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Foto: Getty Images

Los dos hábitos incómodos que separan a las personas exitosas del resto

Mark Travers

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La psicología apunta a la constancia ante el tedio y a la capacidad de postergar recompensas como claves silenciosas para alcanzar metas de largo plazo.

21 Mayo de 2026 15.29

La superación personal vive una etapa de alto consumo y promesas rápidas. Abundan los métodos de productividad, las rutinas de mañana, las listas de hábitos y una industria de contenidos que vende la idea de que el éxito depende de ajustar mejor cada jornada laboral. Casi siempre, la conversación gira alrededor de lo que conviene sumar, como otro ritual, otra herramienta o una mentalidad distinta. Mucho menos espacio ocupa lo que las personas exitosas deciden no soltar.

La psicología repite una conclusión menos atractiva, pero más consistente. Los hábitos que anticipan mejor el éxito sostenido no suelen ser los más visibles ni los más celebrados. Son prácticas que se mantienen aun con poca motivación, escasa respuesta externa y resultados lentos. En el fondo, son hábitos persistentes.

Dos de esos hábitos, en particular, surgen con notable consistencia en la literatura psicológica. Ninguno requiere capacidades extraordinarias ni contextos fuera de lo común. Aun así, ambos exigen una condición cada vez más escasa, la voluntad de soportar incomodidad por más tiempo del que parece lógico.

Hábito 1. Tolerar el aburrimiento sin dejar la tarea

Cuando se pregunta qué separa a las personas exitosas del resto, las respuestas suelen apuntar a la pasión, la determinación o el talento. Para buena parte de la psicología, la explicación resulta menos épica y bastante más concreta. La diferencia aparece en la capacidad de sostener una tarea pese al tedio.

SE PUEDE USAR/Aburrimiento
El dato más revelador no fue que esas personas contaran con más capacidad, sino que tenían mayores chances de continuar, en especial cuando la tarea perdía atractivo. (Foto: Pexels-olly-3760811).

Una serie de seis estudios publicada en Journal of Personality and Social Psychology en 2007 instaló la noción de perseverancia, entendida como la tenacidad y la pasión necesarias para cumplir metas de largo plazo.

En grupos muy distintos, como estudiantes universitarios de la Ivy League, cadetes de la Academia Militar de West Point y participantes del Concurso Nacional de Ortografía, la perseverancia anticipó el éxito con una regularidad superior a la del coeficiente intelectual y el talento. El dato más revelador no fue que esas personas contaran con más capacidad, sino que tenían mayores chances de continuar, en especial cuando la tarea perdía atractivo.

Este punto se conecta con otra línea de investigación psicológica conocida como tolerancia a la angustia, la capacidad de soportar estados mentales incómodos, entre ellos el aburrimiento, sin buscar una salida automática. 

Un estudio de 2022 de Mind, Brain, and Education mostró que esa tolerancia opera como una destreza académica decisiva, porque la experiencia real suele requerir períodos extensos de trabajo sin gratificación inmediata ni estímulo constante. Quienes aprenden a atravesar esos momentos obtienen mejores resultados que aquellos que no logran sostenerlos, aun cuando la capacidad innata resulta similar.

La conclusión resulta menos glamorosa que incómoda. Las personas más productivas no son necesariamente las más motivadas. En muchos casos, simplemente soportan mejor el aburrimiento.

No se trata de una diferencia menor. El sistema actual de medios y plataformas favorece la distracción, y la distancia entre quienes logran sostener la atención en tareas tediosas y quienes no pueden hacerlo se amplía. Cada vez que alguien deja un proyecto porque perdió atractivo, retrocede frente a quienes aceptan continuar. Así, el hábito de tolerar el aburrimiento sin leerlo como una señal de salida se transforma en una ventaja competitiva poco visible.

Los escritores que completan sus manuscritos, los investigadores que vuelven durante años sobre una misma pregunta y los ingenieros que corrigen el código poco atractivo que nadie verá jamás no necesariamente sienten más pasión que sus pares. En general, desarrollaron una resistencia mayor para seguir cuando perseverar resulta incómodo.

Hábito 2. Elegir de manera sistemática la opción más difícil cuando hay una alternativa más simple

El segundo hábito se vincula de cerca con el anterior, aunque opera en otro nivel. Si el primero habla de resistencia, este se mete en la estructura de las decisiones. En particular, en la elección repetida y deliberada de postergar una recompensa inmediata para apostar por algo más valioso en el futuro.

El público suele asociar esta idea con los célebres experimentos del malvavisco de Walter Mischel en la Universidad de Stanford, iniciados hacia fines de la década de 1960. A chicos en edad preescolar se les ofrecía una disyuntiva muy clara, comer un malvavisco en ese momento o esperar algunos minutos para recibir dos.

El trabajo longitudinal de Mischel indicó que quienes podían esperar tendían a conseguir mejores resultados años más tarde, en variables que incluían el rendimiento académico y la competencia social. Ese hallazgo abrió décadas de investigación sobre la autorregulación y su influencia en el éxito académico.

Más cerca en el tiempo, un estudio amplio publicado en 2019 en PLOS ONE analizó a más de 2200 adultos con empleo y detectó un vínculo significativo entre la persistencia con esfuerzo, entendida como la dimensión de perseverancia dentro de la resiliencia, y el éxito profesional. Esa relación apareció en variables como ingresos, satisfacción laboral y prestigio del puesto, junto con conductas de compromiso profesional, entre ellas la participación en desarrollo continuo y una mirada positiva sobre el aprendizaje durante toda la vida.

SE PUEDE USAR/Elegir, dos caminos, dos opciones  (Foto: Pexels-Marlon-Trottmann-3904660-5819302).
Quien elige con frecuencia la opción más difícil no vive cada decisión como una exigencia extrema.  (Foto: Pexels-Marlon-Trottmann-3904660-5819302).

El dato clave es que esas asociaciones siguieron presentes aun después de controlar la capacidad cognitiva y los rasgos habituales de personalidad. En otras palabras, el hábito de elegir el camino más difícil y más largo anticipaba resultados que la inteligencia, por sí sola, no alcanzaba a explicar.

Leída en conjunto, esta investigación muestra que la capacidad de postergar la gratificación no funciona como un rasgo fijo, presente o ausente en una persona. Opera, más bien, como una conducta entrenada, una escala de prioridades que primero se define y después se repite en decisiones concretas hasta volverse parte de la rutina.

El emprendedor que resigna salidas y compromisos sociales durante tres años para crear una empresa no atraviesa una privación vacía. Ya decidió qué considera importante, y cada elección alineada con ese objetivo refuerza esa convicción hasta que el camino difícil pierde parte de su peso inicial.

Ahí aparece la clave que vuelve persistente al hábito. La repetición modifica la mirada. Lo que al comienzo parece una renuncia empieza a convertirse, con el tiempo, en una marca de identidad. Quien elige con frecuencia la opción más difícil no vive cada decisión como una exigencia extrema. Después de muchas repeticiones, rehorientó aquello que le resulta natural.

Qué tienen en común estos dos hábitos

Los dos parten de una misma base. Exigen que la persona soporte alguna forma de incomodidad inmediata, ya sea la fricción del esfuerzo sostenido o la frustración de una recompensa postergada, en nombre de un objetivo que dará frutos bastante más adelante.

La investigación original sobre la perseverancia, publicada en 2007, mostró que esta cualidad anticipaba el éxito incluso mejor que el coeficiente intelectual. El dato deja una señal relevante. Las mediciones tradicionales de habilidad no capturan por completo el impacto del esfuerzo sostenido. Perseverar, tolerar la monotonía y elegir una y otra vez el camino más difícil produce un efecto acumulativo. Ese impacto aparece de forma lenta y muchas veces casi invisible, por eso tan pocas personas mantienen estos hábitos el tiempo necesario para ver resultados.

SE PUEDE USAR/ Hábitos (Foto: Pexels-gustavo-fring-4872071)
Según la investigación, el éxito sostenido se dá cuando la persona ya eligió pasar a otra cosa. (Foto: Pexels)

Ahí se entiende por qué la obstinación pesa tanto. Son hábitos sencillos de soltar, y buena parte de las personas los suelta. Llega el aburrimiento y la atención salta a otra pestaña. Surge una alternativa más cómoda y gana esa elección. No hay nada objetable en decidirlo una vez. El problema aparece cuando se vuelve patrón.

Según la investigación, el éxito sostenido suele acumularse precisamente en esos puntos, cuando la mayoría de las personas ya eligió pasar a otra cosa.

*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com

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