Se adelantó al boom de ChatGPT y ahora lidera el mayor fondo individual de venture capital de Europa
Nathan Benaich recaudó US$ 230 millones tras años apostando por startups de IA cuando casi nadie veía futuro comercial en esa tecnología.
Nathan Benaich recaudó US$ 230 millones tras años apostando por startups de IA cuando casi nadie veía futuro comercial en esa tecnología.
La startup Multiply captó una ronda liderada por Mayfield para impulsar una plataforma que ajusta campañas en tiempo real con datos comerciales y apunta a escalar en el negocio del marketing para empresas.
Con una estrategia de ventas por tandas y “honestidad brutal”, la creadora de contenidos consolida su nuevo emprendimiento, que factura más de $ 1.500 millones. Los detalles de un modelo de negocios que prioriza la curaduría sobre el stock masivo y ya planea su expansión regional.
Guillermo Rauch, nacido en Lanús, armó Vercel tras vender Cloudup y hoy provee infraestructura web usada por Notion, Stripe y Sonos. El furor por Claude Code disparó las implementaciones, las ventas y también su fortuna.
El creador de Replit pasó de desarrollar software en cibercafés de Jordania para ganar plata a liderar una startup valuada en US$9.000 millones. Su apuesta: herramientas de inteligencia artificial que permitan crear apps sin saber programar.
Tras quedarse sin trabajo, los hermanos Bitton enfrentaron la censura sobre anatomía íntima en plataformas y, con O Positiv, abrieron margen para hablar de bienestar y publicidad sin eufemismos.
La tecnológica fundada por exingenieros de videojuegos desarrolla un sistema capaz de generar escenarios digitales a partir de texto y atrae inversiones récord de Silicon Valley.
Con capital fresco y prototipos ya en marcha, una empresa italiana busca automatizar operaciones en el mar mediante inteligencia artificial y robótica, con aplicaciones que van del monitoreo costero a la protección de infraestructura submarina clave.
Cheer Games, con sede barcelonesa, cerró una pre-semilla liderada por Makers Fund. Tras el éxito de Hexa Sort, busca sumar talento y probar mecánicas nuevas de rompecabezas orientadas a celulares.
Un estudio sobre fundadores que generaron empresas valuadas en más de US$ 125.000 millones revela un patrón poco habitual: la mayoría arrancó sin inversores, apostó a mercados sin líderes claros y retrasó el ingreso de capital externo para no perder el mando.
Con formación en diseño y experiencia como compradora en Bloomingdale’s, Nicole Wegman convirtió una mala experiencia personal en una oportunidad de negocio: creó una joyería que vende online, fabrica por pedido y se volvió referente para mujeres que buscan piezas únicas sin pasar por el filtro masculino del rubro tradicional.
Idearon una herramienta que ordena links y capturas de redes, extrae datos útiles y arma agendas compartidas para coordinar con amigos. Sumaron 20.000 usuarios y ahora busca escalar, aunque todavía no define cómo va a cobrar.
Convierte modelos de IA en herramientas listas para el laboratorio, que ya se usan en universidades y farmacéuticas: Tamarind Bio, nacida en Stanford y acelerada por Y Combinator.
Historias reales exponen costos ocultos, presión financiera, soledad, tropiezos comerciales y una exposición inesperada tras dejar estructura corporativa y apostar por proyecto propio.
De un experimento con frutas descartadas en un departamento a una red logística con camiones refrigerados y márgenes superiores a los supermercados, apuesta a dominar la distribución de frescos en EE.UU. y prepara su salto a Wall Street.
Después de pagar US$45 por un aceite de barba en un centro comercial, Víctor Mendoza armó una marca que apunta al segmento medio: creció en Amazon, empujó ventas con TikTok Shop y en 2026 llegó a Walmart con apenas 36 empleados.
Relatos de emprendedores que avanzaron sin red, capital ni aval, y convirtieron la inexperiencia en motor. Casos que muestran que la práctica se forja al andar y que la supuesta falta de rodaje puede ser el impulso para animarse.
Inversores experimentados advierten sobre el auge desmedido de fondos volcados al sector, impulsado por valoraciones infladas, maniobras contables cuestionables y un mercado que margina a quienes no juegan en la liga de la inteligencia artificial.
Este emprendedor trasladó Dify a Menlo Park. La compañía de código abierto ya es rentable, cuenta con 100 empleados y más de 280 clientes, y apuesta por crecer en EE.UU. pese a la tensión bilateral.