La apuesta de Amazon por convertir su red de satélites Leo en el principal rival de Starlink recibió un revés técnico y regulatorio de peso: el cohete New Glenn, central en su estrategia de lanzamientos, quedó “grounded” -el término técnico que utiliza la FAA para dejarlo en tierra- tras un fallo en su última prueba de vuelo.
La Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA) anunció que Blue Origin, la empresa aeroespacial de Jeff Bezos, debe suspender operaciones de su cohete y llevar a cabo una investigación exhaustiva por el incidente, lo que podría retrasar el regreso de New Glenn a los cielos por varios meses.
El episodio se produjo durante el tercer lanzamiento del New Glenn, de 98 metros de altura, cuando el cohete logró reutilizar y aterrizar su primer etapa con éxito, pero no consiguió colocar el satélite que transportaba en la órbita objetivo.
Según Dave Limp, CEO de Blue Origin, uno de los motores del lanzador “no proporcionó suficiente empuje” para que el satélite alcanzara la órbita deseada. “Blue Origin está liderando la investigación del incidente con supervisión de la FAA para aprender de los datos e implementar las mejoras necesarias para volver lo antes posible a las operaciones de vuelo”, escribió Limp en un mensaje en X.
Un golpe al cronograma de Leo
New Glenn es un pilar estratégico para Amazon porque es el cohete que puede transportar más satélites en una sola misión que cualquier otro disponible para la compañía. Amazon ya tiene acumulados alrededor de 240 satélites en órbita, una cifra pequeña comparada con los más de 10.000 que ya opera SpaceX con su constelación Starlink.
Para acortar esa brecha, el gigante de la nube necesitaba una cronología de lanzamientos agresiva ya que planea colocar cerca de 700 satélites en el espacio a mediados de año, con hasta tres lanzamientos al mes en el camino hacia el plazo de julio dictado por la Federal Communications Commission (FCC).
Panos Panay, jefe de dispositivos y servicios de Amazon, resumió el desafío técnico y logístico en una frase: “Ahora lo importante es el ritmo de lanzamientos... y ahí es donde hay que centrar los esfuerzos”, afirmó Panay. “Es un momento de gran actividad y esta constelación se llenará rápidamente en los próximos seis a nueve meses. A una velocidad impresionante”.

Sin embargo, el llamado de “grounding” (mantenerse en tierra) de New Glenn puede desacelerar la marcha del programa espacial. La FAA solo permitirá que los lanzamientos se reanuden una vez autorice el “retorno a las operaciones de vuelo”, lo que implica una revisión capa por capa de los sistemas del cohete y la implementación de correcciones.
Analistas consultados por el diario británico Financial Times coinciden en que el proceso podría consumir varios meses, y que el tiempo de reacondicionamiento puede ser aún mayor dada la naturaleza “nueva” del vehículo.
En ese sentido, Caleb Henry, analista de Quilty Space, estimó que New Glenn podría permanecer fuera de servicio al menos tres meses más. “Pero hay que acordarse que es un cohete nuevo, así que los tiempos de retorno al vuelo pueden ser más largos”, subrayó.
Más presión hacia proveedores externos
Con uno de sus proveedores internos más importantes en standby, Amazon se ve obligado a apretar el ritmo de lanzamientos con otros actores. El gigante espacial tiene programado alrededor de 13 lanzamientos comprometidos con SpaceX de Elon Musk, su competidor, aunque la mayoría de sus 102 vuelos contratados están reservados con Blue Origin y United Launch Alliance (ULA).
La dependencia de terceros se profundiza en un contexto de incidentes recientes: la FAA también suspendió temporalmente los lanzamientos del Vulcan, el cohete pesado de ULA, en febrero. Junto con el percance de New Glenn, eso genera un embudo en la industria de lanzamientos y obliga a Amazon a gestionar una cadena de logística cada vez más apretada.
La compañía reconoció que estos groundings han “afectado” su cronograma de despliegue de satélites, aunque reiteró que mantiene “muchos lanzamientos” programados en las próximas semanas, incluyendo despegues con Arianespace y ULA.
Josh Parker, socio sénior de Capstone, una consultora de Washington, advirtió que la carga de trabajo se desplaza directamente a otros proveedores comunes. “Esto aumenta la presión sobre Amazon para que no dependa de terceros”, dijo, y estimó que el análisis regulatorio podría demorar “varios meses” antes de que la FAA permita que New Glenn vuelva a operar.
El contexto geopolítico y de competencia
El retraso de New Glenn llega en un mercado de satélites de baja órbita (LEO) cada vez más concentrado alrededor de SpaceX, que no solo mantiene la constelación más grande, sino que también ofrece capacidad de lanzamiento propia a Amazon y a otros competidores.
La red de Leo aspira a competir directamente con Starlink, ofreciendo conectividad global de banda ancha diseñada para conectar zonas remotas y empresas con mayor demanda de datos.
No obstante, la dependencia de cohetes de terceros y la interrupción en la producción propia de Blue Origin restan control estratégico a Amazon sobre su propio cronograma. Mientras SpaceX dispone de una infraestructura de lanzamientos propia y una regularidad de despegues efectiva, Amazon debe ajustarse a fechas, capacidad de carga y normas de otros actores, lo que reduce su margen de maniobra frente a cualquier imprevisto regulatorio o técnico.

En este contexto, el grounding de New Glenn no solo es un incidente operativo: es un recordatorio de que competir con Starlink no depende solo de diseños satelitales o de alianzas comerciales, sino de una cadena de lanzamientos confiable y predecible. Si Blue Origin demora meses en normalizar el cohete y Amazon se ve forzado a utilizar más vuelos de SpaceX, la ventaja de tiempo y escala de Elon Musk se consolidaría aún más.
Qué significa para el futuro de Leo
Amazon sigue insistiendo en que su plan de constelación satelital es viable y acelerado: el objetivo de 700 satélites en el espacio a mediados de 2026, con una tasa de tres lanzamientos por mes hasta julio, permanece firme de cara a la opinión pública. Pero la realidad operativa es más compleja. La combinación de incidentes en Vulcan, ahora la suspensión de New Glenn y de la saturación de lanzadores tradicionales obliga a la compañía a rediseñar, en la práctica, su calendario de despliegue.
En última instancia, el revés de Blue Origin no detiene el proyecto de Leo, pero sí lo expone a una lógica de competencia en la que el factor tiempo y la capacidad de respuesta ante fallos se vuelven tan decisivos como la tecnología de los propios satélites.
Mientras Amazon redobla sus apuestas en lanzamientos externos, la carrera con Starlink dejará de medirse solo en cantidad de satélites en órbita y pasará también a medirse en la capacidad de navegar una industria de lanzamientos cada vez más frágil, altamente regulada y extremadamente competitiva.
Fuente: WSJ, Financial Times, Reuters, Blue Origin