De tener una carrera corporativa a pivotear y emprender: la historia de Nicolás Rostan y su startup Olows, inspirada en los +50
Tras décadas en firmas globales y proyectos internacionales, creó una plataforma que convierte conocimiento acumulado en contenidos digitales para empresas y profesionales.

Es conocido que el ecosistema emprendedor suele destacar a los jóvenes emprendedores. Sin embargo, el uruguayo Nicolás Rostan recorrió el camino inverso. Durante décadas construyó una carrera sólida en relación de dependencia, con pasos por empresas como Deloitte, Citi y Microsoft, además de proyectos internacionales que lo llevaron a trabajar en más de 20 países. Pero fue recién en una etapa más avanzada de su vida cuando decidió dar un giro.

“El disparador fue una necesidad concreta. De un día para otro precisaba más tiempo y más ingresos”, contó Rostan a Forbes Uruguay. Ese punto de quiebre lo llevó a abandonar la estabilidad corporativa y a lanzarse con una lógica distinta, con menos teoría y más ejecución.

Hoy, ese recorrido desemboca en varios proyectos personales, entre los que se destaca  Olows, una startup que usa tecnología, inteligencia artificial y economía plateada con el objetivo de que las personas mayores de 50 años puedan volver a generar ingresos, a partir de su experiencia.

De la experiencia al ingreso

La idea de crear su emprendimiento surgió de una observación concreta sobre la llamada economía plateada. Mientras muchas startups apuntan a vender productos o servicios a adultos mayores, Rostan identificó otro problema menos atendido: la falta de oportunidades laborales para ese segmento. “Hay una minoría que tiene mucho dinero, pero la mayoría necesita generar ingresos. Además hay un conocimiento enorme que se pierde”, sostuvo.

Ese fue el punto de partida. Olows busca capturar ese conocimiento acumulado y transformarlo en productos digitales que puedan monetizarse.

El proceso es simple en concepto, pero sofisticado en ejecución. Una persona puede volcar su experiencia en un documento, sin necesidad de saber escribir profesionalmente. A partir de ahí, la plataforma utiliza inteligencia artificial para ordenar, enriquecer y estructurar ese contenido en módulos educativos.

El resultado final puede ser un curso completo, incluso con videos generados automáticamente y avatares que replican la voz y la imagen del autor. “Hoy no te das cuenta si es una persona real o un avatar”, dijo Rostan. “Y eso abre una posibilidad enorme para escalar contenido”.

El proyecto comenzó hace tres años y tuvo un primer intento fallido en el modelo directo al consumidor. “El B2C es muy complejo. Tenés el problema del huevo y la gallina: sin cursos no hay usuarios y sin usuarios no hay cursos”, explicó.

A partir de esa experiencia, el equipo decidió pivotear hacia un enfoque B2B. Hoy, Olows trabaja principalmente con empresas, a las que les ofrece una plataforma de capacitación basada en contenidos generados con su tecnología.

Un punto de inflexión reciente en el desarrollo de Olows fue la incorporación de Bernardo Benedetti, ex IBF Negocios, como CEO y socio. Según Rostan, su llegada cambió el ritmo del proyecto en cuestión de semanas, tanto por su capacidad de gestión como por su peso en el ecosistema empresarial. 

Con una amplia red de contactos y experiencia en inversión (incluyendo su vínculo con comunidades de cientos de inversores), Benedetti aportó lo que Rostan define como “smart money”: acceso, estrategia y posicionamiento. Además, su interés por proyectos con propósito fue clave para sumarse a una iniciativa.

El modelo combina un fee mensual (que ronda entre US$ 100 y US$ 200) con la creación de cursos a medida, especialmente en áreas como inducción de personal. Ahí fue donde encontraron el verdadero diferencial. “La pegada fue la inducción”, resumió Rostan.

Las empresas suelen enfrentar altos costos de capacitación y rotación. Olows permite generar cursos personalizados en poco tiempo, con información interna y adaptada a formatos audiovisuales. Incluso pueden ser “dictados” por avatares del propio equipo directivo. “Podés hacer que la inducción la dé el gerente general. Y si cambia, cambiás el avatar y listo”, ejemplifica.

Un modelo con impacto social

Más allá del negocio, Olows mantiene un componente central de impacto. Parte de los ingresos generados por la plataforma se distribuye entre los creadores de contenido (muchos de ellos mayores de 50) a través de un sistema basado en consumo. Actualmente, ese reparto representa alrededor del 32% de los ingresos de la plataforma.

Además, el proyecto prevé incorporar una bolsa de trabajo específica para este segmento, con el objetivo de facilitar la reinserción laboral. Para Rostan, hay un cambio cultural pendiente. “Se subestima mucho a los mayores de 50. Pero tienen experiencia, estabilidad y muchas veces son más productivos que perfiles junior”, afirma.

En su propio grupo de empresas, dice, ya ve ese cambio. “Estoy empezando a contratar más gente mayor que joven en algunos casos”.

Validación, inversión y expansión

Después de una primera postulación a la ANII sin clientes, el equipo logró validar rápidamente el modelo. En pocos meses pasaron a tener entre 10 y 12 empresas trabajando con la plataforma y comenzaron las primeras implementaciones. “Cuando encontrás una necesidad real, todo empieza a fluir”, señala.

Hasta ahora, la inversión en el desarrollo del proyecto ronda los US$ 200.000, destinada principalmente a investigación, armado del equipo y construcción de la plataforma.

A diferencia de otras startups, Olows no desarrolló tecnología propia desde cero, sino que se basa en integrar herramientas existentes. “Está todo inventado. Lo importante es ensamblar bien”, resumió.

De cara al crecimiento, la empresa ya recibió propuestas de inversión y apunta a levantar unos US$ 500.000 en los próximos años, enfocados en expansión más que en desarrollo.

El potencial, según Rostan, es global. La plataforma permite adaptar idioma y acento, lo que facilita su implementación en distintos mercados. Sin embargo, el foco inicial está en Uruguay.

Olows, de alguna forma, es casi una extensión de la propia historia del emprendedor: una apuesta a que la experiencia sea más un activo que un límite.

“Hay muchísimo valor ahí que hoy no se está aprovechando”, dice. “Y si logramos que ese conocimiento genere ingresos, ganan todos”.

Del mundo corporativo al riesgo emprendedor

Antes de dar el salto definitivo, Rostan ya había tenido algunos acercamientos al mundo emprendedor. A fines de los años 90 lanzó plenoempleo.com, un portal del que llegó a vender una participación por US$ 300.000. Más adelante creó Sherlock Solutions, herramienta que utilizaba inteligencia artificial para responder preguntas en plataformas de e-commerce.

Sin embargo, esos proyectos convivían con su carrera como ejecutivo. El cambio real llegó cuando decidió enfocarse 100% en construir sus propias empresas.

Empezó con servicios tradicionales de tecnología e infraestructura, con clientes como la Bolsa de Valores de Montevideo, Abitab o UCM. Ese camino le permitió generar flujo, armar equipos y entender el negocio desde una lógica más pragmática.

En paralelo, su participación en redes empresariales como Vistage fue clave. “Es una escuela brutal. Tenés pares que pasan por lo mismo que vos y te dicen las cosas como son”, explicó a Forbes Uruguay.

Con el tiempo, Rostan logró estructurar varias compañías y sumar socios que hoy lideran distintas unidades. Eso le permitió volver a enfocarse en pensar nuevos proyectos.