El agro uruguayo transita dos realidades al mismo tiempo. La ganadería atraviesa un momento de precios internacionales históricamente altos, mientras la agricultura cierra un año duro, golpeada por la seca.
En ese contraste se juega buena parte de la discusión sobre cómo sostener al sector como motor de crecimiento: qué hace falta para producir más, ganar competitividad y consolidar a Uruguay en los mercados más exigentes.
El economista Alfonso Capurro, socio de CPA Ferrere, describió un panorama heterogéneo. El primer trimestre del año cerró con una caída del agro cercana al 4%: la seca golpeó los cultivos de verano y la faena venía en baja. Y mientras eso sucedía, los números generales mostraban que la economía uruguaya salía del estancamiento de 2025 y volvía a crecer.
Pero "el agro no fue protagonista de ese repunte de la actividad", indicó y marcó que dentro del sector, además, conviven realidades opuestas. La ganadería es el "sector estrella", con precios favorables y perspectivas buenas para un par de años más, "pero no está exenta de desafíos".
"Tenemos una sobrecapacidad industrial o una falta de producción de terneros (...); tenemos una gran oportunidad para producir más, pero nuestro sistema productivo no está logrando aprovechar la capacidad industrial que tiene", explicó.
Para el experto, "ahí hay un espacio para las políticas públicas" y, en ese sentido, destacó al plan Procría, que, en su opinión, apunta en la dirección correcta, aunque tal vez no alcance y necesite estímulos que lo complementen.
En el otro extremo, la agricultura de secano y el arroz llevan una década estancados en área mientras el mundo y la región crecen. Para Capurro, ahí hay un problema estructural que la nueva Ley de Competitividad propuesta por el gobierno no resolverá de fondo, aunque al menos lo pone en agenda.
“Parte del relevamiento que ha hecho el Ministerio de Economía durante la conformación de esta ley es que dos de los temas transversales que están limitando el crecimiento de muchos de los agronegocios y también de otras industrias, son la energía y la logística, y eso está en la agenda para la segunda mitad del año, según informaron las autoridades. Para estos sectores eso puede ser una ayuda importante para superar alguna de las limitantes”, dijo.
Motor de crecimiento y engranaje de desarrollo
Por su parte, Matías Carámbula, subsecretario del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), marcó que al relato del agro le falta una pata. "Hay que hablar del agro como motor de crecimiento y (a la vez, como) engranaje de desarrollo".
“Hay que integrar el relato y la perspectiva del sector, que además de agroexportador y del ingreso de divisas, tiene una mirada de cadenas, del impacto en los territorios, de integralidad y diversidad. Porque es la carne y las exportaciones, el arroz y las exportaciones, pero también es la caña de azúcar de Bella Unión, la granja en Canelones, en Salto, la avicultura; son las cuencas lecheras y cómo ese motor de crecimiento genera procesos de desarrollo”, resumió.
Carámbula apunta a que el agro quedó atrapado en la imagen de "ganancia para pocos" y le falta mostrar los engranajes: el empleo y el desarrollo local que genera, que son para todo el país.
Sobre esa base, colocó a la sostenibilidad —ambiental, social y económica— como condición para el crecimiento y recordó que Uruguay compite por calidad y diferenciación, no por volumen. Para ilustrarlo, puso como ejemplo a mercados de alta renta, como los del EFTA, y aseguró que para tener éxito allí, la sostenibilidad será un criterio central, además de que el acuerdo Mercosur-Unión Europea sumará exigencias de inocuidad, sanidad y ambiente.
Para mejorar la competitividad, el subsecretario remarcó que se debe apuntar a "acuerdos necesarios" en clave de política de Estado, más allá del gobierno de turno, y recordó el caso de la Ley Forestal. Carámbula reivindicó el papel del Estado en riego, ciencia, tecnología e infraestructura para apalancar la inversión privada y fijó una meta concreta: "Necesitamos 1 millón de animales más para faena por año", con la mira puesta en 3,5 millones de cabezas anuales.
Riego y rodeo: la mirada del productor
Con su experiencia como productor agropecuario, Jorge Jourdan, reconoció que los resultados del sector este año no son los mejores, pero apuntó que el verdadero partido se juega en otro lado: "El partido se juega en que vos tengas más previsibilidad". Y para él, esa previsibilidad pasa por el riego.
El productor contó que en su establecimiento, las áreas regadas sostuvieron al resto —"un área cubrió a tres"— y su proyecto de riego, pensado para repagarse en siete años, se pagará en tres y medio. Y especialmente destacó que hoy hay una oferta de financiamiento bancario que antes no existía para que los productores puedan acceder. Llamó la atención respecto a que el riego deje de ser una apuesta individual y se vuelva política colectiva, cuidando las fuentes de agua.
En la ganadería, con precios en niveles históricamente altos, Jourdan ve tres grandes desafíos. El primero, el sanitario: "Todo lo que ganamos en la bajada lo podemos perder en el repecho", advirtió, y sostuvo que ahí el Estado es el único que puede ordenar, como ocurrió con la aftosa.
El segundo, no perder el desarrollo genético que construyeron durante generaciones decenas de familias productoras. Y el tercero, el que considera decisivo y posible: hacer crecer el rodeo hasta que nazcan tres millones y medio de terneros señalados por año.

