su política monetaria tras años de estímulo extremo.

Lo que distingue a este episodio de otros ciclos de caída del dólar es la coincidencia de varias fuerzas simultáneas. En primer lugar, el contexto geopolítico y de política comercial abrió interrogantes, aunque todavía resulten prematuros, sobre el estatus del dólar como moneda de reserva. El hecho de que Estados Unidos mantenga déficit aun con pleno empleo, sumado a políticas arancelarias que rompieron vínculos comerciales tradicionales, llevó a algunos inversores institucionales a revisar su exposición estructural al dólar.

Billetes De 100 Dólares Estadounidenses
La debilidad del dólar no resulta extraña en un ciclo de baja de tasas por parte de la Fed.

En segundo término, la apuesta por la pérdida de valor de la moneda tomó un impulso inusual: el oro superó los US$ 4.400 por onza, Bitcoin alcanzó máximos históricos por encima de los US$ 125.000 y los flujos de capital dejaron ver una rotación relevante hacia activos que no están nominados en dólares y hacia activos duros. Por último, por primera vez en años, los mercados accionarios internacionales muestran perspectivas de crecimiento de ganancias realmente competitivas, lo que redujo la prima de Estados Unidos que justificaba una sobreponderación en dólares.

Los analistas de ING señalaron que la debilidad actual responde más a factores cíclicos que estructurales, y esa lectura probablemente sea correcta. El dólar sigue presente en uno de los lados de cerca del 89% de las transacciones globales de divisas, y la diversificación de reservas fuera de la moneda estadounidense constituye una historia de décadas, con avances medidos en décimas de punto porcentual por año, y no un derrumbe repentino. De todos modos, una debilidad cíclica puede extenderse en el tiempo, e incluso un movimiento sostenido desde los niveles actuales hacia la zona de 90 a 95 puntos en el DXY, nivel que varias proyecciones institucionales ya ubican para fin de año, tiene consecuencias concretas sobre las carteras.

Materias primas y la relación inversa con el dólar

La relación entre el dólar y los precios de las materias primas figura entre las correlaciones macro más confiables de los mercados financieros. La mayoría de las materias primas que se negocian a escala global, como el petróleo, el oro, el cobre y los productos agrícolas, cotizan en dólares. Cuando la moneda estadounidense cae, aumenta el poder de compra de los compradores fuera de Estados Unidos y eso respalda la demanda. A la vez, un dólar más débil baja el peso de los costos para los productores de materias primas en términos de moneda local, lo que vuelve más viable una expansión de la oferta desde el punto de vista económico. El resultado neto, en términos históricos, muestra que los precios de las materias primas suelen moverse en sentido inverso al dólar, con excepciones en momentos de shocks de demanda.

Acciones
La relación entre el dólar y los precios de las materias primas figura entre las correlaciones macro más confiables de los mercados financieros.

La suba récord del oro por encima de los US$ 4.400 por onza refleja en parte ese fenómeno, aunque las compras de los bancos centrales y la prima por riesgo geopolítico potenciaron el movimiento más allá de lo que explicaría solo la debilidad del dólar. El avance del petróleo hacia los US$ 100 por barril también responde a una mezcla entre el impulso que aporta un dólar más débil y la prima vinculada a disrupciones en la oferta. Si evaluás exposición a materias primas, conviene diferenciar qué parte del movimiento responde a la dinámica del dólar, y por lo tanto podría revertirse si la moneda se fortalece, y qué parte refleja cambios más de fondo en la oferta y la demanda, menos sensibles al mercado cambiario.

La decisión de cubrir el riesgo cambiario en la exposición internacional

La decisión de cubrir o no la exposición cambiaria en una cartera internacional parece simple, pero enseguida suma complejidad. En un contexto de caída del dólar, una posición sin cobertura se beneficia del efecto de conversión de moneda. Pero los regímenes cambiarios cambian y el dólar puede darse vuelta con fuerza ante un episodio de aversión global al riesgo, ya sea por una escalada geopolítica, un shock financiero o una pausa inesperada de la Reserva Federal que reactive la demanda de dólares como refugio. Incluso en un escenario de debilidad estructural del dólar, la volatilidad dentro de un mismo año puede ser considerable.

Para la mayoría de los inversores, el marco más útil consiste en analizar el horizonte de inversión y el objetivo de la asignación internacional. En una estrategia de largo plazo, pagar una cobertura cambiaria permanente puede restarle retorno a la cartera por el costo de la cobertura y por los diferenciales entre precios de compra y venta, sobre todo cuando el porcentaje cubierto exige ajustes frecuentes. En cambio, para posiciones tácticas de corto plazo, o para inversores que de verdad no toleran la volatilidad adicional de una exposición cambiaria sin cobertura, los vehículos cubiertos permiten una exposición más limpia al mercado accionario.

*Este artículo fue publicado originalmente en Forbes.com.

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