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Negocios

Inversores ángeles en Uruguay: cuál es su rol, quiénes son, cuánto invierten y dónde lo hacen

Mathías Buela

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Con tickets que van desde US$ 10.000 hasta cheques de siete cifras, los inversores ángeles ocupan un espacio entre el capital semilla y el venture capital. Radiografía del ecosistema uruguayo y las claves para entender cómo se financian las startups en sus primeras etapas.

16 Enero de 2026 09.05

En las primeras etapas de una startup, cuando la idea todavía no genera ingresos, el riesgo es máximo y las métricas son más promesas que certezas, acceder a financiamiento suele ser el principal desafío. Es en ese punto donde aparece una figura de peso para el ecosistema emprendedor: el inversor ángel, también conocido como business angel

Se trata de personas que invierten capital propio en empresas de reciente creación, a cambio de una participación accionaria y con la expectativa de capturar valor a medida que el negocio crece.

El término tiene un origen curioso. Nació en el mundo del teatro y los musicales de Broadway, donde productores con proyectos incipientes recurrían a personas adineradas para financiar sus obras. Aquellos aportes, decisivos para que el espectáculo pudiera salir a escena, les valieron el apodo de “ángeles”. 

Con el tiempo, la figura se trasladó al mundo de los negocios y se posicionó como una pieza clave del financiamiento emprendedor, especialmente en ecosistemas de innovación como Silicon Valley.

En la práctica, los inversores ángeles cubren el vacío que existe entre el capital inicial de amigos y familiares (friends & family) y el capital de riesgo institucional, al que suele llegar recién cuando el modelo de negocio está más probado.

“Es una persona, no un fondo”

Desde una mirada concreta, Esteban Vidal (ex Citi, cofundador de Urucap, emprendedor e inversor) define con claridad el rol del ángel dentro del ecosistema. “No es un institucional, no es un fondo, no es una empresa. Es una persona física que tiene la visión de que un negocio, en una etapa muy temprana, va a funcionar”, explica en charla con Forbes Uruguay.

Ese momento suele darse en fases pre-seed o seed, cuando la startup todavía no cuenta con métricas ni ingresos estables. “En ese punto los fondos institucionales no miran empresas tan early stage. Ahí es donde entran los inversores ángeles, aportando los fondos para que el emprendedor pueda arrancar”.

Dentro de ese universo conviven perfiles distintos. Algunos aportan capital de manera más pasiva; otros suman experiencia, conocimiento sectorial y contactos, lo que en la jerga se conoce como smart money. Ese involucramiento, aclara Vidal, no implica control formal. “No es director ni toma decisiones. Cuando se involucra, lo hace más como advisor”.

Un ecosistema que dejó de ser marginal

Para Sylvia Chebi, presidenta de Urucap, el ecosistema de inversores ángeles en Uruguay atravesó en los últimos años un proceso claro de maduración. “Empezó siendo más bien casos aislados y hoy es una industria bastante más madura”, afirma a Forbes Uruguay.

Según explica, el crecimiento fue tanto en cantidad como en diversidad de perfiles. “Hoy hay muchos más inversores ángeles que vienen de haber sido emprendedores exitosos, empresarios consolidados o ejecutivos que decidieron involucrarse en el mundo de la innovación”, señala.

Ese involucramiento, destaca Chebi, va más allá del retorno financiero. “El inversor ángel no busca solo ganar plata. Busca participar y ayudar en el emprendimiento. Muchas veces hay más una misión que una expectativa puramente económica”, dice.

Si bien Uruguay no logró consolidar clubes formales de ángeles (“probablemente era demasiado temprano”, admite), sí observa una dinámica creciente de inversiones colaborativas. “Hoy es mucho más común que grupos de amigos o conocidos se junten e inviertan juntos como ángeles”.

Capital paciente, diversificación y acompañamiento

Para Nicolás Chiappara, ejecutivo con más de 25 años de trayectoria internacional, docente y mentor, el valor del inversor ángel está directamente ligado a su capacidad de asumir riesgo en el momento más incierto del ciclo emprendedor. “Es quien invierte en una idea o en el inicio del desarrollo de una empresa que puede convertirse en algo mucho más grande”, resume.

En el caso de Chiappara, sus tickets suelen ubicarse entre los US$ 8.000 y los US$ 200.000, con participaciones que pueden ir del 1% al 20%. En ese estadío, advierte, la valuación es muchas veces más una cuestión de visión y confianza en el equipo que de fundamentos duros.

Más allá del capital, Chiappara destaca el acompañamiento. “El flujo de fondos es uno de los grandes desafíos de los emprendedores, incluso más que la idea en sí”, apunta. Entre los principales aprendizajes de su recorrido como ángel subraya la paciencia y diversificación. “No hay que invertir nada que te haga rico ni nada que te haga pobre”, resume.

Cuando el emprendedor también invierte

Para Matías Colotuzzo, CEO de Vexels y emprendedor con alcance global, convertirse en inversor ángel fue un proceso natural más que una decisión planificada. “No es algo absolutamente estructurado, te vas metiendo de a poco”, explica.

Desde su experiencia, advierte que no toda buena idea es una buena inversión. “Hay proyectos interesantes, con mucho hype, pero que requieren condiciones demasiado extraordinarias para funcionar”. Su aprendizaje fue que la mayoría de las startups exitosas no triunfan con su idea original.

Por eso, al evaluar oportunidades, prioriza tres factores: el equipo fundador, el mercado y recién después la idea. “La visión puede mantenerse, pero el camino casi siempre cambia”, señala. Sus tickets suelen ubicarse entre los US$ 10.000 y los US$ 50.000, en etapas muy tempranas.

El error más común: buscar solo dinero

Desde el otro lado del mostrador, Chebi identifica un patrón que se repite entre los emprendedores que salen a buscar capital ángel por primera vez. “Muchas veces lo único que buscan es plata y plata sola”, advierte.

“El dinero se termina. El inversor ángel tiene que ser un socio de largo plazo, alguien que comparta la visión, los valores y que aporte algo más que capital”, afirma. Por eso, insiste en que la relación debe construirse con rigor de ambos lados. “Así como el inversor hace due diligence del emprendimiento, el emprendedor debería hacer due diligence del inversor”.

Hablar con otros fundadores, entender cómo se involucra y qué tipo de acompañamiento ofrece es clave. “A veces, por la urgencia, aceptan al primer ángel que aparece y no siempre es el adecuado”, resume.

El mapa ángel en Uruguay: tickets chicos, pero también cheques grandes

Del relevamiento del directorio de Urucap surge un ecosistema amplio, diverso y cada vez más sofisticado, con predominio de apuestas en pre-seed, seed y early stage, y una marcada orientación hacia startups de base tecnológica. Las tesis se concentran en software, inteligencia artificial, fintech, biotech, agtech, SaaS y deep tech, aunque también aparecen perfiles agnósticos y otros con foco en impacto y sostenibilidad.

El ticket más frecuente se ubica entre los US$ 10.000 y los US$ 50.000. Sin embargo, conviven inversores con mayor poder de fuego, capaces de aportar cheques significativamente más altos.

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