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Brian Lian, fundador y director ejecutivo de Viking Therapeutics
Negocios

Dejó las finanzas por la ciencia: el analista de Wall Street que fundó una biotecnológica de US$ 4.000 millones para combatir la obesidad

Amy Feldman

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Brian Lian dejó las finanzas para meterse de lleno en el negocio de los tratamientos contra la obesidad. Convenció a una farmacéutica de cederle cinco compuestos y hoy lidera una compañía que busca hacerles sombra a los gigantes del sector, con un medicamento experimental que ya está en fase 3.

2 Febrero de 2026 08.40

Corría 2012 y él venía siguiendo de cerca a empresas biotecnológicas de pequeña y mediana capitalización que desarrollaban fármacos para enfermedades metabólicas. Pero todo cambió después de reunirse con algunos ejecutivos farmacéuticos que le contaron que su empresa estaba dispuesta a licenciar algunos medicamentos candidatos para tratar la diabetes. Entonces tomó una decisión drástica: dejó su carrera en Wall Street para cerrar un acuerdo.

Lian, que hoy tiene 60 años, nunca había fundado una empresa. Sin embargo, logró convencer a Ligand Pharmaceuticals no solo de licenciarle cinco medicamentos, sino también de invertir US$ 2,5 millones en su nueva startup para ponerla en marcha.

Hoy, su empresa, Viking Therapeutics, con sede en San Diego, desarrolla fármacos y cotiza en bolsa, con una capitalización de US$ 4.000 millones. Tiene en desarrollo candidatos prometedores para el negocio de la obesidad. Aunque sigue investigando tratamientos para trastornos metabólicos como la enfermedad del hígado graso, su principal apuesta es un fármaco GLP-1 de nueva generación contra la obesidad. Este medicamento se encuentra en ensayos clínicos, tanto en su versión inyectable (ya en estudios de fase 3) como en comprimidos (fase 2).

Desde que Novo Nordisk lanzó Ozempic para la diabetes en 2017, los GLP-1 se instalaron con fuerza en Estados Unidos. Impulsados por los gigantes farmacéuticos Novo —que produce Wegovy para bajar de peso y obtuvo recientemente la aprobación para su versión en pastillas— y Eli Lilly —fabricante de Zepbound—, se estima que el mercado de estos medicamentos alcanzará los US$ 100.000 millones en ventas para 2030.

No es casual: cerca del 40% de los adultos en Estados Unidos tiene obesidad, lo que implica que más de 100 millones de personas podrían calificar médicamente para acceder a estos tratamientos. Además, hay estudios que analizan sus posibles beneficios en otras enfermedades vinculadas, como los problemas cardiovasculares.

"No podemos actuar como si nos fueran a adquirir. Tenemos que gestionar el negocio", afirmó Brian Lian, de Viking Therapeutics.

Por la magnitud del negocio, la competencia es intensa. En el otoño de 2025, otro medicamento experimental contra la obesidad, Metsera —también cotizante en bolsa—, quedó en el centro de una disputa entre Novo y Pfizer. Esta última había abandonado previamente el desarrollo de su propio tratamiento por preocupaciones vinculadas a la seguridad.

 En el otoño de 2025, otro medicamento experimental contra la obesidad, Metsera —también cotizante en bolsa—, quedó en el centro de una disputa entre Novo y Pfizer.
 En el otoño de 2025, otro medicamento experimental contra la obesidad, Metsera —también cotizante en bolsa—, quedó en el centro de una disputa entre Novo y Pfizer.

Finalmente, en noviembre, Pfizer ganó la pulseada y pagó US$ 10.000 millones por Metsera, más del doble de los US$ 4.900 millones que había ofrecido apenas un mes antes.

Viking integra una nueva camada de biotecnológicas en etapa temprana que buscan ganar terreno frente a los gigantes en la carrera por los tratamientos más efectivos para bajar de peso. Kailera, otra empresa dedicada a la obesidad que Forbes destacó el año pasado, adquirió sus terapias potenciales en China y logró recaudar US$ 600 millones para avanzar con las etapas finales de los ensayos clínicos. Según un informe de PitchBook, hoy existen 60 empresas que desarrollan 120 medicamentos en esta categoría.

Aunque Viking todavía no comercializa ningún medicamento ni genera ingresos, los ensayos clínicos mostraron hasta ahora una pérdida de peso de hasta 14,7% con las inyecciones y de hasta 8,3% con las pastillas. Estas últimas son clave: resultan menos intimidantes para los pacientes y más baratas de fabricar y distribuir. Como ocurre con muchas biotecnológicas en etapa inicial, Viking opera con pérdidas. En los últimos 12 meses (hasta el 30 de septiembre), registró un resultado negativo de US$ 237 millones.

Eso la convierte, junto con otras similares, en un objetivo prioritario en la próxima gran disputa por adquisiciones dentro del sector farmacéutico. “Claro que una compra es atractiva, y todos la desean, especialmente los inversores, pero hay una ruta cada vez más clara en la que Viking puede actuar por sí sola”, afirmó Andy Hsieh, analista de William Blair. Aunque la compra de Metsera reflejó el potencial de las grandes fusiones y adquisiciones, también dejó flotando una duda: ¿por qué Novo y Pfizer se enfocaron en esa compañía y no en Viking? Mientras los vendedores en corto pusieron la lupa sobre su negocio, algunos de los principales fondos de cobertura, como Citadel y Two Sigma, comenzaron a invertir.

Eso generó una fuerte volatilidad en el precio de sus acciones. Cotizaban recientemente a US$ 35, con una baja del 17% en el último año, pero con una suba de casi 50% desde agosto, cuando la empresa fue duramente cuestionada por los resultados clínicos que mostraron efectos secundarios gastrointestinales en su fármaco contra la obesidad, a pesar de haber logrado una pérdida de peso significativa. El 58% de quienes tomaron el medicamento reportaron náuseas (frente al 48% del grupo con placebo), mientras que el 26% informó vómitos (contra un 10% en el grupo de control). Además, el 20% interrumpió el tratamiento (frente al 13% entre quienes recibieron el placebo).

Bolsa de Valores
Brian Lian logró sacar Viking a bolsa en abril de 2015, gracias a la inversión inicial de Ligand. 

Jay Olson, analista de Oppenheimer, recomendó comprar acciones de Viking con un precio objetivo de US$ 100, casi el triple de su valor actual. Señaló que la línea de productos de Viking está más avanzada que la de Metsera. Para él, el fármaco no es simplemente una copia. “Es una opción superior en un mercado altamente disruptivo”, aseguró. “Es un buen medicamento: funciona, pueden lanzarlo y la gente lo usará”, agregó.

Lian, por su parte, dijo que intenta mantenerse al margen del ruido del mercado y que confía en poder seguir gestionando la empresa de forma independiente. “Cuando las cosas van realmente bien, hay que tener en cuenta que pueden empeorar rápidamente”, afirmó. “Y, del mismo modo, si las cosas van mal, pero no tuviste un fracaso, no podés desanimarte demasiado”, señaló.

Incluso de chico, cuando crecía en Omaha, Nebraska, a Lian ya le entusiasmaba jugar con microscopios. Estudió química en Whitman College, hizo un doctorado en química orgánica en la Universidad de Michigan y más tarde completó un MBA en la Universidad de Indiana. Antes de convertirse en analista de acciones en SunTrust Robinson Humphrey, trabajó como científico investigador en Amgen, donde se dedicó a estudiar el cáncer y las enfermedades endocrinas.

Poner en marcha una empresa biotecnológica no es fácil, y Lian tuvo varios tropiezos al principio. Pero logró sacar Viking a bolsa en abril de 2015, gracias a la inversión inicial de Ligand. “Nos llevó dos intentos, pero al final lo logramos mediante una oferta pública inicial... y eso fue el verdadero impulso para la empresa”, recordó Lian. En sus primeros años, Viking concentró sus esfuerzos en un fármaco candidato para tratar la enfermedad del hígado graso, que avanzó hasta ensayos clínicos de fase 2. Aunque ese estudio, que concluyó en 2018, fue exitoso —mostró una reducción media de grasa hepática de hasta 60% en los pacientes tratados—, Lian también empezó a explorar el desarrollo de medicamentos para la obesidad.

Lian también empezó a explorar el desarrollo de medicamentos para la obesidad.
Lian también empezó a explorar el desarrollo de medicamentos para la obesidad.

“Fue analista y vió cómo empresas que dependían de un solo activo subían y después desaparecían. Me aterraba que eso nos pasara”, contó. Desde entonces, el mercado de terapias para la enfermedad del hígado graso “tuvo altibajos”, agregó. “Estaba muy, muy activo cuando analizamos nuestros datos, y después se enfrió”, dijo. Ese segmento volvió a moverse con fuerza el año pasado, tras dos adquisiciones multimillonarias. Ahora, Viking busca un socio que pueda licenciar su fármaco para tratar esa enfermedad, cuyos estudios clínicos se detuvieron luego de completar la fase 2.

Después de evaluar varias terapias posibles, Viking decidió apostar por un fármaco para bajar de peso desarrollado internamente por su equipo de investigación. Con los participantes ya registrados para el primer ensayo de fase 3, y con otro estudio previsto para comenzar en el primer trimestre de 2026, Lian calcula que podrían solicitar la aprobación de la FDA para la versión inyectable hacia fines de 2027 o comienzos de 2028. Si todo avanza según lo previsto, el producto podría salir al mercado a fines de 2028 o principios de 2029. En cuanto a la versión en pastillas —más compleja de fabricar y con un desarrollo clínico más lento—, llegaría al menos un año después.

Una de las posibles ventajas de Viking es que desarrolla el mismo medicamento en versiones inyectable y oral. Esto permitiría que quienes comienzan el tratamiento con inyecciones para bajar de peso puedan pasar luego a pastillas sin complicaciones, con el objetivo de mantener el peso alcanzado. Ese punto es clave, porque al dejar estos fármacos suele recuperarse más grasa que músculo, un problema especialmente serio en quienes los usan de forma prolongada.

Lian cree que el mercado es tan amplio que, incluso si Viking lograra captar apenas un 2% o 3%, ya sería un logro importante. Está convencido de que el actual duopolio entre Novo y Lilly se va a desarmar con el tiempo, y dará lugar a varias farmacéuticas con terapias distintas, adaptadas a las preferencias de los pacientes. “Sigo pensando que para Viking, como empresa independiente, hay una gran oportunidad”, aseguró. “No podemos actuar como si nos fueran a adquirir. Tenemos que gestionar el negocio”, concluyó.

*Con información de Forbes US.

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