Matías Fernández tiene 38 años y hace seis que preside la Federación Iberoamericana de Jóvenes Empresarios (FIJE), organización que agrupa a las asociaciones de empresarios jóvenes de 17 países, desde España y Portugal hasta México y toda Sudamérica. Bajo su gestión, dijo a Forbes Uruguay, FIJE pasó de ser vista como “un club de viajeros con plata” a convertirse en un actor con voz propia en los foros donde se define la agenda económica de la región.
Su historia empieza en Montevideo, mucho antes de que existiera el cargo que hoy ocupa. A comienzos de los 2000 organizaba jornadas de informática junto a la Cámara de Comercio del Uruguay y en 2006 trajo al país la Fiesta Internacional del Software Libre. Tenía apenas 20 años cuando decidió mudarse a México, donde trabajó en Tata Consulting & Services y después abrió su propia empresa con operaciones en Estados Unidos, Argentina y Colombia.
En 2017 una compaamiga le pidió ayuda para instalarse en Uruguay y Fernández empezó a repartir su tiempo entre México y Montevideo. En ese ida y vuelta, el entonces presidente de AJE Uruguay, Pablo Buela, le propuso liderar la comisión internacional de la asociación. Poco después, el mismo Buela le ofreció algo más grande, el lugar que él tenía como vicepresidente de FIJE, un cargo que no lograba sostener junto a su propia empresa y la presidencia local.
Fernández aceptó y cumplió dos períodos como vicepresidente institucional bajo la presidencia del mexicano César Durán, elegido en ese momento como parte de una estrategia para renovar la conducción de la federación con dirigentes jóvenes y con capacidad de viajar. Cuando esa etapa dio resultados y FIJE empezó a ganar peso frente al Consejo de Empresarios Iberoamericanos y la Secretaría General Iberoamericana, le tocó a él dar el salto. Asumió la presidencia y fue reelecto hasta completar un tercer período, el que ejerce actualmente.
Una lucha personal
El eje de su gestión fue pelear contra un prejuicio instalado, la idea de que juventud es sinónimo de inexperiencia. Fernández cuenta que durante años los empresarios jóvenes “fueron ninguneados” por una concepción heredada de lo que se supone que es alguien recién llegado al mundo de los negocios.
De ahí nació la frase que mejor resume su gestión, "ser joven no es sinónimo de ser junior", y también buena parte del trabajo de estos años, construir una imagen de FIJE como una comunidad de empresarios con estructura, conocimiento técnico y capacidad de incidencia, no como un grupo de amigos que viaja por el mundo.
Esa pelea también tiene un fundamento político que Fernández defiende con firmeza. Sostiene que los gobiernos necesitan sí o sí del sector privado para desarrollarse, y que la prueba está en que los países que le dieron la espalda al empresariado terminaron fracasando como modelo de gestión. Su otra frase de cabecera, la que usa para explicar por qué FIJE insiste en estar cerca de los gobiernos sin caer en la política partidaria, resume esa idea:
"No existe un país que sin atraer al capital privado, sin el desarrollo empresarial, sin la generación de empleo pueda salir adelante".
Los resultados de esa estrategia llegaron en forma de asientos en la mesa grande. Hoy FIJE tiene representación ante el G20 Joven, la OCDE y la CELAC y participa junto al Consejo de Empresarios Iberoamericanos en las reuniones a puertas cerradas de la Organización Internacional de Empleadores.
Fernández recuerda haber compartido panel con la ministra de Trabajo de Ecuador, con el CEO de Santander Perú en la Cumbre Iberoamericana y haber estado en la cena privada de jefes de Estado representando a los jóvenes empresarios. También menciona el encuentro que FIJE organizó en Honduras, donde el presidente Nasry Asfura permaneció siete horas en el evento junto a varios ministros, algo que para él marca el nivel de peso institucional que consiguió la federación.
Institucionalizar antes de irse, la meta para 2028
Ese crecimiento tuvo un costo personal alto. Fernández admite que llegó a hacer más de 50 viajes al año entre toda la región y que sostener ese ritmo durante tres períodos puede resultar agotador.
Fue justamente esa carga, sumada a una charla con Andrés Allamand, secretario general iberoamericano, y con Roberto Suárez, de la Organización Internacional de Empleadores, lo que lo convenció de no buscar la reelección en 2028. Los tres coincidieron en que había que aprovechar el envión actual para dejar la institucionalidad bien atada antes de dar paso a una nueva generación, evitando que todo lo construido quede ligado a una sola persona.
Bajo su liderazgo, FIJE sumó además una maestría en liderazgo y marca personal junto a la Universidad Camilo José Cela, con expresidentes latinoamericanos de distintos signos políticos como asesores, y desarrolla una plataforma de networking empresarial con más de 300.000 empresas registradas, financiada con un aporte cercano a los US$ 80.000.
El Foro FIJE 2026 en Punta del Este, primera edición del evento realizada en Uruguay, fue en ese sentido un cierre simbólico. Durante el encuentro se firmó un acuerdo multilateral con la participación de embajadores de los 17 países miembro, paso que Fernández ubica dentro de su objetivo central para lo que resta de su mandato, terminar de institucionalizar los procesos de FIJE para que la organización no dependa de las personas que la conducen.

En el marco del evento, el presidente de AJE Uruguay, Ignacio Pérez, señaló: “Para AJE Uruguay, en el año en que celebramos nuestros 20 años, haber sido anfitriones del Foro FIJE representa un hito histórico. Ver a cientos de empresarios de toda Iberoamérica conectando, generando alianzas y construyendo futuro desde Uruguay es una enorme satisfacción y una muestra de lo que podemos lograr cuando trabajamos en comunidad”.
Y Javier Azcurra, socio fundador y primer vicepresidente de AJE Uruguay afirmaba que “acompañar estos 20 años y este gran Foro iberoamericano es un momento de mucha satisfacción y orgullo". “Ver cómo algo que soñamos en el año 2006, un grupo de siete jóvenes aventureros, hoy es mucho más que una realidad. Es la confirmación que cuando hay visión, convicción y acción, no hay techo”, dijo.

Sobre lo que falta, reconoce que apenas el 20% de los más de 85.000 empresarios de la red conoce o aprovecha los beneficios que ofrece FIJE, y describe con una imagen contundente lo frágil que puede ser todo lo construido, "es muy difícil construir una imagen, un prestigio, una institucionalidad, y lamentablemente es muy fácil acabarla". Basta, dice, un error político, una palabra mal elegida o un comentario en el momento equivocado.
Con ese diagnóstico como advertencia y una red que hoy suma empresarios en toda la región, el uruguayo se prepara para cerrar un ciclo que empezó organizando jornadas de software libre en Montevideo y terminó representando a los jóvenes empresarios de Iberoamérica ante jefes de Estado.