Cuando Uruguay se convirtió en pionero mundial al regular el cannabis, el mundo miró con atención. Llegaron inversiones, se anunciaron megaproyectos y se instaló la idea de que el país podía transformarse en un hub regional. Diez años después, el balance es más modesto, con un marco normativo que todavía es atractivo, pero al que el desarrollo industrial no acompañó. En ese espacio, entre la ley y el mercado, es donde Santiago Navratil decidió construir su empresa.
Navratil no viene del agro ni del mundo científico tradicional. Estudió Comercio Exterior y pasó buena parte de su carrera corporativa como gerente de Tecnología en una empresa sudamericana, negociando contratos en áreas como infosecurity y desarrollo de aplicaciones. Ese recorrido, lejos del laboratorio, le dio una comprensión profunda de cómo funcionan las organizaciones, los marcos regulatorios y las relaciones contractuales complejas.
El punto de quiebre llegó en 2014, con la aprobación de la ley de cannabis en Uruguay. Mientras el debate público se concentraba en el uso adulto, Navratil vio una oportunidad distinta en el potencial médico y científico de la planta. Dejó su trabajo, empezó a estudiar biotecnología y comenzó a explorar un sector que, según su diagnóstico, avanzaba rápido en lo normativo pero lento en lo productivo.
El problema que nadie miraba
Durante años, el ecosistema cannábico uruguayo funcionó con una contradicción de base. Las empresas medicinales necesitaban genéticas estables, trazables y legales para producir, pero no existía un mecanismo normativo que permitiera comercializar material de propagación. El resultado fue un sistema informal, sostenido por donaciones de clubes o por genéticas que ingresaban al país sin trazabilidad determinada.
“Uruguay tenía reglas muy claras, pero le faltaba el sistema operativo”, resume Navratil en charla con Forbes Uruguay. En términos prácticos, eso significó inversiones millonarias que no prosperaron, modelos de negocio mal planteados y mercados saturados antes de madurar. Para él, el problema no era la falta de demanda global, sino la ausencia de información confiable y de articulación entre las partes.
Así nació Genetics Biobanking, una empresa que, aunque opera dentro del ecosistema del cannabis, se define de otra manera ya que no vende flores ni aceites, sino que vende datos.
Una empresa de cannabis que no vende cannabis
Genetics Biobanking es, en esencia, un banco genético. Su producto no es la planta final, sino la información genética que permite replicarla de forma estandarizada, segura y legal. Semillas, clones y cultivos funcionan como el soporte físico de un activo mucho más valioso: genéticas estabilizadas, registradas y trazables.
La empresa fue la primera en obtener una licencia del Instituto de Regulación y Control del Cannabis (IRCCA) que habilita la comercialización legal de material de propagación, una figura que hasta entonces no existía en Uruguay. Lograrla llevó casi tres años de trabajo previo para reunir genéticas, contactar genetistas en Uruguay, Argentina y Estados Unidos, diseñar un edificio específico para la actividad y presentar un proyecto ejecutivo sin precedentes regulatorios.
Hoy, según explica su fundador, Genetics concentra cerca de tres cuartas partes de los registros genéticos del país. Antes de su llegada, Uruguay tenía apenas diez genéticas registradas; actualmente hay cincuenta, cuarenta de ellas incorporadas en el último año. La empresa mantiene activas 15 variedades, orientadas tanto al segmento de uso adulto como al de Life Science.
Escala, trazabilidad y diferenciación
El diferencial de Genetics está en el registro pero también en el proceso. Controla toda la cadena productiva y sumó una capa de trazabilidad molecular vinculada al ADN de cada planta. Esto permite garantizar que un clon determinado tiene el perfil de fitocannabinoides prometido, cumple con requisitos sanitarios internacionales y responde de forma consistente en producción.
La escala también marca distancia. Mientras otros viveros manejan volúmenes reducidos, Genetics puede producir hasta 4.000 clones por mes. Opera desde El Pinar, Ciudad de la Costa, con una inversión inicial cercana a los US$ 600.000 en infraestructura y un equipo que oscila entre 10 y 20 personas según el nivel de actividad.
Su posicionamiento no está en competir por precio, sino por calidad. Eso le permitió acceder al segmento medicinal, el más exigente y también el más atractivo en términos de contratos de largo plazo.
Brasil, el próximo salto
Aunque Uruguay es la base operativa, el crecimiento está pensado hacia afuera. Genetics trabaja en su primera exportación de material de propagación a Brasil en proyectos de investigación aplicada en oncología pediátrica. Para Navratil, el mercado brasileño es “continental” y representa el verdadero punto de inflexión.
Su analogía dice que las plantas son como un pendrive; lo que se vende es la información genética. Un clon desarrollado en Uruguay puede multiplicarse miles de veces en Brasil y dar lugar a producciones a gran escala. En ese esquema, Uruguay funciona como laboratorio, como software.
Visión de largo plazo
Más allá del negocio propio, Navratil empuja la ambición mayor de posicionar al país como un hub genético regional. Junto a organismos públicos y privados, trabaja en la idea de crear una denominación de origen para el cannabis uruguayo, basada en las condiciones climáticas y ambientales locales, algo habitual en industrias como el vino pero inédito en este sector. Una especie de Cannabis con sello uruguayo.
“El cannabis tiene una relación directa con el lugar donde se desarrolla. Reconocer eso es agregar valor”, sostiene.
Hasta ahora, el proyecto se financió íntegramente con fondos propios. Hoy, Genetics está en conversaciones avanzadas con un fondo de inversión, impulsadas por el nuevo escenario regulatorio internacional y, en particular, por la reclasificación del cannabis en Estados Unidos.
Mientras tanto, Navratil sigue enfocado en ordenar un mercado que nació desalineado. “Sacar al cannabis de la zona gris es una cuestión legal y también es lo que permite que el ecosistema evolucione”, concluye.


