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Florencia Pucciano
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Florencia Pucciano
Matías Yardino

Ser inversora ángel en Uruguay: las claves y aprendizajes de Florencia Pucciano

Mathías Buela

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Economista, exgerenta de una multinacional de commodities y hoy inversora ángel en startups uruguayas. A los 37 años apuesta por emprendedores en un ecosistema donde pocas mujeres se sientan a la mesa.

4 Junio de 2026 08.00

Hay algo que Florencia Pucciano repite con una convicción que suena a una conclusión lenta, trabajada con el tiempo y sin adornos. Es la misma economía de palabras que probablemente usaba cuando trabajaba para una de las mayores traders de commodities del mundo porque, se puede notar, diez años en ese lugar le enseñaron a no dramatizar. Dice que quiere ayudar al Uruguay. 

Pucciano tiene 37 años, es economista y pasó más de una década como gerente de riesgo regional en una multinacional de trading de commodities. No es el currículum de alguien que después termina apostando por startups en etapas tempranas. Pero en 2023, cuando decidió salir de ese mundo, tampoco tenía del todo claro adónde iba.

"Me tomé un tiempo para pensar", dice en diálogo con Forbes Uruguay. Literalmente se tomó un año antes de comprometerse con algo nuevo. Ese año lo usó para leer, hacer cursos y, sobre todo, para visitar Silicon Valley con la universidad donde hoy trabaja. Ahí vio de cerca cómo funcionan los inversores ángeles, qué preguntan, en qué se fijan, cómo razonan. Algo hizo clic.

Hoy coordina emprendimientos en el Centro de Innovación y Emprendimiento (CIE) de la Universidad ORT en Uruguay y es miembro de URUCAP, la red de inversores ángeles de Uruguay. Hasta ahora invirtió en cuatro startups nacionales en etapas tempranas, todas con algo en común según su propia lectura: resuelven algo concreto en la vida cotidiana de las personas.

Las cuatro son Viatik, plataforma de movilidad; Lumepic, que ayuda a fotógrafos a monetizar imágenes que de otro modo no venderían; Ordereat, enfocada en las cantinas de colegios y las pymes que las gestionan; y Volamos.com, una agencia de viajes que opera completamente online con inteligencia artificial. No son emprendimientos que compitan por contratos corporativos ni que apunten a optimizar procesos internos de grandes empresas. Son proyectos que apuntan a resolver cuestiones cotidianas.

En total lleva invertidos unos US$ 140.000 en startups. "Como inversora, los emprendimientos que resuelven problemas de las corporaciones grandes no me mueven", reconoce. "Los ayudo igual, mentoreo o conecto en lo que necesiten, pero donde yo invierto es en otra cosa", asegura.

Es una tesis de inversión que tiene menos que ver con proyecciones financieras y más con algo parecido a la intuición acumulada de haber gestionado riesgo durante años y saber, de alguna manera visceral, cuándo algo tiene sentido.

¿Y qué pasa con el rendimiento? Pucciano dice que no invierte para buscar un retorno. Que cuando le pone plata a un emprendedor, lo que le transmite es que quiere ver un impacto, que quiere que crezca y que si no funciona, ya sabía el riesgo que implicaba. No le pide explicaciones. 

“Quizás hay otros inversores que buscan un rendimiento. Yo sí quiero que les vaya bien, pero mi propósito último es el impacto y que crezcan, ver desarrollar un poco la economía uruguaya”.

La mesa donde falta una silla

Entrar a URUCAP fue un proceso. La red tiene requisitos: membresía anual, un miembro que te invite y experiencia previa invirtiendo en startups. Dentro el ecosistema es pequeño y, como en casi todos los mundos de inversión, predominantemente masculino. 

La economista no lo vive como un problema personal pero sí como un dato que le parece relevante señalar. "Me gustaría que haya más mujeres", dice. Una noche fue a una cena de inversores, eran diez en la mesa y ella era la única mujer. Alguien le preguntó si se sentía incómoda. "Para nada", respondió. 

Lo que sí le preocupa es el momento en que el sistema pierde a las mujeres que podrían emprender. Explica que un estudio reciente elaborado por la Dra. María Messina, profesora de Emprendedurismo y Administración, sobre liceos uruguayos, mostró que la actitud emprendedora entre varones y mujeres es prácticamente idéntica en esa etapa. 

El quiebre viene después, probablemente en la universidad, por razones que todavía no están del todo diagnosticadas. Desde su lugar en el CIE, donde hay más de 700 emprendedores activos, armó una comunidad interna para las mujeres.

"Cuando un grupo representa menos de un tercio del total, ese grupo se siente en desventaja, se siente sin voz", explica. La respuesta fue organizar encuentros, traer referentes, mostrar casos de mujeres que emprendieron y les fue bien, algunas además madres. La comunidad arrancó el año pasado, ya tiene 60 miembros y los eventos se hacen cada dos meses.

Hay algo llamativo en cómo Pucciano habla de su trabajo en el centro. Cuando entró, dice, tenía la sensación de que todo lo que pasaba ahí adentro debería cambiar el mundo. Salía a la calle y veía la realidad del día a día y pensaba: ¿cómo puede ser que afuera no se note nada? Duró tres semanas en ese estado. Después cayó en la cuenta de que sí está pasando, pero de forma fragmentada, de a poco, invisible para quien no está cerca.

"Uno que tiene el placer de pertenecer a este mundo puede disfrutarlo", asegura. Su consejo para quien quiera meterse en inversiones ángeles es coherente con esa lógica. Primero, ser consciente del riesgo. Segundo, no tirarse solo a la piscina. Acercarse a quienes ya invirtieron, hacer comunidad, compartir la experiencia. "Si no hablás con otros, tu aprendizaje se va a limitar muchísimo", asegura. Y agrega algo que pocas veces se escucha con esa honestidad en este mundo: que tener experiencia en inversiones tradicionales ayuda, pero que no hay que creer que porque uno sabe de finanzas ya sabe de esto. Son animales distintos, cierra.

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