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Liderazgo

Las 4 preguntas que pueden aliviar a los ejecutivos (y a todos) cuando están abrumados

Kyle Elliott Colaborador

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Aprender a identificar si el desgaste proviene del contexto laboral, de hábitos personales o de una combinación de ambos puede marcar la diferencia entre sostenerse o quebrarse en la cima.

6 Marzo de 2026 17.50

Los roles ejecutivos suelen ser especialmente estresantes. Entre la microgestión de juntas directivas o altos ejecutivos, las partes interesadas que imponen desafíos y los equipos complejos a cargo, muchos altos directivos atraviesan niveles elevados de estrés y agotamiento. Como si no fuera suficiente, los despidos masivos reiterados, la incertidumbre económica y la ampliación constante de responsabilidades hacen que liderar sea cada vez más exigente.

En este contexto, no sorprende que el estrés ejecutivo haya aumentado. Una encuesta a 1000 empresarios y altos directivos en Estados Unidos mostró que el 67 % sintió más estrés en 2025 que el año anterior. Como coach ejecutivo, noto que la sobrecarga y el aislamiento son dos de las quejas más frecuentes que surgen en las sesiones. Cuando empleados, colegas del directorio y otros ejecutivos dependen de vos, el sentimiento de estar desbordado puede volverse especialmente solitario.

A continuación, hay cuatro preguntas clave que conviene hacerse cuando el estrés ejecutivo empieza a ganarte.

1. ¿Es un problema cultural o sistémico dentro de mi organización?

El primer paso es analizar el entorno en el que trabajás. Esto es clave para entender si se trata de una situación puntual que te está desbordando o si forma parte de un problema más profundo en la organización. Si todos los líderes están agotados, no vas a encontrar una solución individual. Así de simple.

Trabajo con muchos directivos que creen que lo que necesitan es mejorar su organización del tiempo o aprender a delegar. Pero ningún ajuste en la agenda va a resolver lo que en realidad es una estructura sin los recursos necesarios. Si tenés un rol de liderazgo con suficiente peso, podés impulsar cambios importantes. Si no, reconocer los límites del contexto en el que operás puede ser un gran alivio.

Hace poco acompañé a un directivo que sentía que estaba fallando. Pero lo que pasaba era que trabajaba en una cultura que premiaba el exceso y castigaba a quien ponía límites. Reconocer esa lógica lo ayudó a dejar de cargar con un problema que no le correspondía resolver solo.

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i todos los líderes están agotados, no vas a encontrar una solución individual. Así de simple.

2. ¿Estoy contribuyendo a mi propia sobrecarga ejecutiva?

Cuando el estrés empieza a pasar factura, también vale la pena mirar hacia adentro y pensar cómo podrías estar alimentando esa sobrecarga. No se trata de buscar culpables. Muchas veces, el agotamiento se potencia por hábitos o creencias que sí están bajo tu control, y poder identificarlos puede marcar la diferencia.

Por ejemplo, si sentís que estás desbordado pero no delegás, tal vez sea momento de asumir que tenés margen para decidir cómo liderar.

Hace poco trabajé con un ejecutivo que creía que tenía que estar presente en cada reunión. A pesar de contar con un equipo amplio de directores y gerentes, le costaba soltar el control, incluso en encuentros menores. Con el tiempo, logró delegar, darle autonomía a su equipo y confiar en su capacidad para tomar decisiones. El cambio fue claro: liberó su agenda, bajó su nivel de estrés y su equipo empezó a destacarse. De trabajar más de 12 horas por día, pasó a tomarse sus primeras vacaciones largas en años.

3. ¿Debería buscar mentoría o coaching ejecutivo para gestionar mi sobrecarga?

Lidiar con el estrés ejecutivo en soledad puede ser muy difícil, sobre todo cuando estás en medio de la vorágine y sentís que no hay margen para frenar, respirar y reorganizarte. Pedir ayuda externa puede cortar con ese círculo de agotamiento. Si todavía no hablaste con tu jefe, considerá contarle cómo te sentís. No esperes que tenga todas las respuestas: acercate con propuestas concretas que te ayuden a aliviar la carga.

Más allá de tu jefe, pensá si podría servirte el acompañamiento de un mentor o un coach ejecutivo mientras recuperás confianza. El coaching puede ofrecerte un espacio reservado para atravesar momentos de incertidumbre y sumar herramientas útiles para manejar mejor tu tiempo y tu energía. No tenés que resolver todo solo.

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Cuando el estrés empieza a pasar factura, también vale la pena mirar hacia adentro y pensar cómo podrías estar alimentando esa sobrecarga.

4. ¿Es hora de buscar un nuevo rol ejecutivo?

Si leés seguido mis notas en Forbes, ya sabés que no creo que uno deba quedarse en lugares que hacen daño. ¿Te están pidiendo más de lo que una sola persona puede manejar? ¿Dejaste claros tus límites y nada cambió? ¿Pensás todo el tiempo en renunciar solo para escapar?

Esas son señales claras de que trabajás en un entorno tóxico y que necesitás empezar a buscar tu próxima oportunidad. No hay justificación válida para que una empresa te trate mal.

Reflexiones finales: sí, es posible gestionar la sobrecarga como líder

La sobrecarga ejecutiva no se resuelve de un día para el otro, pero hay formas concretas de reducir el estrés y evitar el desgaste. Vale la pena preguntarte si el problema tiene raíces culturales o estructurales, revisar tus propios hábitos y pensar qué tipo de apoyo externo podría ayudarte a recuperar el equilibrio. Y si estás en un lugar que no te cuida, a veces la mejor salida es dar el paso y buscar otro puesto.

Como líder, merecés un lugar donde te respeten y puedas crecer de verdad. Es posible. Y está a tu alcance.

Dr. Kyle Elliott, coach de carrera tecnológica, coach ejecutivo y confidente de los mejores talentos de Silicon Valley a través de CaffeinatedKyle.com .

Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com

 

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