Las cinco estrellas del fútbol mundial que no verás en esta Copa del Mundo
Lesiones graves y selecciones que quedaron afuera privarán a los hinchas de ver a figuras de Brasil, Francia, Italia, Países Bajos y Georgia.
Lesiones graves y selecciones que quedaron afuera privarán a los hinchas de ver a figuras de Brasil, Francia, Italia, Países Bajos y Georgia.
Un estudio analizó qué tan preparadas están las ciudades anfitrionas para recibir grandes multitudes durante el torneo: Boston, Houston y Ciudad de México figuran entre las más accesibles, mientras Los Ángeles, Vancouver y Toronto aparecen como las más difíciles para llegar y salir del estadio.
Los acuerdos comerciales de FIFA exponen cómo las grandes marcas que acompañan al torneo también reflejan tensiones geopolíticas, intereses industriales y disputas por influencia entre potencias.
El reconocimiento rescata el origen noventoso de una saga que mezcló fútbol, licencias, cámara isométrica y cultura gamer, y que hoy vuelve al centro de la escena en la previa del Mundial 2026.
La FIFA terminó su histórico vínculo con Panini y, desde 2031, Fanatics, su empresa, tendrá la licencia de los álbumes del Mundial. Detrás de la compañía está un empresario estadoundiense que convirtió el fanatismo deportivo en su combustible para hacer negocios.
La expectativa por una avalancha de turistas quedó lejos de las previsiones iniciales: en varias ciudades sede, los hoteles registran reservas similares o inferiores a las de un verano normal.
El titular del organismo sostuvo que los valores responden al mercado estadounidense y al peso de la reventa, en medio de cuestionamientos de hinchas y asociaciones europeas por costos cada vez más inaccesibles.
La reventa oficial de FIFA expuso valores inéditos para el partido del 19 de julio en el MetLife Stadium, con localidades que llegaron a casi US$ 2,3 millones y comisiones del 15% para compradores y vendedores, mientras crecen las críticas por un Mundial cada vez menos accesible para los hinchas.
La Copa del Mundo 2026 se perfilaba como el "big bang" definitivo del marketing deportivo en Norteamérica. Sin embargo, una combinación de precios dinámicos, hoteles fuera de órbita y un contexto geopolítico sensible está provocando un fenómeno impensado: el repliegue del fanático global.
El acuerdo habilita transmisiones parciales, archivo histórico y una cobertura apoyada en creadores para ampliar audiencias, sumar ingresos y disputar el negocio audiovisual del fútbol ante millones de usuarios.
La medida afecta a casi todos los estadios sede y desató roces con empresas que firmaron acuerdos millonarios para poner su nombre en las tribunas. La FIFA busca proteger a sus sponsors globales y activó un operativo masivo para borrar toda marca visible, desde techos hasta señalética interna.
Del Mundial 2026 a la Copa Libertadores, asistir a un gran evento deportivo se convirtió en un lujo al alcance de pocos. La inflación del entretenimiento en vivo está transformando la pasión en privilegio de ricos. Mientras tanto, los organizadores explotan el extraordinario poder de la "experiencia" y la exclusividad.
Los hinchas tienen tiempo hasta el 13 de enero para sumarse al sistema de asignación de tickets. El proceso exige registro previo y contempla límites por domicilio, pero aún quedan chances para quienes no sean elegidos ahora.
El evento en Washington marcará el primer gran hito del torneo: se definirán los 12 grupos y los hinchas conocerán las sedes y fechas de sus partidos. También quedará establecido el lugar de los equipos que aún deben disputar repechajes.
El desafío no está en aparecer, sino en entender el momento cultural y aportar algo real a una fiesta cada vez más inaccesible para los de siempre.
La movida busca tentar a gigantes del streaming con una licitación inédita para recaudar 5.000 millones de euros anuales y darle aire fresco al negocio de las transmisiones del fútbol europeo.
Mientras la demanda parece desbordada, las reglas del juego favorecen a los especuladores y disparan los precios antes de saber siquiera qué partidos se jugarán. Una lógica que beneficia a la FIFA y deja al hincha cada vez más lejos de la cancha.
Los algoritmos ahora también deciden cuánto vale el entretenimiento. La FIFA, Disney, las aerolíneas y los recitales de estrellas pop adoptaron sistemas de precios que suben según la demanda.