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Elizabeth Muller y su padre Richard A. Muller.
Negocios

Energía atómica subterránea: el plan de US$ 1.000 millones para alimentar los centros de datos del futuro

Christopher Helman

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Liz Muller convenció a su padre de dejar atrás la jubilación y volver al ruedo como empresario. De esa apuesta nació una propuesta revolucionaria para abaratar el costo de la energía atómica y hacerla más segura.

8 Abril de 2026 10.18

Durante más de una década, Elizabeth Muller y su padre hicieron una caminata de cinco kilómetros por las colinas de Berkeley, en California, por lo general dos veces por semana. En ese recorrido, paraban a tomar café e intercambiaban ideas. "Yo tenía una idea y ella también", dice Richard A. Muller, quien ideó el método moderno de datación por carbono que se usa para determinar la antigüedad de restos de plantas y animales antes de cumplir los 33 años. Además, ganó el premio "genio" de la Fundación MacArthur a los 38. Ahora, después de 40 años como docente en la Universidad de California en Berkeley, este físico de 82 años está a punto de alcanzar su mayor impacto comercial gracias a su hija, que aportó una marcada visión para los negocios, y a esas largas caminatas.

"La energía nuclear despierta fuertes emociones en todos los bandos", afirma Liz, de 47 años. "De niña, creciendo en Berkeley, todos mis profesores y amigos eran antinucleares, y la ciudad se convirtió en una zona libre de armas nucleares". relata. Ella también adoptó una postura antinuclear, aunque el mentor de su padre, el premio Nobel Luis Álvarez —que trabajó con Robert Oppenheimer en la primera bomba atómica— era "como un abuelo para mí". Pero, tras graduarse en la Universidad de California en San Diego, se mudó a París en 1999 para hacer una maestría en ESCP Business School y trabajó allí en finanzas internacionales durante ocho años. En Francia, explica, todos apoyaban la energía nuclear como una "solución limpia y fiable para el calentamiento global". Después volvió a Berkeley decidida a aprovechar el talento de su padre.

Rich Muller - Portada de armas nucleares - Revisión 2
Durante más de una década, Elizabeth Muller y su padre hicieron una caminata de cinco kilómetros por las colinas de Berkeley, en California, por lo general dos veces por semana. Foto: Cody Pickens para Forbes.

En 2022, en uno de esos paseos, los Muller idearon la base de Deep Fission, su empresa de energía nuclear. La propuesta llamaba la atención por su simpleza: perforar un pozo de 76 centímetros de diámetro y 1,6 kilómetros de profundidad, llenarlo de agua e introducir un reactor nuclear diminuto que hervirá el agua en el fondo y la enviará por una tubería separada para mover una turbina de vapor. Cada pozo generará 15 megavatios, una capacidad suficiente para abastecer a 12.000 hogares. Con 70 pozos instalados en un mismo campo, el sistema puede suministrar energía a un centro de datos de inteligencia artificial de un gigavatio.

Una vez en funcionamiento, también debería ser económico, con un costo estimado de seis centavos por kilovatio-hora, según sus cálculos. Eso sería posible porque instalar un reactor a gran profundidad, bajo una presión 160 veces mayor que la atmosférica, elimina el 80 % de los costos de las centrales eléctricas tradicionales, que hoy se destinan a edificios de hormigón y a grandes depósitos de acero. "Utilizamos la gravedad del agua para proporcionar al reactor la misma presión", explica Richard.

En agosto pasado, el Departamento de Energía incluyó a Deep Fission entre las diez empresas seleccionadas para su Programa Piloto de Reactores, creado para poner a prueba con rapidez una nueva generación de reactores más pequeños y más fáciles de construir. "La creciente demanda de electricidad de los centros de datos justificaba una salida distinta", afirma Rian Bahran, subsecretario adjunto de energía nuclear del Departamento de Energía. Aunque los otros reactores también presentan novedades, todos parten de variantes del modelo tradicional de reactores en superficie.

Pistas del carbono

La datación por radiocarbono, que permite calcular la antigüedad de materiales orgánicos como la madera, los huesos y el carbón vegetal a partir de la desintegración radiactiva, dejó al descubierto numerosos fraudes, falsificaciones y engaños desde su aparición a fines de la década de 1940. Años después, Richard A. Muller perfeccionó ese método en la década de 1970, cuando todavía era joven. Estos son algunos de los casos más conocidos.

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Sábana Santa de Turín. (Foto: Getty Images).

Sábana Santa de Turín

Considerada durante siglos como la mortaja de Jesús, con el rostro de Cristo supuestamente impreso de manera milagrosa, un análisis de 1988 concluyó que la pieza de lino de 4,4 metros de largo era, en realidad, una falsificación medieval.

Contraste de Formes

El Museo Guggenheim sospechaba que su copia del cuadro de 1913 del modernista francés Fernand Léger era falsa. Un análisis detectó rastros de carbono en el lienzo, vinculados a las pruebas de bombas nucleares de fines de la década de 1950, y eso confirmó la sospecha.

Princesa persa

En 2000, los gobiernos de Pakistán e Irán se disputaron la posesión de una princesa persa momificada, cuya antigüedad se ubicaba, en apariencia, cerca del año 600 a. C. Sin embargo, las pruebas demostraron que el sarcófago se había construido con herramientas modernas y que la mujer hallada en su interior había muerto en la década de 1990.

Estatua de Kouros

La datación por carbono de su pátina indicó que la estatua griega "antigua" de un joven desnudo, de 2,06 metros de altura, del Museo Getty, estaba hecha con mármol de miles de años de antigüedad. Aun así, muchos expertos sostienen que un falsificador muy hábil logró imitar ese deterioro. Por eso, el museo ahora la cataloga como una pieza fechada cerca del 530 a. C., aunque persisten las dudas y muchos la consideran una falsificación moderna.

Hasta ahora, con Liz como CEO y Richard como director técnico, Deep Fission recaudó US$ 122 millones. La ronda más reciente dejó a la empresa con una valoración de US$ 1.000 millones tras la inversión. Liz conserva el 19% de la compañía, Richard posee el 10% y 8VC, el fondo del cofundador multimillonario de Palantir, Joe Lonsdale, tiene una participación del 8%. Los Muller esperan vender acciones este año para ayudar a financiar investigación y desarrollo, además de un reactor de prueba de US$ 84 millones, con la meta de alcanzar la criticidad, es decir, una reacción en cadena autosostenida.

 La administración Trump fijó como objetivo que tres nuevos reactores alcancen la criticidad para el 4 de julio, aunque los Muller evitan hacer promesas. De todos modos, si consiguen una licencia acelerada de la Comisión Reguladora Nuclear, esperan empezar a vender energía comercial en 2027, varios años antes que otras startups de reactores respaldadas por el Departamento de Energía. Entre ellas aparecen Oklo, que tiene una capitalización de mercado de US$ 8.300 millones y construye su primer reactor en el Laboratorio Nacional de Idaho; Aalo Atomics, que recaudó US$ 136 millones y también levanta su proyecto en Idaho; Valar Atomics, que reunió US$ 150 millones para su reactor en Utah; y Kairos Power, que planea vender electricidad desde su reactor en construcción en Oak Ridge, Tennessee, para ayudar a abastecer un centro de datos de Google.

El primer pozo de prueba de Deep Fission avanza en Parsons, Kansas, una localidad de 9.400 habitantes, dentro del Parque Industrial Great Plains, un predio de unas 5.666 hectáreas que se usó para fabricar municiones durante la Segunda Guerra Mundial. Cuando el gobierno federal cedió esas tierras a una asociación público-privada hace 14 años, impuso la condición de que se destinaran a la industria pesada, incluida la nuclear.

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Cuando no está dividiendo átomos, Liz Muller baila salsa. (Foto: Cody Pickens para Forbes).

El pozo de Deep Fission, de 76 centímetros de diámetro, llegará hasta 1,6 kilómetros de profundidad, donde empieza la roca sólida. Allí colocarán un contenedor con un reactor y cuatro conjuntos de combustible de uranio enriquecido al 5%. El sistema se activará a distancia, con el retiro de las barras de control que absorben neutrones y permiten acelerar las reacciones en cadena de fisión. La zona radiactiva quedará aislada en el fondo del pozo, así que el vapor que suba a la superficie no representará un riesgo. Como se trata de un circuito cerrado, el vapor condensado volverá al pozo, lo que reducirá el consumo de agua. "Es el reactor más sencillo que se pueda concebir", afirma Richard.

El camino hacia esa simpleza no resultó fácil. Tras la jubilación de Richard, él y Liz fundaron una organización sin fines de lucro para estudiar el cambio climático. Richard, que antes miraba el tema con escepticismo, llegó a la conclusión de que el problema era real y de que las mejores alternativas para bajar las emisiones eran la energía nuclear en Estados Unidos y en otros países desarrollados, junto con el paso de China del carbón al gas de esquisto extraído mediante fracturación hidráulica, una técnica que genera la mitad de emisiones. Con esa idea, los Muller se asociaron con un expresidente de Shell Oil para crear Global Shale y se propusieron hacer perforaciones experimentales en China junto con investigadores de la Universidad de Wuhan.

Las autoridades chinas hicieron fracasar el proyecto, pero el profesor jubilado ya se había contagiado del espíritu capitalista. "Descubrí que me encantaba crear una empresa con fines de lucro para poder actuar con mayor flexibilidad y rapidez", dice Richard.

También aprendió mucho sobre geología y perforación. La idea tomó forma cuando supo que el Departamento de Energía, conocido por sus siglas en inglés como DOE, investigaba el almacenamiento de residuos nucleares en pozos. En 2016, los Muller fundaron Deep Isolation, otra empresa con fines de lucro, que recaudó US$ 60 millones y alcanzó una valoración reciente de US$ 200 millones para enfocarse en la gestión de residuos. En 2021, demostraron que podían colocar y recuperar contenedores con barras de combustible gastado en pozos horizontales a 800 metros de profundidad.

Calculan que todos los residuos de los reactores estadounidenses entrarían en 2.200 pozos. Pero eso solo será posible si el Congreso destraba el fondo de US$ 51.000 millones para residuos nucleares, creado a partir de un impuesto a la energía nuclear, y deja sin efecto una ley deficiente de 1987 que exige destinar ese dinero a un depósito nacional de residuos que todavía no se construyó en Yucca Mountain, Nevada. Mientras tanto, Deep Isolation facturó US$ 6 millones el año pasado por trabajos con los gobiernos de Bulgaria y Croacia vinculados a los residuos de reactores de la era soviética.

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La perforación inicial de Deep Fission ya está en marcha en Parsons, Kansas, a dos horas al sur de Kansas City. (Foto: Deep Fission).

En 2022, Richard empezó a investigar pozos para reactores activos después de que un posible cliente del negocio de eliminación de residuos le preguntara si unas barras de combustible nuevas colocadas por error en un pozo podían alcanzar la criticidad y disparar una reacción en cadena de fisión autosostenida. Concluyó que un conjunto de combustible estándar no alcanzaría la criticidad, aunque sí podría hacerlo con un agregado de uranio. Lo más llamativo era que, si eso ocurría, la roca que rodea al pozo contendría la presión y la temperatura, con lo que cualquier peligro quedaría limitado. En ese momento, los Muller fundaron Deep Fission. "Sentimos que el universo nos estaba diciendo algo", dice Liz.

Richard usó sus ahorros para la jubilación para poner en marcha la empresa hasta la llegada de inversores externos. Pablos Holman, cuyo pequeño fondo de inversión ángel estuvo entre los primeros en apostar por la compañía, destaca el potencial de la idea para acelerar la revisión regulatoria y la implementación. Incluso la define como un "truco regulatorio". Hace una década, Holman trabajó en el diseño de reactores en TerraPower, la empresa respaldada por Bill Gates, que recién en marzo, 18 años después de su fundación, obtuvo la aprobación de la NRC para construir un reactor de 840 megavatios. La planta podría entrar en funcionamiento en 2032.

Los Muller también apuran su debut bursátil. El año pasado, Liz encabezó fusiones inversas con empresas fantasma que cotizan en bolsa para Deep Fission y Deep Isolation, una operación que pronto terminará con la salida al mercado de ambas compañías. Sobre los posibles clientes de Deep Fission, los Muller aseguran que los desarrolladores de centros de datos ya mostraron interés en un total de 800 reactores capaces de generar 12,5 gigavatios, más de lo que consume la ciudad de Nueva York. "Tenemos que construir lo suficientemente rápido para satisfacer la demanda de los centros de datos antes de que decidan optar por otra cosa", dice Liz. También evalúan un proyecto del Pentágono para desarrollar microrreactores destinados a bases militares.

¿Qué podría salir mal? No demasiado, según Richard, coautor de un artículo de 2021 junto con cuatro geofísicos. Ese trabajo calculó que, incluso si un terremoto sacudiera uno de sus reactores enterrados a 1,6 kilómetros de profundidad, la radiación tardaría 500.000 años en recorrer 300 metros a través de la roca y no llegaría a contaminar las aguas subterráneas. "El pozo lo soluciona todo", dice. "No hay lugar más seguro para un reactor que con 1.6 kilómetros de roca presionando", agrega.

No todos los vecinos de Parsons, Kansas, están convencidos. "Seremos nosotros quienes asumiremos los riesgos y tendremos que vivir con las consecuencias de sus actos", dijo Marjorie Reynolds ante un grupo reducido de personas en una reunión pública que organizó en febrero para impulsar la oposición a los planes de Deep Fission. Pero, como el predio ya está zonificado para uso nuclear, una vez que Deep Fission consiga las aprobaciones del Departamento de Energía y del estado, "no habrá realmente ninguna manera de bloquearlo", afirma Brad Reams, director ejecutivo del Parque Industrial Great Plains. Otros referentes locales, en cambio, reciben la propuesta con entusiasmo. "Lo veo como una oportunidad generacional para Parsons. Realmente debemos estar abiertos a ello", declara Tom Shaw, comisionado municipal y exalcalde.

Como era de esperar, los Muller ya tienen un plan para eliminar de forma segura las barras de combustible gastado de los reactores subterráneos. En vez de retirarlas del pozo, sellarán el lugar con una mezcla de cemento y roca, explica Richard, "para que la Tierra ni siquiera sepa que están ahí".

*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com

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