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Volver a la Luna: 5 películas para entender la épica de los lanzamientos al espacio

Pancho Barreiro

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El inminente vuelo de Artemis II reactiva una fascinación que el cine lleva décadas construyendo. Apollo 13 marcó un estándar, pero otras cinco películas ampliaron la mirada sobre el riesgo, la técnica y el liderazgo detrás de cada misión.

1 Abril de 2026 19.20

Hoy es un día para mirar hacia arriba. La misión Artemis II mantiene al mundo pendiente desde la plataforma 39B del Kennedy Space Center. No es un lanzamiento más: después de más de cincuenta años, la humanidad vuelve a enviar una tripulación a la órbita lunar. Con Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen a bordo, el espacio recupera su lugar en la conversación cotidiana. La frontera final, otra vez, parece un poco más cercana.

Si hablamos de cine y espacio, el punto de referencia es inevitable: Apollo 13. La película de Ron Howard no solo dejó una de las frases más icónicas de la historia —“Houston, tenemos un problema”—, también convirtió un drama técnico en una experiencia física para el espectador. Pocas veces el cine capturó con tanta precisión esa combinación de fragilidad humana y rigor extremo que define cada misión.

tom hanks apolo 13
 

Pero más allá de ese clásico, Hollywood volvió una y otra vez sobre el momento cero: el lanzamiento. Lo hizo desde miradas muy distintas, desde los garajes donde nace la vocación científica hasta las salas donde se construye —y se comunica— la conquista del espacio.

Con Artemis II listo para marcar un nuevo capítulo, estas son cinco películas que exploran esa mezcla de riesgo, ambición, obsesión y liderazgo que impulsa a quienes viven con los pies en la Tierra, pero la vista —y el destino— en las estrellas.

5 películas para entender porque la épica sin precisión no despega

1. The Right Stuff (Elegidos para la gloria, 1983)

Para entender de dónde nace la mística del astronauta como héroe moderno, esta es la película. Basada en el libro de Tom Wolfe, recorre los años de posguerra y el nacimiento del Proyecto Mercury. No se queda en el conteo regresivo: se mete de lleno en el mundo de los pilotos de prueba que rompían la barrera del sonido con más coraje que tecnología.

Es una pieza fundamental porque expone el choque entre el “viejo estilo” de volar y la llegada de la era espacial, donde los hombres pasaron a ser casi pasajeros de cápsulas controladas por computadoras. Con una estética precisa y un elenco encabezado por Ed Harris y Sam Shepard, ganó cuatro premios Oscar y se convirtió en una referencia ineludible sobre el sacrificio y la disciplina que exige estar en la frontera de la innovación.

2. First Man (El primer hombre, 2018)

Si The Right Stuff es la épica del héroe, esta película de Damien Chazelle es el manual del costo humano y técnico. Se centra en la figura de Neil Armstrong —interpretado por Ryan Gosling— durante los años previos a la misión del Apollo 11. Lo interesante no es el desfile de banderas, sino la claustrofobia: la película te mete dentro de cápsulas que vibran, crujen y parecen estar a un segundo de desintegrarse.

Es una elección clave para entender la ingeniería de la época. No hay pantallas táctiles ni márgenes de error; hay cálculos en papel, pérdidas personales y un presupuesto que el Congreso de Estados Unidos seguía de cerca. Muestra el costado más pragmático y solitario del liderazgo, y deja en claro que llegar a la Luna no fue un paseo triunfal, sino una obsesión técnica que exigió una resiliencia fuera de lo común.

3. Hidden Figures (Talento oculto, 2016)

Esta película es clave para entender que un lanzamiento no es solo fuego y motores: es, ante todo, matemática y gestión de talento. Cuenta la historia real de Katherine Johnson, Dorothy Vaughan y Mary Jackson, tres científicas afroamericanas que fueron parte esencial de la NASA en los años 60, en plena era de segregación. La película está protagonizada por Taraji P. Henson, Octavia Spencer y Janelle Monáe.

Es un relato fundamental sobre cómo romper techos de cristal en un contexto donde las “computadoras” eran personas. Sin su trabajo en el cálculo de trayectorias y el análisis de datos, misiones críticas como la de John Glenn a bordo de la cápsula Friendship 7 no habrían sido posibles. Una dosis de realidad necesaria para entender que la carrera espacial fue, antes que nada, una competencia de inteligencia aplicada.

4. October Sky (Cielo de octubre, 1999)

Esta película muestra cómo la innovación muchas veces nace de la curiosidad más pura. Basada en una historia real, se sitúa en un pueblo minero de Virginia Occidental en 1957, justo cuando el lanzamiento del Sputnik 1 cambia el mundo para siempre. Mientras la mayoría solo ve un punto brillante en el cielo, el joven Homer Hickam —interpretado por Jake Gyllenhaal— encuentra ahí su salida de las minas de carbón.

Es una mirada distinta sobre los lanzamientos: no hay laboratorios de la NASA ni presupuestos millonarios, sino prueba y error en un garaje, metalurgia básica y esfuerzo sostenido. El relato sigue a los “Rocket Boys”, un grupo de jóvenes que, contra todo pronóstico, se lanzan a estudiar física y química por su cuenta para construir sus propios cohetes. Un recordatorio de que todo gran hito tecnológico empieza con una pregunta simple y la decisión de no soltarla.

5. Fly Me to the Moon (La otra cara de la Luna, 2024)

Protagonizada por Scarlett Johansson y Channing Tatum, la película se aleja de la cabina del piloto para meterse en las oficinas de relaciones públicas. Ambientada en los meses previos al alunizaje de 1969, sigue a una especialista en marketing contratada por la NASA para mejorar la imagen pública del programa espacial y asegurar el respaldo político.

Lo interesante es cómo expone la presión de época y la necesidad de “vender” la Luna a una sociedad atravesada por la Guerra de Vietnam, donde el gasto espacial empezaba a ser cuestionado. La película juega con el mito de una filmación en estudio, pero lo utiliza como recurso para subrayar que el Apollo 11 no fue solo un logro científico, sino también el primer gran evento mediático global. Una clave para entender que, sin una narrativa convincente, incluso la mayor hazaña técnica pierde impacto.
 

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