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Liderazgo
Lionel Messi
Photo by Michael Steele/Getty Images

Messi: la trama de liderazgo humano del capitán que nunca se la creyó

Alejandro Melamed

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Detrás de los logros impresionantes y números increíbles hay una historia humana de humildad, resiliencia y una ética que no cambió nunca. El poder de despedirte dejando las cosas mucho mejor de cómo las encontraste

1 Septiembre de 2026 08.02

207 partidos. 125 goles. 68 asistencias. Seis Mundiales jugados. Son los números de Lionel Messi con la camiseta de la Selección mayor argentina, y son, verdaderamente, impresionantes. Pero, cuando confirmó su retiro del equipo nacional, lo que más se repitió no fueron las estadísticas. Fue una palabra: gratitud.

“Me vacié, ya no tengo más para dar y aparte vienen chicos muy grandes atrás que merecen estar”, dijo. Lo anunció seis semanas después de la final que enfrentó a Argentina con España, la tercera final de Mundial que jugó en su trayectoria y la segunda en la que no pudo gritar campeón, doce años después de la primera, en Brasil 2014. Entre una y otra final hay veinte años de recorrido y el título majestuoso logrado en Qatar 2022, sobre todo, hay una pregunta que nos interesa más que el resultado: ¿qué nos deja Messi más allá de los logros?

Messi (Photo by David Ramos/Getty Images)
(Photo by David Ramos/Getty Images)

Los números que no mienten, record de records

  • Copa América 2021, Finalissima 2022, Mundial 2022 y Copa América 2024: cuatro títulos con la camiseta mayor, además del Sudamericano Sub 20 2005 y el oro olímpico en Pekín 2008.
  • 21 goles en Mundiales -incluido ser el primer jugador en anotar en todas las fases de un mismo torneo, en Qatar 2022- sobre 34 partidos disputados en seis copas del mundo.
  • 2 Balones de Oro al mejor jugador del Mundial, en Brasil 2014 y en Qatar 2022.
  • Goleador argentino de mayor edad en anotar en una Copa del Mundo.

De Rosario a la gloria: los golpes que forjaron un capitán

La historia empieza con un golpe, no con un triunfo. A los once años le diagnosticaron un déficit de la hormona de crecimiento; la familia no podía sostener el tratamiento y terminó cruzando el océano, junto a Jorge, su papá, con la posibilidad de que el Barcelona se lo pagara. 

Ese primer desarraigo -salir de Rosario a comienzos de su adolescencia- lo persiguió durante mucho tiempo: cuando debutó en la Selección mayor, una parte del país dudaba de si "sentía" los colores como alguien criado ahí. Lo silbaron en canchas propias. 

Lo compararon, mal y todo el tiempo, con Diego Maradona. Perdió la final del Mundial 2014 contra Alemania, perdió dos finales de Copa América seguidas -2015 y 2016- y, después de la segunda, anunció que dejaba la Selección. Tenía 29 años y ya era, según cualquier métrica, el mejor jugador del mundo. Y aun así, sintió que no alcanzaba.

Messi Argentina Inglaterra Mundial 2026 (Photo by Europa Press Sports/Europa Press via Getty Images)
(Photo by Europa Press Sports/Europa Press via Getty Images)

Reinventarse las veces que hicieron falta

Lo que siguió es, para mí, la parte más interesante de la historia, porque no fue un arranque de heroísmo individual: fue una reinvención sostenida. Messi volvió sobre esa decisión de 2016 y, en los años siguientes, cambió de rol más de una vez. Del extremo que desequilibraba solo en el Barcelona pasó a ser el armador que sostenía a un equipo mucho más joven; del goleador que necesitaba la pelota en cada jugada pasó a ser el que la cedía en el momento justo. En 2019, tras una eliminación dolorosa en Copa América y un conflicto público con la Conmebol, muchos lo daban por retirado del todo. En 2021 contribuyó a romper una sequía de 28 años sin títulos con la mayor. En 2022 llegó, por fin, el Mundial. Y se reinventó otra vez entre 2022 y 2026, ya no como la máxima individualidad sino como el que orquestaba, el que bajaba a buscar la pelota, el que hacía jugar a los que venían atrás, el que inspiraba.

Bajo perfil, relaciones genuinas y una ética que no cambió

Ahí aparece algo que en management llamamos “sistema de liderazgo”, y que rara vez se ve en el deporte de elite - y aun se ve en muy pocas empresas-. El equipo que acompañó a Messi en los últimos años no giró alrededor de una figura estelar; se armó un sistema donde, como resume Rodrigo De Paul, "no somos jugadores de fútbol, sino personas que juegan al fútbol".  Y cada uno de ellos asumió el rol protagónico en el momento que se lo requirió.

Messi entendió algo que a muchos líderes les cuesta toda su trayectoria entender: hay que estar junto al equipo, no alejarse y quedarse en el trono. Nunca necesitó separarse del grupo para que se notara su jerarquía. Al contrario: cuantos más títulos ganaba, menos protagonismo individual reclamaba en los festejos. 

Lionel Messi demostró esa combinación tan destacable y distintiva de ambición feroz puertas adentro, humildad extrema puertas afuera es la que Jim Collins describe como ¨liderazgo de nivel 5¨, y es poco común de encontrar en las organizaciones. Pero cuando se les encuentra son los líderes que marcan la diferencia y dejan huella y legado. Y es, precisamente, lo que él logró.

Cuando hubo que hablar, habló

Bajo perfil no es lo mismo que silencio. Messi supo hablar cuando había que hacerlo: cuestionó públicamente a la dirigencia de la AFA después de perder la final de 2016, salió a respaldar a compañeros y al cuerpo técnico en más de un conflicto interno, y asumió responsabilidad pública por las derrotas en lugar de esconderse detrás del funcionamiento colectivo. Ese es otro rasgo de liderazgo que no debemos subestimar: saber elegir el momento preciso para decir lo que hay que decir, distinguir cuándo elevar la voz y saber cuándo callarse.

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La familia, siempre presente -y el dolor más grande

En todo su camino, Messi volvió siempre al mismo lugar: su familia. Y este último año esa presencia tuvo un costado durísimo. Durante el Mundial, su papá, Jorge, atravesó momentos super complicados de salud; y Lionel reconoció haber pasado "días difíciles" mientras disputaba su último Mundial. El 8 de agosto, a pocas semanas de terminado el torneo, Jorge Messi lamentable y muy tempranamente falleció a sus jóvenes 68 años. El mismo hombre que había cruzado el océano con una muy joven promesa, no llegó a ver este anuncio de retiro. Se entiende, entonces, por qué Messi dijo que esta decisión "dolió y duele en el alma".

No es perfecto, es humano

Nada de esto convierte a Messi en un robot. Cometió errores, hubieron partidos en los que no jugó bien, falló penales importantes, tuvo estallidos de bronca en cancha, amagó con dejar la Selección cuando el desgaste pudo más que las ganas. 

Precisamente esta propia vulnerabilidad es la razón por la que la historia conecta tanto con tantas personas: no emocionó porque fuera perfecto, emocionó porque fue en todo momento genuino y profundamente humano - como su carta de despedida, escrita a mano-, y a partir de ello construyó, hito tras hito, una marca personal que se sostuvo veinte años sin una sola fisura de conducta. 

Vulnerable sí, pero siempre dentro de los valores que supo sostener en todo momento. Es lo que se espera y aprecia de un líder en este siglo… y cuesta tanto encontrar ejemplos de referencia.

Lo que nos deja

Trabajo, convicción, compromiso. Esas tres palabras aparecieron en muchos de los múltiples reconocimientos que le hicieron, y no son casualidad: son, literalmente, la descripción de un estilo. 

Messi construyó un modelo de embajador del país distinto a la que estábamos acostumbrados a proyectar hacia el exterior. No la del ventajero que se sale con las suyas -incluso recurriendo a prácticas poco licitas-, sino la del que entrena de más, escucha a los más jóvenes, no se victimiza en la derrota y no se la cree en el triunfo. Esa marca -humildad con ambición, trabajo con alegría, individualidad puesta al servicio de un sistema- va a durar mucho más que cualquier récord, y es, me animo a decir, el legado más grande que deja Lionel Messi en la Selección argentina.

Y hay algo más, que quizás sea lo más difícil de imitar: supo irse. No se aferró al puesto cuando el cuerpo o el resultado no acompañaron, no dejó que la nostalgia le ganara al criterio, y supo elegir el momento -aunque doliera- en lugar de que el momento lo eligiera a él. Eso también es liderazgo y valor distintivo.

Nada tan simple, humano y potente como despedirse dejando las cosas mucho mejor de cómo las encontraste. Por ello toda nuestra GRATITUD, querido Leo!!

(*) Alejandro Melamed es Doctor en Ciencias Económicas, speaker internacional y consultor disruptivo. Es autor de nueve libros, entre ellos: Liderazgo + humano - Historias de (mi) vida para inspirarnos (2025), El futuro del trabajo ya llegó (2022), Tiempos para valientes (2020), Diseña tu cambio (2019) y El futuro del trabajo y el trabajo del futuro (2017).

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