Nestlé analiza sus alternativas luego de que el gobierno de Vladimir Putin dispusiera la administración temporal de sus principales operaciones en Rusia. La medida, formalizada mediante un decreto presidencial firmado el 17 de septiembre, transfiere el control de las participaciones de Nestlé Rusia y Nestlé Kubán a la sociedad anónima rusa L.E.V. Management, una firma de bajo perfil público.
La decisión no implica, al menos formalmente, un traspaso de propiedad. Pero sí desplaza a la compañía suiza de la gestión y de la toma de decisiones sobre esos activos mientras dure la administración externa. En la práctica, representa una nueva escalada de riesgo para las multinacionales occidentales que mantuvieron parte de sus operaciones en el país luego de la invasión rusa a Ucrania en 2022.
"Nestlé toma nota del decreto presidencial ruso, publicado ayer, que coloca a Nestlé Rusia bajo administración externa temporal", señaló la compañía. "La empresa está evaluando la situación y sus opciones".
El grupo agregó que está "comprometido a tomar todas las medidas necesarias para proteger sus derechos y garantizar la continuidad de sus operaciones comerciales en interés de todas las partes interesadas, en particular de sus empleados".

Qué activos abarca el decreto
El decreto incluye el 84,082% de Nestlé Rusia, en manos de Société des Produits Nestlé, y el 15,918% controlado por Nestlé Deutschland. También alcanza el 67,44% de Nestlé Kubán perteneciente a Société des Produits Nestlé y el 32,56% restante de Nestlé Deutschland.
Según el informe anual de Nestlé de 2025, la compañía contaba con seis plantas en Rusia, dedicadas a bebidas en polvo, productos lácteos, confitería, comidas preparadas y alimentos para mascotas. Otras fuentes precisan que la red local mantiene producción de café, nutrición infantil y pet care.
Antes de la guerra, Rusia era un mercado de relevancia para la compañía: en 2021, Nestlé generó allí ventas por alrededor de 2.000 millones de francos suizos —unos U$S 2.400 millones al tipo de cambio citado— y empleaba aproximadamente a 7.000 personas. Desde el inicio del conflicto, la empresa suspendió la mayor parte de las ventas, las importaciones y exportaciones no esenciales, la publicidad y las inversiones de capital. Un analista de Vontobel estima que Rusia representa ahora cerca de 1% de las ventas globales del grupo, frente a aproximadamente 2% antes de la invasión.
La medida alcanzó también a la filial rusa del grupo minorista francés Auchan, además de activos relacionados con operadores logísticos y con Lemana Pro, la cadena surgida de las operaciones locales de Leroy Merlin.
El precedente que inquieta
La decisión se inscribe en el mecanismo de administración temporal creado por Rusia en abril de 2023. El decreto permite intervenir activos de compañías vinculadas con países que Moscú considera "no amistosos", una categoría que incluye a buena parte de las economías occidentales que aplicaron sanciones contra Rusia o respaldaron a Ucrania. El Kremlin explicó que las "acciones hostiles" de esos países incidieron en la decisión sobre Nestlé y Auchan.
La historia reciente muestra por qué el término "temporal" es visto con cautela por las empresas afectadas. En 2023, Rusia tomó el control de los activos locales de Danone y de la cervecera danesa Carlsberg. Al año siguiente, Danone terminó vendiendo sus operaciones rusas y reconoció una pérdida de 1.200 millones de euros, equivalentes a unos U$S 1.380 millones.
Para Nestlé, el desafío no es solo legal. La compañía debe evaluar cómo proteger el valor de sus activos, preservar sus vínculos laborales y operativos, y responder ante una administración que podría condicionar abastecimiento, producción, decisiones comerciales y eventuales alternativas de salida.
El origen inmediato de la intervención habría sido una solicitud de KM Logistics, una empresa rusa de logística que pidió que las filiales de Nestlé quedaran bajo control estatal. Según el diario Kommersant, la firma cuestionó que Nestlé no hubiera expandido su capacidad de producción local ni impulsado la exportación de los productos elaborados en Rusia. En ese momento, un vocero de Nestlé sostuvo que el gobierno ruso no se había comunicado con la empresa por ese pedido y remarcó que el grupo continuaba operando sus oficinas y fábricas, cumpliendo las exigencias regulatorias y sus obligaciones.
El dilema de las multinacionales
La intervención sobre Nestlé vuelve a poner en primer plano la compleja ecuación que enfrentan las empresas occidentales que decidieron conservar una presencia limitada en Rusia. Retirarse puede implicar desprenderse de activos a precios deprimidos, absorber pérdidas y abandonar redes industriales construidas durante décadas. Permanecer, en cambio, expone a las compañías a cuestionamientos reputacionales, restricciones comerciales, sanciones y, ahora, al riesgo de perder el control de sus negocios por decisión estatal.
En industrias de consumo masivo, ese dilema adquiere una dimensión adicional. Las fábricas no son solo activos financieros: sostienen cadenas de abastecimiento, marcas de consumo cotidiano, proveedores, distribuidores y miles de empleos. Para una empresa como Nestlé, dueña de Nescafé y KitKat, la continuidad operativa se cruza con una prioridad declarada por la propia compañía: resguardar a sus trabajadores.
La administración temporal no equivale jurídicamente a una expropiación definitiva. Sin embargo, el antecedente de Danone y Carlsberg sugiere que es un punto de inflexión. El próximo paso dependerá de las opciones legales y corporativas que evalúe Nestlé, de la evolución de la relación entre Moscú y los gobiernos occidentales, y de la disposición de Rusia a permitir que la operación siga vinculada, aunque sea formalmente, a la multinacional suiza.
Para el mundo corporativo, el mensaje vuelve a ser incómodo y concreto: en un contexto de tensiones geopolíticas persistentes, la exposición internacional ya no se mide solamente por ventas, costos o participación de mercado. También se mide por la capacidad real de conservar el control sobre los activos.