El entendimiento surgió tras una reunión clave entre Jensen Huang y Jonathan Ross, que derivó en una jugada veloz para integrar chips, talento y negocio en plena disputa por dominar la inferencia en IA.
La carrera por algoritmos avanzados dispara valuaciones récord y multiplica fortunas. Fundadores, inversores junto con ejecutivos del sector sumaron patrimonios millonarios mientras el capital privado sostiene cifras que recuerdan a otros ciclos de euforia tecnológica.
Desde Silicon Valley apuntan contra empresas chinas que ofrecen modelos potentes, abiertos y más baratos, y que ya empujan una guerra de precios y valuaciones.
La apuesta obliga al magnate a poner en juego su participación en Oracle para financiar una compra récord, con bancos y garantías en danza. Si prospera, ampliará su influencia en la industria audiovisual y tensará su patrimonio ante un mercado sensible.
El cofundador de Oracle mudó su base a Palm Beach, cerca de la residencia del Presidente, tras cerrar su etapa en la isla del Pacífico que había comprado. La jugada impacta en sus negocios y en la política local.
La iniciativa está liderada por Staff Sheehan, científica y emprendedora con antecedentes en Yale y en el sector de tecnologías limpias, que apuesta a reutilizar combustible gastado para desarrollar baterías de larga duración. Con respaldo de fondos privados y apoyo del Departamento de Energía de Estados Unidos, su compañía busca convertir un pasivo ambiental acumulado durante décadas en una fuente eléctrica capaz de abastecer aplicaciones civiles y militares sin recambio frecuente.
Mientras los fabricantes de chips duplican su valor de mercado y las tecnológicas anuncian inversiones astronómicas, los grandes jugadores del negocio inmobiliario en centros de datos ven caer sus acciones, frenados por reglas que limitan su capacidad de endeudamiento, una red eléctrica colapsada y accionistas reacios al riesgo.
Aprovecharon el pico de las acciones, se desprendieron de miles de millones y evitaron fuertes caídas. Entre movimientos planificados y apuestas personales, las ventas de papeles por parte de directivos y fundadores volvieron a marcar el pulso del negocio en un año agitado por la inteligencia artificial.
Cari Tuna y Dustin Moskovitz destinan miles de millones a causas globales con una lógica que mezcla datos, cálculo y altruismo extremo. Buscan reducir los riesgos de la inteligencia artificial, mitigar enfermedades olvidadas y mover los hilos de la filantropía global sin perder el control de su fortuna.
Impulsada por una mezcla de instinto, contactos y decisión, Beth Turner armó en pocas semanas su propia firma de inversiones y ya financió una veintena de startups ligadas a inteligencia artificial, energía y robótica. Su objetivo: convertirse en la primera llamada de quienes arrancan desde cero.
La firma creada por el dueño de Tesla se apoya en una ingeniería financiera poco habitual para abastecerse de chips de Nvidia y acelerar la construcción de centros de datos. Promete ingresos por arriba de los mil millones de dólares en 2026.
La aplicación de inteligencia artificial que convirtió en virales millones de clips absurdos enfrenta un dilema millonario: sus usuarios juegan, pero la compañía financia la diversión a pérdida. Mientras el negocio real todavía no aparece, el gasto crece sin freno.
La apuesta por la energía nuclear como soporte del crecimiento de la inteligencia artificial disparó el valor de Oklo, una startup fundada por una pareja de ingenieros del MIT. Con respaldo político y vínculos con Sam Altman, la empresa vale más de US$ 21.000 millones, aunque todavía opera con pérdidas.
Ex Google, Facebook y Twitter, Edwin Chen fundó Surge, su empresa de etiquetado de datos, en pleno auge de la inteligencia artificial. Hoy, como el miembro más joven del Forbes 400, está listo para dejar el bajo perfil y hacer oír su voz.
Con aval político y una ingeniería societaria quirúrgica, el heredero de Skydance se convirtió en el nuevo mandamás del estudio detrás de CBS y Nickelodeon. Pero el músculo financiero sigue siendo de su padre, el magnate de Oracle, que ahora pisa fuerte en el negocio de los contenidos.
Después de una separación turbulenta y una batalla legal millonaria, Phil Shawe quedó como único dueño de TransPerfect, una empresa con 10.000 empleados y clientes globales. Su mudanza a Puerto Rico, su guerra contra los tribunales de Delaware y sus planes con inteligencia artificial revelan a un personaje tan obsesivo como ambicioso.
Pagaron US$ 105 millones por un lote baldío en Indian Creek, la exclusiva isla de Miami donde viven las personas más adineradas del mundo. Está frente a la Bahía Biscayne y supera en precio a todas las ventas anteriores en la zona.
Theresia Gouw, inmigrante nacida en Indonesia y una de las primeras inversoras en la compañía de Mark Zuckerberg, es la primera y única mujer multimillonaria en el capital de riesgo de Estados Unidos.