La semana pasada, OpenAI anunció que empezará a probar anuncios en su popular chatbot ChatGPT. La medida se implementará en las próximas semanas y alcanzará a usuarios adultos de Estados Unidos que usen la versión gratuita o estén suscriptos al nuevo plan ChatGPT Go, que cuesta US$ 8 por mes. En cambio, quienes paguen los planes Plus (US$ 20 mensuales), Pro (US$ 200 al mes), Business o Enterprise seguirán navegando sin publicidad.
El anuncio podría marcar un cambio importante para la inteligencia artificial generativa, ya que OpenAI se convierte en una de las primeras grandes compañías del sector en introducir anuncios directamente dentro de un chatbot conversacional. También revela una presión financiera cada vez más fuerte. Aunque se espera que supere los US$ 20.000 millones de ingresos anuales en 2025, la empresa invierte sumas millonarias para sostener su infraestructura de IA.
La economía que obliga a OpenAI a moverse
Según documentos financieros revisados por Fortune y The Information, OpenAI proyecta pérdidas cercanas a los US$ 14.000 millones en 2026. Además, estima que su ritmo de consumo de efectivo rondará el 57 % de sus ingresos hasta 2027. La startup prevé un gasto acumulado total de US$ 115.000 millones hasta 2029, año en el que podría alcanzar flujo de caja positivo, o tal vez en 2030.
Estas cifras responden al enorme gasto en infraestructura informática que requiere entrenar y operar modelos de inteligencia artificial. OpenAI ya trazó un plan de inversión que podría alcanzar los US$ 1,4 billones en los próximos ocho años. Para eso, se asoció con gigantes del sector de la computación en la nube y de chips con el objetivo de construir los centros de datos que necesita para sostener su tecnología.

Actualmente, solo un porcentaje muy pequeño de los aproximadamente 800 millones de usuarios activos semanales de ChatGPT paga una suscripción. Con cerca del 90 % de la base en la versión gratuita, la publicidad se presenta como una fuente de ingresos clave, siempre que logren gestionarla de forma eficaz.
A diferencia de los clásicos banners o ventanas emergentes, los anuncios aparecerán en la parte inferior de las respuestas de ChatGPT. Estarán etiquetados y separados del contenido original, según explicó la empresa.
"Para comenzar, planeamos probar anuncios en la parte inferior de las respuestas en ChatGPT cuando haya un producto o servicio patrocinado relevante en función de su conversación actual", señaló la startup en su anuncio.
Vas a poder acceder a más información sobre por qué aparece un anuncio en particular, o descartarlo y explicar el motivo. Durante esta etapa de prueba, no se mostrarán anuncios en cuentas de usuarios que nos indiquen, o estimemos, que son menores de 18 años. Además, los anuncios no se mostrarán junto a temas sensibles o regulados, como salud, salud mental o política.
Dicotomía de la confianza
Sam Altman dijo alguna vez que "odia" la publicidad. La calificó como "el último recurso" y aseguró que mezclarla con la inteligencia artificial era "excepcionalmente inquietante". Muchos otros ejecutivos tecnológicos hicieron promesas parecidas, y ya sabemos cómo terminaron esas historias.
El año pasado, Altman reconoció que no estaba "totalmente en contra" de los anuncios, aunque advirtió que "se necesitaría mucho cuidado para hacerlo bien".

¿Qué cambió?
El gasto anual de OpenAI ronda los US$ 17.000 millones, impulsado en gran parte por el costo de su infraestructura informática. Además, según trascendió, la compañía se prepara para una posible oferta pública inicial en 2026. Algunas estimaciones ubican su valuación cerca del billón de dólares, lo que suma presión para mostrar un camino hacia la rentabilidad.
En su anuncio, OpenAI intentó calmar las dudas sobre la confianza al presentar cinco principios básicos para su política publicitaria: alineación con su misión —es decir, que los anuncios ayuden a que la inteligencia artificial sea más accesible—, independencia de las respuestas —los anuncios no influyen en lo que responde el sistema—, privacidad en las conversaciones —la empresa no vende datos a los anunciantes—, elección y control del usuario —la personalización se puede desactivar— y valor a largo plazo —la compañía no buscará optimizar el tiempo de uso—.
"No optimizamos el tiempo invertido en ChatGPT", afirmó OpenAI, posiblemente en alusión a plataformas como Meta y TikTok, que fueron cuestionadas por maximizar la interacción para aumentar ingresos publicitarios. "Priorizamos la confianza y la experiencia del usuario por encima de los ingresos".
¿Los usuarios van a creer en estas garantías? Es difícil saberlo. OpenAI ya enfrentó varias controversias, incluidas demandas que denunciaron consecuencias graves vinculadas con el uso de ChatGPT, incluso en casos de suicidio. A eso se suman muchas otras preocupaciones sobre las recomendaciones hechas por sistemas de inteligencia artificial, ya sean pagas o no.

Consecuencias competitivas
Su competidor Anthropic no comunicó planes relacionados con la publicidad, mientras que Gemini de Google y Copilot de Microsoft enfrentan dinámicas distintas, condicionadas por los negocios publicitarios que ya tienen sus compañías matrices.
“Si los anuncios resultan torpes u oportunistas, los usuarios pueden cambiar fácilmente a chatbots de la competencia”, dijo el analista de Emarketer Jeremy Goldman en declaraciones a Reuters. Sin embargo, agregó que la decisión de OpenAI podría presionar a sus rivales a “aclarar sus propias filosofías de monetización, especialmente a aquellos que se posicionan como 'libres de publicidad por diseño'”.
ChatGPT aparece como un terreno fértil para los anunciantes. La posibilidad de llegar a los usuarios en momentos clave de búsqueda de información y toma de decisiones —por ejemplo, cuando consultan sobre viajes, compras o intentan resolver un problema— podría resultar más valiosa que la publicidad gráfica tradicional.
Sin embargo, eso requiere que los costos del sistema disminuyan y que los usuarios acepten los anuncios sin pasarse a otro chatbot. OpenAI apuesta a que la mayoría de quienes usan la versión gratuita van a preferir ver recomendaciones patrocinadas de forma ocasional antes que pagar entre US$ 8 y US$ 20 por un acceso sin publicidad.

¿Qué pasa después?
La prueba con anuncios comenzará en las próximas semanas para usuarios adultos registrados en EE.UU., tanto en la versión gratuita como en la Go, según informó la empresa. OpenAI también señaló que planea recibir comentarios y ajustar la experiencia antes de avanzar con una posible expansión global o sumar nuevos formatos publicitarios.
La compañía dejó entrever que más adelante podrían aparecer opciones de publicidad interactiva. En lugar de mostrar recomendaciones estáticas, los usuarios podrían hacer preguntas de seguimiento sobre los productos anunciados dentro de la misma conversación, convirtiendo los anuncios en una extensión del intercambio con la inteligencia artificial.
“Pronto podrás ver un anuncio y hacer directamente las preguntas que necesitas para tomar una decisión de compra”, expresó la empresa.
Con pérdidas en aumento y una competencia cada vez más agresiva, OpenAI tiene poco margen de error. La verdadera decisión de compra, en definitiva, podría ser si la empresa logra convencer a los usuarios de que una inteligencia artificial útil puede convivir con la publicidad.
Con información de Forbes US.